lunes, 1 de septiembre de 2014

La vida oscura de Clara: Vigilada.

Carola Chávez.

cartel-sonria

Clara, la de la vida oscura, sale del gimnasio. La clase de yoga no logró desanudar sus pobres músculos, que llevan quince años engarrotados por culpa del castrochavismo. Cargando su bolso de gym y su cartera se dirige al supermercado para hacer sus compras, como cada semana.
Allí le saluda un simpático cartelito en la puerta que la insta a sonreír porque la están filmando. Ni así Clara sonríe… apenas pone un pié dentro del local, un vigilante la avisa que, para poder entrar a comprar, debe dejar ese bolso grande en el mostrador de atención al cliente, que ahí se lo guardamos, atentamente, hasta que termine de hacer su compra, señora.
En la caja, a la hora de pagar, le piden su número de cédula para verificar su afiliación a tan prestigiosa cadena de expendio de comida. La cajera teclea el número, hace clic y le da la bienvenida llamándola por su nombre, según lee en la pantalla de la computadora, justo arriba de su dirección, teléfono y otro montón de datos que Clara les proporcionó voluntariamente cuando solicitó una afiliación de cliente que le ofrece, como  única ventaja, no tener que repetir sus datos cada vez que va a comprar. 
Clara paga con su tarjeta de débito y la cajera le indica que debe colocar su cédula y teléfono en el comprobante de compra, así, como por si acaso. Automáticamente, Clara garrapatea los datos requeridos, espera su factura, agarra su compra, recoge su bolso en el mostrador donde se lo guardaron atentamente y se dirige a la puerta donde tiene que hacer otra cola para que un vigilante, que al parecer tiene rayos X en los ojos, escanee su carrito con una mirada punzo penetrante y verifique que lo que lleva concuerda con lo que dice la factura, solo entonces le sellará el permiso de salida. 
“Me puede abrir el bolso, Señora.” -Le dice el vigilante con cara Sherlock Holmes y Clara, sin el más mínimo asomo de rebelión, abre de par en par el mismo bolso que no le dejaron entrar al mercado, para que el vigilante compruebe que solo lleva un tapete de yoga, maquillaje, una toalla sanitaria, ropa interior de repuesto… sus cosas más personales, pues. Sellada, Clara se va a casa.
Esa noche, Clara, la de la vida oscura, cacerolea contra la captahuellas, porque es el colmo que este gobierno te quiera controlar hasta cuando haces mercado. ¡No es no!

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