martes, 22 de octubre de 2019

El asesor polaco

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Escrito por Jorge Wejebe Cobo
¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!» (…) ¿Qué es lo más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético?”
Zbigniew Brzezinski, exconsejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter,
Los seguidores del asesor polaco despliegan sus alianzas en nuestra región también con organizaciones paramilitares y narcotraficantes colombianos, como la tristemente célebre banda «Los Rastrojos», especialistas en desmembrar a sus víctimas con el deleite de orfebres y seguros escoltas del hombre de la CIA en Venezuela, Juan Guaidó, durante sus fracasadas acciones desestabilizadoras
La inspiración antisoviética con que Brzezinski hizo su trabajo parece tener origen en su formación profundamente antisoviética, impregnada por el padre, quien representó a su país, Polonia, en Alemania y la urss durante los convulsos años 30 del siglo xx.
La historia de política exterior estadounidense en el siglo XX está ligada a Zbigniew Brzezinski. Profesor de la Universidad Johns Hop­kins antes en Harvard y en Columbia, había dirigido la Trilateral Commission del banquero Rockefeller y había asesorado a los presidentes Kennedy y Johnson.
El polaco fue un gran defensor de la Guerra de Vietnam y en 1966 entró a formar parte del Consejo de Planificación Política del Departamento de Estado. Fue uno de los redactores del discurso «Construcción de puentes», pronunciado por el presidente Lyndon Johnson el 7 de octubre de 1966.
A los 49 años, Brzezinski se convirtió en un influyente asesor de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter y en un decisivo instigador de la Operación Ciclón, basada en la alianza de la cia con los extremistas musulmanes afganos, antes y durante la intervención soviética en Afganistán en la década de 1980.
Esa operación, costeada por más de diez años con alrededor de 40 000 millones de dólares en ayuda militar y logística de todo tipo por EE. UU., según cálculos de diversas fuentes públicas en la red, además de contribuir a la retirada del Ejército Rojo y la propia desaparición de la urss, desencadenó un funesto legado de miles de muertos en toda la región y la destrucción de países enteros, en una trama que parece no tener fin.
La trampa a «Los rastrojos»
Para los años finales de la década de 1970, en Afganistán se instauró un régimen favorable a cambios socialistas, apoyado por la URSS, pero las autoridades afganas, al intentar infructuosamente quebrar siglos de costumbres medievales, solo lograron concitar una fuerte oposición armada del fundamentalismo religioso que Brzezinski consideró importante sustentar militar y económicamente en julio de 1979, con la puesta en marcha de la Operación Ciclón, aprobada por el presidente Carter antes de la intervención soviética en Afganistán en diciembre de 1979.
Desde entonces, una fuerte campaña mediática presentó la oposición armada del movimiento islamista con el apoyo estadounidense como reacción posterior a la invasión soviética, sin embargo, en 1998, Brzezinski, en la mencionada entrevista, aportó luz sobre el siniestro entramado de la Operación Ciclón.
«No presionamos a los rusos a intervenir, pero incrementamos a propósito la probabilidad de que lo hicieran… Esa operación secreta (Ciclón) fue una idea excelente. Tuvo el efecto de atraer a los soviéticos hacia la trampa afgana… El día en que los soviéticos cruzaron oficialmente la frontera, escribí al presidente Carter: “Ahora tenemos la oportunidad de darle a la Unión Soviética su Guerra de Vietnam”».
La estrategia de enfrentar a la urss en Afganistán tuvo éxito, pero de los vestigios de esa victoria quedaron en Afganistán las bases de miles de combatientes fundamentalistas de donde emergió Al Qaeda, concebido por un espigado joven millonario saudí, llamado Bin Laden, quien en su época resultó uno de los nombrados combatientes por la libertad contra los «infieles soviéticos» que tanto prohijó Brzezinski.
El asesor de origen polaco murió en 2017 a los 89 años y no se arrepintió de las consecuencias de la trágica coalición con los extremistas islámicos, que promovió creyendo que así contribuía a los intereses de su patria adoptiva, a costa de la vida de miles de habitantes inocentes de todo el mundo.
Desde el Estado Islámico
Es un despropósito imputar a una sola persona ser el responsable de tal sórdida doctrina, que respondió en última instancia a los intereses del imperio estadounidense, al que sirvieron por igual los posteriores inquilinos de la Casa Blanca por encima de sus filiación a los partidos republicano o demócrata.
Cuando parecía algo del pasado jugar con tan peligrosos aliados, a inicios del presente siglo irrumpió una mutación de Al Qaeda, un pequeño ejército armado hasta los dientes por EE. UU., la OTAN e Israel, bajo el nombre de Estado Islámico, que se asentó en buena parte del territorio iraquí ante las narices de las tropas de ocupación estadounidense y que, según cálculos moderados, ha asesinado a más de 200 000 personas.
También «casualmente» la ofensiva principal de los terroristas fue contra Siria, para facilitar la tarea a Washington, involucrado en una guerra no declarada con la aplicación de todas las recetas conocidas de la subversión posmoderna contra ese país por ser un valladar a la geopolítica estadounidense e israelí en la región.
Pero la historia esta vez fue diferente. El gobierno sirio, su pueblo y ejército, con el decisivo apoyo de Rusia, ganaron esa guerra contra un enemigo que buscaba imponer la barbarie, el genocidio y la destrucción de la nación y su cultura, método que caracteriza a las actuales guerras de agresión y doctrinas subversivas alentadas por EE. UU.
Los seguidores del asesor polaco despliegan sus alianzas en nuestra región también con organizaciones paramilitares y narcotraficantes colombianos, como la tristemente célebre banda «Los Rastrojos», especialistas en desmembrar a sus víctimas con el deleite de orfebres y seguros escoltas del hombre de la CIA en Venezuela, Juan Guaidó, durante sus fracasadas acciones desestabilizadoras.

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