martes, 20 de octubre de 2015

El FMI prepara un shock económico contra Venezuela

Érika Ortega Sanoja

El audio difundido por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, en su programa ‘Con el mazo dando’, desveló el plan del magnate Lorenzo Mendoza y del exministro de Carlos Andrés Pérez, Ricardo Haussman, para hipotecar al país a través de una nueva deuda externa.
Esto demuestra el lado más cruel del proyecto económico de la burguesía venezolana, a la que no le importa negociar con uno de los mayores causantes de la pobreza en el mundo.
Pactar con el Fondo Monetario Internacional significaría someter a los venezolanos y venezolanas a medidas de ajuste social que llevarían de nuevo a la nación a los peores tiempos de la llamada Cuarta República, que precedió a la Revolución Bolivariana.
La receta Mendoza-Hausman-FMI ya la conocemos: eliminar las misiones sociales; liberar las tasas de interés; privatizar la educación, la salud, el agua y la electricidad; abolir la actual Ley del Trabajo y la joya de la corona: vender Petróleos de Venezuela y los 300.000 millones de barriles de la Faja Petrolífera del Orinoco que pueden obtenerse con la tecnología actual.

Los personajes del audio

Ricardo Haussman fue uno de los principales ideólogos del plan de choque o paquetazo neoliberal aplicado en Venezuela durante el segundo mandato del expresidente Carlos Andrés Pérez, el cual trajo como consecuencia un fenómeno social conocido como El Caracazo.
Entre el 27 de febrero y el 1 de marzo de 1989, la Fuerza Armada y los cuerpos de seguridad del país fueron enviados a las calles para detener el estallido social que, para muchos, significó el primer grito en el mundo contra el neoliberalismo.
Cerca de 3.000 muertos y un altísimo número de heridos se registraron en esos días. Muchos de los asesinados tuvieron que ser enterrados en fosas comunes del Cementerio General del Sur, en un lugar conocido como La Peste.
Por su parte, Lorenzo Mendoza, dueño y presidente de Empresas Polar, principales productoras de alimentos del país, detuvo sus máquinas por más de 60 días entre diciembre y enero de 2002, con el objetivo de derrocar al gobierno de Hugo Chávez. Muchos en la oposición lo vislumbran como el candidato opositor frente al chavismo.
Ya el plan para vender a Venezuela por pedazos está montado. No es casual que se haya sumado a la conjura contra Venezuela el Bank of America, que ha dicho sin ningún rubor ver tiempos favorables “para una transición en Venezuela”. Tampoco es poca cosa el complot del capital transnacional contra la Patria de Bolívar.
El propio Haussman menciona como integrante del plan al director gerente para el Hemisferio Occidental, el banquero mexicano Alejandro Werner, con quien ha conversado sobre la situación venezolana y que ha mostrado, a su vez, una gran preocupación por lo que ocurre en el país.
La lucha por difundir esta grave denuncia a la comunidad internacional, pero fundamentalmente a la Venezuela bolivariana, radica en la gravedad de lo que estará en juego durante las próximas elecciones del 6 de diciembre, cuando se escogerán a los diputados de la Asamblea Nacional.
Lo hemos dicho: un gobierno neoliberal no va a acabar con nuestros problemas, los profundizará. Y, lo peor de todo ello, es que la única vía que encontrará la derecha para implementar su proyecto de entrega al Fondo Monetario Internacional será la represión directa y salvaje contra nuestro pueblo. De eso, lamentablemente, ya tenemos un doloroso recuerdo.
RT
 
Érika Ortega Sanoja

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