martes, 26 de marzo de 2019

Apagón A la deriva oscilan los aviones Hércules y los yates Morgan que transportan los paraísos artificiales del Imperio de la droga

Luis Britto García.- Desaparece de las pantallas la infección de la publicidad engañosa y la putrefacción de las fake news. Momificados quedan los espectros de la propaganda que golpea el inconsciente y de la seducción subliminal.
Se oscurecen los visores hipnóticos de la realidad virtual y resplandece la insobornable mirada de la realidad real. Callan los altoparlantes del demagogo y se paralizan las rotativas de la fábrica de mentiras.
A oscuras quedan los templos del consumismo y sin memoria las cajas registradoras del endeudamiento. Languidecen las calculadoras de los dividendos y se extinguen las letrinas de los Big Data. En fantasmagorías se tornan las redes que calculan los superbeneficios especulativos, en espectros los bancos que chupan la sangre y la savia del mundo.
No arrancan los motores del ataúd flotante que comercia con migrantes clandestinos ni los del desvencijado camión del tráfico de personas. Se paralizan las maquilas que exprimen el sudor de los nuevos esclavos y los campos de trabajo forzado de las prisiones imperiales.
A la deriva oscilan los aviones Hércules y los yates Morgan que transportan los paraísos artificiales del Imperio de la droga.
Se convierten las megalópolis en cementerios y las columnas de tanques en depósitos de chatarra. Sólo los cirios alumbran la catedral desierta del falso profeta y la sacristía abominable del cura paidófilo.
No se fabrica el fertilizante para las cosechas ni el escupitajo tóxico del agente naranja. Las plagas asaltan las ciudades indefensas sin insecticidas y los depósitos de alimentos que se pudren sin refrigerantes.
Se disuelven las encriptaciones que protegen los Paraísos Fiscales, las empresas ficticias, las cuentas secretas de los amos del mundo. A tierra caen los drones del espionaje y del asesinato selectivo.
Inertes duermen las redes cibernéticas del espionaje que intercepta el teléfono móvil, del GPS que monitorea la posición de la víctima, de los archivos que almacenan cada correo, cada conversación, cada pensamiento.
Atascados quedan los motoblindados de las operaciones para expulsar desplazados y las palas mecánicas que sepultan falsos positivos.
No pueden elevarse los bombarderos de la hegemonía ni zarpar los submarinos de la destrucción masiva. Todo ocurre el día cuando los países que producen energía fósil barata dejan de regalársela a sus verdugos.
Luis Britto García

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