jueves, 25 de julio de 2013

Verdad de los transgénicos.

Gabriela del Mar Ramírez


Los transgénicos son organismos genéticamente modificados (OGM), utilizados principalmente en la agroindustria con la finalidad de "mejorar", a través de procesos biotecnológicos, las características de los cultivos y, por ende, de los alimentos.
Según las transnacionales del agro, la utilización de transgénicos en el cultivo de alimentos reporta "ventajas", toda vez que contribuye a erradicar el hambre, requiere menores cantidades de agrotóxicos y genera enormes dividendos económicos.
No obstante, lo cierto es que miles de hectáreas de bosques se han perdido por el avance de los monocultivos de transgénicos, lo cual exacerba aún más los riesgos de inundaciones y desertificación. También, han implicado la contaminación genética de especies, mientras que los suelos disminuyen sus rendimientos y se incrementa la vulnerabilidad de las plantas a enfermedades. Los cuerpos de agua superficiales y subterráneos son contaminados igualmente.
Las graves consecuencias sobre la salud humana que causa tanto el glifosato (herbicida asociado a ese sistema de cultivo) como los transgénicos han sido documentadas científicamente a pesar de la influyente censura de esas industrias. Algunos de los estudios más alarmantes indican que el glifosato induce las primeras etapas que conducen al cáncer, causa alteraciones endocrinas, reproductivas y neurológicas, así como anomalías en neonatos.
En nuestro país, el derecho humano a la salud exige la definición de políticas para la prevención de enfermedades. El reconocimiento de los derechos humanos ambientales se traduce en la obligación de proteger la diversidad biológica y los recursos genéticos. Oportunamente, el presidente Hugo Chávez declaró a Venezuela como un país libre de transgénicos. Hoy es necesario consolidar ese mandato político, a través de la prohibición legal de su uso en el cultivo de alimentos y de la profundización de la Estrategia Nacional para la Conservación de la Diversidad Biológica, como forma de garantizar los derechos humanos y la soberanía alimentaria.

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