sábado, 22 de septiembre de 2018

Lumpenburguesía

Roberto Hernández Montoya.- La burguesía venezolana no tiene fines de lucro. Teniéndolo todo para la grandeza ha elegido la picardía más barata y chapucera.
Lumpenproletariat significa literalmente ‘proletariado en harapos’, aquella gentuza que Marx y Engels consideraban proletariado sin dignidad ni conciencia de clase -rufianes, prostitutas y malandraje surtido, que en la lucha de clases siempre cuadra con la burguesía. Paraqueando, guarimbeando, atracando. Siempre de aquel lado de la ley, mutantes sociales, todo el tiempo improvisando e inventando bachaquear los tickets del Metro, pimpinear gasolina para Cúcuta, siempre pisando en falso, robándose las bases.
En 1973 André Gunder Frank publicó un clásico intitulado Lumpenburguesía: lumpendesarrollo, en donde diserta sobre la torsión que tomó la burguesía en Latinoamérica, como clase malandra. Sin entrar en tiquismiquis teóricos, digamos que la que por pereza mental llamaremos burguesía latinoamericana no practica la avidez clásica que Marx describe en El capital, explotación digamos que estándar, con plusvalía, aparatos ideológicos de Estado y la panoplia de siempre. Pero como en este continente el capitalismo es una depredación imperial desmoñada, la lumpenburguesía no respeta normas y ni siquiera sus modales hipócritas. Es abusona, parásita, sablista.
No, no estoy usando categorías científicas claras y distintas sino improperios para gruñir mi disgusto con una clase social mediocre y chancleta que nos tiene en esta guerra económica, su obra maestra histórica. Fabrican potes de leche llenos de aire, envases desprolijos, mal impresos, exigiendo siempre dólares del gobierno, o sea, viviendo de comprar fuertes a nueve reales.
Tienen todo: ubicación geográfica envidiable, recursos naturales, clase obrera apacible, cuadros medios formados por el Estado, bienes de capital que cuando no son baratos son gratis y aun así salmodian que no hay condiciones favorables para la inversión. Para colmar el vaso son arrogantes y racistas. Claro, no se trata de invertir sino de succionar recursos sin producir riqueza y más bien esta pobreza, hasta que nos cansemos de tenerles paciencia y dejemos de creer que cumplirán precios acordados. ¿Hay excepciones? Me gustará verlas.

Roberto Hernández Montoya
@RHM1948

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