viernes, 20 de febrero de 2015

¿Quién esconde los condones en Venezuela?

Como si faltara algo por agregar a esta guerra, ahora vuelven a lanzar la alarma por la escasez de condones en Venezuela. Con el título “Solidaridad y condones para Venezuela” el portal web Avaaz1 denuncia la ausencia de este método anticonceptivo en el mercado nacional, basado en informes fantasmas del Banco Mundial según el cual las infecciones por VIH han aumentando de forma alarmante en el país y, por ello, exhorta a la Organización Panamericana de la Salud a declarar el estado de emergencia en esta nación suramericana.
Por más preocupante que suene la petición, creo que el problema no está en la existencia o falta de condones en el mercado. Me atrevería a decir que aun teniendo todos los condones del mundo, no lograríamos garantizar su efectivo uso. Los esfuerzos por cumplir con la distribución fueron notables hasta el año pasado, de acuerdo al Ministerio del Poder Popular para la Salud, cuando se confirmó la importación de hasta ocho métodos anticonceptivos (incluyendo condones), a diferencia del resto de países de la región que solo importaban cinco2. Entonces ¿qué pasó?
Pese a esta nueva reedición de los ataques mediáticos al país, algo debemos advertir y asumir con seriedad, de acuerdo al Fondo de Desarrollo para las Naciones Unidas3, Venezuela tiene la tasa de embarazo en adolescentes (15 a 19 años) más alta de Suramérica desde el año 2010, y después de cinco años ¿por qué no se ha revertido esta realidad? En mi consideración, la política pública venezolana sobre salud sexual y salud reproductiva se ha quedado corta ante la complejidad de esta situación del país.
Aunque contamos con la Norma Oficial para la Atención Integral en Salud Sexual y Reproductiva (2003), del Ministerio del Poder Popular para la Salud, no es posible que por sí sola revierta el problema estructural que implica para la sociedad venezolana el embarazo en adolescentes. Como tampoco es posible que siempre la responsabilidad sea de los individuos y no de quienes se suponen deben diseñar las políticas públicas. En todo caso, el silencio o complicidad de los actores políticos y económicos con algún poder de decisión en esta materia han hecho que, pese a todos los esfuerzos, en la Revolución Bolivariana los derechos sexuales y reproductivos sigan siendo postergados en la agenda pública cuando, por el contrario, conciernen directamente a la transformación socialista.
Muchos de los discursos políticos de la Revolución (y ni hablar de la derecha conservadora) refuerzan ideales tradicionales anclados al pensamiento burgués y colonizador, como la idea de mujer igual a madre y hombre igual a procreador. A diferencia de la idea de la maternidad y la paternidad como una decisión individual y voluntaria plasmada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) 4. Este entrampamiento ha hecho que las políticas públicas sobre sexualidad en Venezuela, en vez de fortalecer a un sujeto político autónomo, observe a las personas como seres vulnerables e incapaces de decidir por sí mismos.
Este panorama se recrudece con el mutismo de algunos actores de los poderes públicos, responsables en gran medida de los limitados resultados, los cuales por años se han negado a discutir temas tan fundamentales como la despenalización y legalización del aborto. Aun cuando países revolucionarios como Cuba lograron entender e implementar la interrupción voluntaria del embarazo como una decisión responsable de cualquier mujer sobre su propio cuerpo.
Entonces ¿faltan condones o políticas más acorde con nuestra realidad? Todo el mundo dice que el problema es la mala educación sexual y la pérdida de valores en la familia y la educación. Pero ciertos valores de la actual política pública resultan incongruentes con el llamado a construir un socialismo feminista, como defendió Chávez en su momento y ahora el presidente Maduro. Por valores me refiero a pensar que la única garantía sea la distribución de condones (necesaria por supuesto) sin un debido proceso colectivo de reflexión sobre la sexualidad como un derecho y no como un acto peligroso y enfermo.
Trascender la reproducción de estereotipos de género producto del modelo capitalista, patriarcal y colonial es un objetivo de la Revolución Bolivariana. En el marco de la actual guerra económica, una realidad tan compleja como esta no puede ser abordada con políticas tan limitadas, mientras los efectos materiales e inmateriales en la vida de las personas son escasamente contabilizados en la economía nacional, pese a que instancias internacionales como la Organización de las Naciones Unidas resalta la problemática relación entre género, pobreza y desigualdad.
No se trata solo de garantizar la existencia de condones mediante la distribución pública y gratuita o mediante su oferta en el mercado, sino de revertir todos los prejuiciosos sociales que existen en relación a utilizarlos o no, considerando el peso de las consecuencias sociales, políticas y económicas sobre la vida de las personas e impulsando, no solo como consigna sino como realidad concreta, el socialismo feminista y popular como proyecto político transformador de la Revolución Bolivariana.
1 https://secure.avaaz.org/es/venezuela_nos_necesita_4/?fpla
2 http://www.mpps.gob.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=6484&Itemid=18
3 http://foweb.unfpa.org/SWP2011/reports/SP-SWOP2011_Final.pdf
4 La maternidad y la paternidad son protegidas integralmente, sea cual fuere el  estado civil de la madre o del padre. Las parejas tienen derecho a decidir libre y responsablemente el número de hijos e hijas que deseen concebir y a disponer de la información y de los medios que les aseguren el ejercicio de este derecho. El Estado garantizará asistencia y protección integral a la maternidad, en general a partir del momento de la concepción, durante  el embarazo, el parto y el puerperio, y asegurará servicios de planificación familiar integral basados en valores éticos y científicos (Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Artículo 76: 1999).

*Socióloga y feminista afrovenezolana

María Emilia Durán García

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