Cimacnoticias Hace 10 años, la
doctora Marcela Lagarde y de los Ríos, junto con la Comisión de Equidad y
Género de la LIX Legislatura de la Cámara de Diputados, logró la
aprobación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre
de Violencia (LGAMVLV), sustentada en el trabajo científico de 60
investigadoras.
Marcela cuenta que pudo aprobarse la ley porque “donde pone el ojo,
pone el hacer”, porque logró acuerdos con la Comisión, encabezada por
Diva Gastelum y con partidos; por la experiencia de sus compañeras
diputadas, como Angélica de la Peña y porque, como ella le aconsejó,
habló “hasta con el diablo” sobre la urgencia de una ley que no sólo
castigara.
Todo se volvió creíble, recuerda, porque fue público y dialogado, y
se votó “palabra por palabra”, pero lamenta que a 10 años de la LGAMVLV
lo que más haya pegado “como moda” sea la Alerta de Violencia de Género,
y las otras partes de esta ley integral no se vea. Critica también la
descoordinación y enredos de las instituciones que surgieron a partir de
la ley.
ERRADICAR, NO SOLO DENUNCIAR
Lucía Lagunes (LLH): ¿Cómo surgió la LGAMVLV?
Marcela Lagarde (MLR): La ley surgió porque entendí que no solo
estás ahí, en la Cámara de Diputados, denunciado, ya eres parte de las
instituciones del Estado y no puedes ponerte solo a denunciar. Y
porque Alma Vucovich, ex diputada por el Partido de la Revolución
Democrática (PRD) me habló y me dijo “tú has venido mucho a Ciudad
Juárez, sabes lo que pasa aquí, ven a explicarnos por qué los hombres
matan a las mujeres.
Eso me cambió la vida porque tuve que asumir una posición propositiva,
investigativa, teórica y política para explicarlo, ya no para
denunciarlo y me encontré con un libro maravilloso de Diana Rossel y
Jean Ralsfo que se llama “El feminicidio, una política del asesinato de
las mujeres”, que es una antología sobre el feminicidio, que contiene
una incipiente teoría del feminicidio.
Mi agenda política era lograr la tipificación del delito de feminicidio,
no sabía nada, no entendía. Había trabajado por la tipificación, ya
tenía una visión, se llamaba feminicidio. Establecí la Comisión de
Feminicidio y la Cámara asumió el concepto.
La gente no se da cuenta, pero vas creando una jurisprudencia, que se
nombren las cosas como nosotras las nombramos, desde la perspectiva
feminista de género. Fue un gane, sin pelearnos, siendo minoría
numérica, las mujeres en la Cámara éramos 22 por ciento y éramos minoría
ideológica, filosófica, 4 autodefinidas feministas.
Abrimos la Comisión, reunimos muchos puntos de vista porque era la
lógica de la política dialógica. Yo pertenecía al movimiento, no dejas
de pertenecer al movimiento porque eres legisladora, eres una
legisladora feminista y tienes una base.
Pero llegó un momento en que dije: con la tipificación del delito no
vamos a enfrentar el problema, esa es una parte mínima, vamos a poder
construir una parte del acceso de las mujeres a la justicia, porque
vamos a tener un delito en el Código Penal, y eso nos va a permitir
perseguirlo y castigarlo, pero lo que queremos es erradicar la violencia
contra las mujeres.
DE LA IDEA A LA LETRA
MLR: Un día me levanté y dije, necesitamos una ley que dicte una
política de Estado como dice la CEDAW (la Convención sobre la
eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer).
Entonces nos juntamos e hicimos la ley entre muy poquitas diputadas, nos
pusimos a estudiar técnica jurídica, porque no sabíamos ni cómo se
redactaba.
Trabajamos en la ley, constantemente, dos diputadas y la presidenta de
la Comisión de Equidad y Género, Diva Gastelum. Hicimos una alianza
trans-partidista, con perredistas, priistas, hasta un cuate de
Convergencia, Jesús González Schmal. Después, a defender Comisión por
Comisión. Es terrible, se va votando casi palabra por palabra, pero
tienes un texto que tiene coherencia y pueden hacer un cicirisco de un
texto. Me pasó eso con la definición de la Alerta de Género.
RUPTURAS, PACTOS Y AVANCES
LLH: En ese momento, te toca un momento muy fuerte: la ruptura del PRD con Rosario Robles.
MLR: La ruptura… yo no, pero sí el partido. Las personas no son
idénticas siempre, evolucionan, cambian, dan virajes, tienen crisis,
hitos en su vida. Rosario, siempre fue una mujer de izquierda, la
conocí en el sindicato en la UNAM, en la Facultad de Economía, participó
en todo y luego gobernó esta ciudad e hizo cosas fenomenales,
reconocida por la gente, era una cosa impresionante.
