viernes, 16 de enero de 2009

¿Cuáles nuevas generaciones?

Caracas, 15 Ene. ABN.- Una de las lamentaciones que permanentemente hacen los antichavistas en contra de la enmienda constitucional es que, de aprobarse, quedaría “cerrado el paso a las nuevas generaciones” o los “nuevos liderazgos”. Y no falta el estudiante derechoso desprevenido que se pasea por las plazas con una figura de cartón que porta la banda presidencial para protestar porque él también quiere ser Presidente. Sin embargo, si revisamos la lista de los candidatos antichavistas a las gobernaciones para los pasados comicios del 23 de noviembre lo que notamos es justamente la ausencia de nuevos liderazgos. Citemos varios ejemplos: en Apure, la candidata a la gobernación era la esposa de un viejo caudillo y ex gobernador adeco, José Gregorio Montilla. En Barinas, el aspirante era Rafael Simón Jiménez, quien ya se ha montado en la ola de infinidad de partidos. En Bolívar, el apoyo fue otorgado al ex gobernador Andrés Velásquez, quien ya era candidato presidencial en el 93, antes de que lo fuera el presidente Hugo Chávez. En Carabobo, apostaron al ex gobernador e hijo de ex gobernador, cual dinastía criolla, Henrique Salas Feo. En Cojedes, se lanzaron con Alberto Galíndez, ex mandatario adeco que en el año 2000 había sido acusado de enriquecimiento ilícito y que, sin embargo, se postuló para reconquistar la gobernación en 2004 y en 2008. En Lara, la oposición apoyó a Pedro Pablo Alcántara, censor del diario El Nacional en los tiempos de Carlos Andrés Pérez y cara conocidísima en el antiguo Congreso de la República. Ni hablar de Mérida, donde el candidato era William Dávila, gobernador en la época de Jaime Lusinchi (1984-1986 y luego 1996-2000) y denominado por los copeyanos como el “eterno candidato adeco”. En Monagas, el respaldo se lo llevó un viejo dirigente adeco, Domingo Urbina, ex alcalde de Maturín, que en el año 2004 había pretendido nuevamente la alcaldía, perdiendo con una diferencia de 20 puntos. Nueva Esparta es otro caso digno de ripley. Allí Morel Rodríguez fue gobernador de 1989 a 1995, cuando aún no podía sospecharse que Hugo Chávez llegaría a ser Presidente. Ahora gobierna desde 2004, cuando volvió a la gobernación con el apoyo de AD y Copei. En Sucre, el abanderado del antichavismo fue Eduardo Morales Gil, ex adeco que había entregado la gobernación a Ramón Martínez en 1993. En el año 1998, se lanzó a la gobernación con el apoyo de Causa R y llegó de tercero con el 7% de la votación. En Táchira, los copeyanos impusieron a César Pérez Vivas, eterno congresista, diputado desde finales de los 80. En Vargas, los antichavistas competían con Roberto Smith, uno de los integrantes del gabinete tecnócrata de CAP II. En Yaracuy, intentaron lanzar a Eduardo Lapi, quien ya era gobernador en 1996, hace más de una década. En Zulia, el escogido de la oposición fue Pablo Pérez, un carga maletín de Manuel Rosales. Este último ha gobernado consecutivamente desde el año 1996 hasta hoy, primero como alcalde, luego como gobernador y ahora nuevamente como alcalde, teniendo por ahí un intento por llegar a la presidencia en 2006. Si incluimos sus gestiones como concejal y diputado regional tendremos que remontarnos hasta el año 1979 para ponerle fecha al primer cargo que ocupó Rosales. Para ese entonces, Chávez ni siquiera había fundado el MBR 200. Por cierto, en 2004, cuando Rosales dejó la Alcaldía de Maracaibo, para optar por la gobernación zuliana, también intentó dejar allí a Pérez, quien fue derrotado por Gian Carlo Di Martino. El broche de oro: la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Allí la oposición resolvió impulsar al adeco Antonio Ledezma, quien era gobernador del Distrito Federal durante el segundo gobierno de CAP. Así las cosas, podríamos sacar dos conclusiones. Primero, ante estos “liderazgos” opositores, Chávez es uno de los líderes más nuevos que existen. Segundo, el estudiante antichavista que anda por las plazas pidiendo ser Presidente, primero tendrá que ganarle la pelea a los cogollos partidistas de siempre, a los eternos candidatos adeco-copeyanos, a aquellos que tienen veinte años aspirando a cualquier cosa, mejor si es la Presidencia; a aquellos que fueron “nuevas generaciones” cuando Chávez ni siquiera se había graduado en la Academia Militar. Eso es así, y seguirá siendo así, con o sin enmienda constitucional.

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