domingo, 30 de marzo de 2025

Vitrina de nimiedades | Melodía artificial

 Si alguna herramienta funciona cabalmente para los propósitos del capitalismo de plataforma, es YouTube. Veinte años de experiencia alojando y compartiendo recursos audiovisuales de distinta naturaleza parecen ser suficientes para justificar su liderato en el mundo del streaming. Pero el impacto va más allá: sus más de 2,5 millones de usuarios también han vivido con normalidad —casi sin darse cuenta— las transformaciones de la música como producto técnico y cultural. Eso incluye hoy a la inteligencia artificial (IA) en la producción de piezas musicales.

No importa si es una publicación sugerida o una búsqueda del usuario: siempre podrá llegarse a estas nuevas piezas. Listas de reproducción, tutoriales, herramientas de monetización y momentos de “resurrección musical” están disponibles para usuarios picados por la curiosidad de saber cómo se escuchan estas canciones. Todo esto ha permitido el surgimiento de una comunidad con instrumentos para la creación asistida. YouTube, de hecho, creó una incubadora de IA, que en alianza con productoras musicales se propone brindar orientaciones para usar esta tecnología, con la finalidad de potenciar la creación humana.

Este tipo de iniciativas constituyen una reacción a la transformación vivida por los creadores musicales. Hoy casi todos, siempre que tengamos la formación tecnológica básica y un poco de “buen gusto”, podemos crear composiciones a la medida de nuestros oídos y necesidades. Música incidental para productos audiovisuales, videoclips, nuevas mezclas y hasta la misma canción en distintas versiones son productos factibles, gracias a herramientas especializadas como Music Star AI, que pueden ayudar a cualquiera a pasar por experto, hasta Canva, de uso extendido y común entre quienes necesitan salir de apuros en la producción de contenidos visuales.

Los resultados de estos recursos impactan la imagen de cantantes de carne y hueso: lo sabe Eladio Carrión, que terminó siendo el rostro humano de Mi primera chamba, un hit viralísimo. También dan testimonios las voces de quienes no están, como Freddie Mercury o John Lennon, y de quienes entre los vivos advierten sobre el riesgo que implica el uso indiscriminado de las nuevas tendencias tecnológicas en la creación musical. A la par de las resurrecciones y las alertas, también emergen artistas creados con IA, como Anna Indiana o Ben Gaya, que suenan bastante bien para los estándares de la industria pop.

¿El futuro supone el fin de nuestras habilidades artísticas? ¿Nuestra creatividad ya no parirá algo nuevo? Según Gemini, la herramienta de IA de Google, el futuro de la música “será un espacio donde la creatividad humana y la inteligencia artificial se fusionen para crear experiencias auditivas innovadoras y emocionantes”. Sin embargo, YouTube (otra plataforma de Google), Spotify y SoundCloud trabajan en la implantación de mecanismos que privilegien lo humano sobre lo artificial, en una lucha que “seguirá planteando desafíos al statu quo del streaming durante los próximos años”, como alerta la revista Billboard, fiel reflejo de los estándares impuestos en la industria musical. De esa misma fuente viene esta advertencia: “Quizás las generaciones futuras no distingan entre obras totalmente creadas por IA, parcialmente creadas por IA o totalmente humanas. Una buena canción es una buena canción”.

Rosa E. Pellegrino 



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