lunes, 29 de abril de 2019

ENSARTAOS recomienda la lectura de este artículo sobre el prócer Gregor Mac Gregor… “la venta de un país”…

AUTOR: José Gregorio Linares
Gregor Mac Gregor (1786- 1845) fue un oficial escocés que participó activamente en las guerras de independencia suramericanas. Llegó a Venezuela en 1811 y de inmediato se incorporó a la lucha militar, primero bajo la dirección de Francisco de Miranda, y luego de Simón Bolívar, con cuya prima Josefa Aristeguieta se casó en 1812. Participó en hechos emblemáticos de la independencia suramericana: la Campaña del Magdalena que dio lugar a la Campaña Admirable (1812-13), la defensa del Sitio de Cartagena de Indias en 1815, la Expedición de Los Cayos de 1816,  las batallas que permitirán la liberación de la Provincia de Guayana entre 1816 y  1817, y la toma de la Florida en 1817. Por su destacada trayectoria Bolívar lo asciende a General de División y le honra con la Orden de los Libertadores.
Pero hay un hecho del que poco se habla. En 1820 Mac Gregor urdió un plan para engañar a los británicos y sacarles dinero. Les ofreció la venta de tierras ubicadas en una quimérica nación llamada Poyais, situada en la Costa de los Mosquitos en Centroamérica. Les aseguró que él era la máxima autoridad del país, donde había sido designado Príncipe Soberano, y que estaba facultado por sus ciudadanos para vender terrenos y auspiciar la inmigración. Les garantizó que los indígenas que allí vivían estaban deseosos de trabajar para amos británicos. Les hizo creer que dicha nación contaba con grandes cantidades de oro y plata, tierra muy fértil, y que además poseía una gran capital llamada Saint Joseph, con castillo, edificio de parlamento, teatro, catedral, puerto moderno y una economía boyante apoyada en una moneda nacional (el dólar de Poyais) que generosamente ofreció intercambiar por libras esterlinas a quienes quisieran aprovechar esta oportunidad.
Para lograr sus fines llevó a cabo una intensa campaña publicitaria que incluyó anuncios en la prensa, folletos, libros e incluso una canción que se hizo popular en las calles de Londres. Mostró una bandera, un himno, una Constitución Nacional e hizo circular un mapa detallado del territorio. Obtuvo así préstamos bancarios por miles de libras con la garantía de acciones en el Estado de Poyais que se vendían en la  Bolsa.
Los ingleses llevados por su codicia mordieron el anzuelo. Querían indios para someterlos a la servidumbre y creyeron que allí los encontrarían; querían tierras ubérrimas a bajo costo y se convencieron de que allí las hallarían; deseaban riqueza fácil y supusieron que allí la obtendrían; anhelaban obtener ganancias usurarias a cambio de sus monedas, y así creyeron conseguirlo; finalmente aspiraban a establecer protectorados dirigidos por gobernantes pro británicos y allí, rigiendo la floreciente república centroamericana estaba nada más y nada menos que Gregor I, el mismísimo Mac Gregor en persona.
De modo que los británicos se entusiasmaron, compraron las tierras que les ofrecieron, cambiaron sus libras esterlinas por dólar Poyais, invirtieron su dinero y organizaron expediciones colonizadoras. Al llegar (1822) no encontraron más que selvas impenetrables, fieras salvajes, mosquitos voraces, enfermedades tropicales y algunos indígenas rebeldes que nada sabían de la quimérica República de Poyais. Furiosos, los ingleses se percataron de que Mac Gregor los había engañado. Les había quitado su oro a cambio de nada. Cuando regresaron a Gran Bretaña ya Mac Gregor se había marchado con las maletas llenas.
Posteriormente Mac Gregor hizo un periplo por diferentes países hasta que en 1838 decidió regresar a Venezuela, donde pocos sabían de sus andanzas financieras. Murió en 1845: fue enterrado con gran pompa en la Catedral de Caracas, y luego con mucha ceremonia fue trasladado al  Panteón Nacional donde actualmente reposan sus restos.  
Algunos, al conocer esta historia,  pedirán  al Estado venezolano que se saque a Mac Gregor del Panteón Nacional, bajo el supuesto de que su expediente de embaucador profesional le quita lustre a su trayectoria militar. Yo, por el contrario, sugiero levantar más estatuas y bustos en honor de este prócer que supo burlar a la Gran Bretaña, una potencia especializada en la rapacería y el robo contra las pequeñas naciones.  
En todo caso Mac Gregor hizo uso del ardid y el ingenio para obtener dinero británico. En cambio Gran Bretaña  hoy se apodera sin más ni más del oro venezolano que reposa en las arcas del Banco de Londres y se niega a reintegrárnoslo. Con premeditación y alevosía nos expropia nuestro capital y se queda con toneladas de nuestro oro.  Comparando la actuación de Mac Gregor con la del gobierno británico actual, me parece mucho más decorosa la del escocés, quien hizo gala de ingeniosidad y tomó sus riesgos para cometer sus picardías, mientras que los ladrones de Gran Bretaña de hoy no son más que delincuencia organizada que roba inescrupulosamente a un país que ha le confiado el resguardo de su oro y sus fondos. Son millones de dólares que Gran Bretaña, meca del capitalismo y cuna de la propiedad privada, le roba al Estado venezolano, impidiéndole de este modo realizar las operaciones financieras con las cuales podría comprar los alimentos, medicinas, tecnologías e insumos que tanto necesita el pueblo venezolano para garantizar su bienestar. 
Por eso abogo para que Mac Gregor permanezca en el Panteón Nacional. Desde allí debe estar riéndose de Gran Bretaña este pícaro escocés que con mentiras logró engañar a la potencia que había ultrajado a Escocia, su país natal, a cuyos habitantes originarios les arrebató sus tierras y sus heredades. Debe estar riéndose de Gran Bretaña, potencia que para entonces deseaba apoderarse, también con engaños, de las riquezas de las nacientes repúblicas suramericanas, imponiéndoles aquello de nación más favorecida en sus relaciones comerciales. Y no parará  de reír porque logró que la codicia de los colonos británicos los impulsara a invertir grandes sumas de capital bajo el señuelo de obtener colosales dividendos en una ficticia república suramericana. Sí, eso hicieron los avispados antepasados de los británicos que hoy se apropian de nuestro oro y se niegan a devolvérnoslo.
Tomado de www.ensartaos.com.ve 

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