LLH: Reconocida entonces por algunas feministas como la próxima presidenta…
MLR: No solo por algunas feministas, creo que en el cuadro
político, eso tuvo que ver, y se la poncharon, entre otras cosas por
eso, porque se acercó demasiado a la posibilidad de ser la primera
presidenta de este país.
LLH: Y en ese ambiente, no solo contra Rosario, sino contra el feminismo, lograste sacar una ley…
MLR: No sólo una ley: logramos acreditar al feminismo, tuvo
autoridad. Mi reacción era empoderarnos con un orgullo feminista.
Caminábamos por la Cámara, a nosotras no nos van a enjuiciar junto a
Rosario, estábamos haciendo una ley. Con mi Comisión y 60 investigadoras
hicimos la investigación más importante que se ha hecho en México sobre
violencia feminicida. Todo eso logró callar la boca a todo el mundo en
torno a nosotras, pero también se fue diluyendo el tema de Rosario y fue
prevaleciendo el aporte positivo que hacíamos las diputadas feministas,
además aliadas con todo el mundo.
LLH: ¿Pactaste?
MLR: Pactamos. Todo lo que fui elaborando lo pude poner en
práctica, la sororidad con principio político de relación con las demás.
Y mira que me serrucharon el piso, juntaron firmas para sacarme de la
Comisión de Feminicidio, hicieron cosas terribles y la persona que lo
hizo sabe que lo hizo.
Mi ética política es otra, no contexto con destrucción, sigo adelante.
Nosotras hicimos el dictamen de la ley, pasó por tres comisiones, y
elaboramos los tres dictámenes. Nos quitaron de la ley el delito de
feminicidio, por técnica jurídica y penal. Entonces dijeron “hagamos una
negociación, ustedes quitan el delito de feminicidio y aprobamos la
ley”. Así fue la negociación.
Desconsideraban la ley, les parecía anodina. Nos la objetaron porque
estaba dirigida solo a las mujeres. El sujeto de la ley son las mujeres y
eso rompe con todo el marco jurídico mexicano. Es transgresora, es
vanguardista en el mundo, porque tiene como sujeto a las mujeres.
Además, porque consideramos la violencia misoginia concentrada, contiene
todo el argumento de cómo el patriarcado violenta a las mujeres. No es
que los hombres, unos poquitos estén enfermos, no es que las mujeres se
peleen con todo el mundo. Es que hay cinco tipos de violencia y cinco
modalidades.
Nos faltó la violencia política, que ahora vamos a introducir en una
reforma y ojalá se haga pronto. Tampoco incluimos la violencia
obstétrica, que se introdujo en Veracruz. Sigue siendo una ley
maravillosa, la política que contiene esa ley está en construcción.
FUI DERECHO, NO ME QUITÉ
LLH: ¿Cuáles fueron las claves que te permitieron sacar esta ley?
MLR: Cuando pongo el ojo, pongo el hacer, fui derecho y no me
quité. Además con Diva Gastelum, quien estuvo de acuerdo, que asumió,
pues esa era la Comisión Legislativa. Y luego Angélica de la Peña, quien
tiene una experiencia legislativa de lujo y me enseñó que hay que
hablar hasta con el diablo.
Y lo hice, hablé con procuradores en todo el país, con defensores de
derechos humanos, con quienes estaban acusando, con quienes exigían. Eso
nos permitió hacer la ley. Y a mí, con un equipo científico, hacer la
investigación diagnóstica. En mi cabeza la investigación justificaba la
ley: no sólo íbamos a castigar.
Ese fue un debate con muchas compañeras feministas, que querían
únicamente la penalización. Con todas fui a discutir, todo lo hicimos
público, dialogado, se volvió creíble.
También hubo problemas con compañeras de Ciudad Juárez, porque cuando
les llevamos la investigación diagnóstica sobre el feminicidio en México
me dijeron que le dábamos en la torre al trabajo que venían haciendo
desde años, al decir que había feminicidio en otros lados del país,
cuando el argumento de ellas era la excepcionalidad del feminicidio.
MÁS QUE ALERTAS
LLH: Todavía no se logra aplicar la ley…
MLR: La gente me dice “siguen matando a las mujeres”, y lo dicen
con orgullo, que “hay muertas”. Existe una cantidad de morbo en torno a
la violencia contra las mujeres terrible. He visto, por ejemplo, en el
debate sobre hacer las leyes o no hacerlas, a grupos de compañeras de
movimiento de mujeres que parecía que estaban esperando a la siguiente,
para demostrar que matan mujeres.
Acabé asqueada de esa incapacidad de empatía con las mujeres, y en
contraste, del uso de las mujeres y la problemática de las mujeres para
hacer activismo, para denunciar, para exigir. Al extremo de que, lo que
más pegó como moda en el movimiento amplio de mujeres fue la Alerta de
Violencia de Género (AVG).
