domingo, 17 de marzo de 2013

Carta de María Gabriela Chávez para despedir a su padre.


Duele tu partida, es un dolor que me quema el alma, qué difícil se me puso la vida sin ti. Durante estos días he estado tratando de comprender por qué te has ido, por qué nos has dejado con este inmenso vacío.
He llorado, he gritado, he rogado al cielo que te devuelva a mí, luego me calmo, respiro, te amo, te siento, vuelvo a ti y te vuelvo a llorar. Hoy creo haber entendido todo esto. Tu alma es tan infinitamente inmensa que ese cuerpo te quedó pequeño y sencillamente tuviste que volar y ser libre. Te lo dije viéndote a los ojos poco días antes de tu partida, eres un gigante.
En algún momento me exigiste ser fuerte en caso de que llegara a suceder lo peor. "Debes ser fuerte mi María y debes seguir el camino pase lo que pase". Hoy te juro que daré lo mejor de mí, te juro que sacaré fuerzas, de no sé dónde, para poder seguir adelante y tú siempre serás la luz que ilumine mi camino.
Gracias por tanto amor de padre, gracias por tu constante ejemplo, gracias por tu risa, gracias por tu llanto, gracias por tus canciones, gracias por tus bailes, gracias por tantas alegrías, gracias por tu absoluta y eterna entrega, pero sobre todo, gracias, Comandante por devolvernos la Patria.
Tú seguirás palpitando en mi corazón, tú seguirás viviendo en mi alma, tú seguirás brillando en mis ojos, y seguirás vibrando en tu pueblo para siempre. Papito amado mío, vuela, vuela libre gigante, vuela alto y sopla fuerte, fuerte como los vientos huracanados. Nosotros cuidaremos tu Patria y defenderemos tu legado como tú nos enseñaste a hacerlo, jamás te irás porque en nuestras manos está tu llamarada, Hugo Chávez.
“Hasta siempre, mi amado amor eterno.”

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