sábado, 12 de julio de 2008

Colombia, mejor de cerca.

Marianela Acuña Ortigoza

Colombia se ha constituido en una relación estratégica para Venezuela que desborda los límites de la geopolítica, la hermandad, la integración o simplemente la relación fronteriza. Marchas y contramarchas, avances y retrocesos, son la característica de la relación reciente entre ambos países.Mientras el final del siglo XX y la primera década del XXI, muestran los más importantes cambios políticos de la región suramericana en su búsqueda por la autodeterminación, ese es precisamente el período en el que se afianza con mayor fuerza la vinculación de Colombia con la hegemonía imperial norteamericana, razón suficiente para entender la orientación de la política internacional colombiana en Latinoamérica.Plan Colombia, seguridad democrática, narcotráfico, paramilitarismo, terrorismo, son los elementos articuladores del relacionamiento bilateral, especialmente con los vecinos. El fortalecimiento de la posición militar de Colombia con apoyo de potencias extranjeras ha permitido adelantar acciones dirigidas a utilizar a Colombia como instrumento potenciador de conflictos regionales que abran paso a la intervención norteamericana menguada hoy por decisiones soberanas de pueblos y gobiernos.Conocemos del propósito explícito del gobierno norteamericano de implicar al gobierno venezolano en un escándalo público de trascendencia internacional, cuyos componentes fundamentales sean el apoyo al terrorismo y al narcotráfico. Con ese norte se abortó la misión humanitaria convenida con el Presidente Chávez para la liberación de civiles retenidos por las FARC, se explota mediáticamente el hallazgo de las computadoras en el bombardeo a Ecuador, e igualmente se publicita exitosamente la reciente liberación de los rehenes emblemáticos de las FARC, Ingrid Betancourt y los tres mercenarios norteamericanos. Aún así, con inteligente visión geopolítica, se recibe esta semana en Venezuela al primer mandatario nacional de Colombia, la agenda que se promueve versará sobre economía y política, en el marco del reconocido éxito político colombiano de repercusión mundial.La oposición venezolana se regocija en el halago, la exaltación y la admiración por Uribe, y expresan su complacencia porque la liberación reciente de la parlamentaria colombiana y los norteamericanos (en su posición racista y clasista ignoran a los demás liberados) la ejecutara el gobierno colombiano sin la mediación venezolana, rogando una declaración comprometedora del Presidente Chávez y soñando con la ruptura de las relaciones entre Venezuela y Colombia para servir la mesa a los aliados del Plan Colombia. Se asombran por el encuentro entre los mandatarios y advierten inconsistencia en la posición de Venezuela. Otra decepción, el Presidente venezolano, agudo estratega y analista político, conocedor de la necesidad de evitar la confrontación reconoce en el gobierno de Uribe la amenaza latente de intervención norteamericana, las provocaciones deben ser neutralizadas, ya lo demostró en República Dominicana ante la crisis Colombo-Ecuatoriana. Venezuela ha liderado la convocatoria integracionista continental, promovido las iniciativas de alianzas estratégicas en materia energética, con Petroamérica y Petrocaribe, comunicacional con Telesur, financiera a través de los Bancos del Sur y del ALBA, y ha sido ejemplo de decisiones soberanas en el ámbito político y militar, sin romper relaciones con los Estados Unidos impide su injerencia en la dirección política de la nación. Triste resulta reconocer en Colombia una punta de lanza del proyecto hegemónico de los Estados Unidos, pero ingenuo sería desconocerlo, la realidad impone una relación cercana, alerta y vigilante.
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