Y de lo demás de la ley nadie se ocupa, no les importa, no les interesa,
no entienden que es una ley integral, que requiere una política
integral del Estado. Solo exigen que se cumpla la AVG porque esa, yo lo
entiendo, permitía denunciar, exhibir, exigir enfrentar con el discurso
la impunidad terrible que hay.
EL TRAMPOSO ENREDO
LLH: La alerta ha sido un instrumento también para las instituciones del estado, se volvió un “toma y daca”...
MLR: Ahí hubo un cambio importante, pasamos los primeros años en
algo muy atrapante, muy terrible, que estaba en la ley: ese famoso
Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar las
Violencias de las Mujeres en México, que lleva el título completo porque
lo tomamos de la Convención Belém do Pará. Se llama así para hacer todo
eso y porque era el encargado de aprobar todas las políticas ligadas a
la violencia.
Luego surgió la CONAVIM (Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la
Violencia contra las Mujeres), porque no había organismo en la
Secretaría de Gobernación, que preside al Sistema, para encargarse del
asunto. Se crea también la Fiscalía Especial para Atender Delitos de
Violencia contra las Mujeres. Eran ya varias instancias, cada una
trabajando cosas sin entender bien la ley, para empezar.
Luego, rápidamente a la Fiscalía Especial le aumentaron “y la Trata de
Personas”, lo que la desvirtuó totalmente. Estaba imponiéndose en toda
América Latina la Ley de Trata, fue una movilización latinoamericana y
europea. Estaban definiendo qué es la trata, digamos para acotar los
mercados de mujeres. Para mí fue clarísimo: para eso se legisló.
CAMINO DE LEYES
LLH: ¿Cómo ha sido tu experiencia como legisladora?
MLR: La Cámara de Diputados se conecta con lo de ahora, la
Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, en donde soy presidenta
de la Comisión Carta de Derechos. He sido militante inscrita con
credencial en los partidos de izquierda: pasé del Partido comunista
(PCM) al PSUM (Partido Socialista Unificado de México, al PMS (Partido
Mexicano Socialista), al Frente Democrático Nacional y al PRD.
En el PRD no me gustó el tratamiento que hicieron en el proceso para las
candidaturas a la Cámara de Diputados y la Asamblea de Representantes
del Distrito Federal (1988), y no volví durante 10 años. Después me
pidieron que fuera candidata a diputada, en la LIX Legislatura, cuando
Rosario Robles era la presidenta del PRD. Su nombre ha quedado en una
reforma legal que tiene que ver con el aborto. Es la única ley que lleva
el nombre de una mujer: la Ley Robles.
Decidieron abrir en el PRD 20 candidaturas ciudadanas y me dije “ustedes
no han cambiado”. Una semana me estuvieron presionando, fui a dos
reuniones a casa de amigos, donde estaba Rosario, y ahí nos propuso que
fuéramos con el PRD y todos muy críticos. Yo muy atravesada por una
contradicción: “están convocando a que las mujeres hagamos política y
tienes que ir a través de los partidos”, porque no habían esos fenómenos
de las y los independientes. Tenía 50 años, llena de vida y muy
apasionada, pensé “esto me permite aprender algo nuevo”.
Fui una “mujer cuota”, 4 cuotas que habíamos ganado en los ayeres en
otros partidos y que heredó el PRD: la cuota externa, intelectual y ser
feminista.
LLH: ¿Qué te significó recibir la medalla Elvira Carrillo?
MLR: ¡Uf!, me significó mucho gusto, por el reconocimiento que el
Senado me hacía, siendo una feminista y porque, por tanto, estaba
reconociendo al feminismo. Nosotras, que somos rebeldes, subversivas,
transgresoras, que hemos estado a veces en la esquina de la política,
que hemos sido vistas como peligrosas al orden social, casquivanas, todo
lo que está en el imaginario de la derecha sobre el feminismo, ésas
estamos siendo reconocidas en una institución muy importante del Estado
mexicano.
Para mí los cambios pasan por el Estado, para que haya derechos humanos
tiene que haber Estado, si no hay Estado que garantice no hay derechos.
Soy una crítica del Estado contemporáneo, como todas las feministas de
todos los tiempos, pero al mismo tiempo pues ser una teórica del Estado
feminista.
Nosotras ya vivimos en un Estado reformado, desde el punto de vista de
género, pero nosotras le hemos dado un empuje enorme en la segunda mitad
del siglo XX.
Son 15 años de reformas impresionantes en el mundo global, en las
instituciones internacionales de derechos humanos, y todo eso es un
impacto en el mundo occidental enorme, la Conferencia Mundial de Pekín,
la Cumbre de Viena, Belém do Pará… Son un conjunto de movimientos
feministas que cuajan en declaraciones vinculantes, en tratados, en los
que nos apoyamos las locales para llevar en nuestros países.
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