martes, 14 de abril de 2026

Apuntes sobre abril, 24 años después

  


Uno. Obligatorio recordar. En lo jurídico, la Ley de Amnistía suprimió abril de 2002. Pero, en lo político e histórico, el que borra episodios cruciales termina legitimando las versiones de otros. Entonces, si prohibido olvidar suena intolerante, digamos obligatorio recordar.

Dos. Repetición compulsiva. La amnistía legal no cura ciertas mañas. Una de ellas es la compulsión a la repetición de cierto sector de la dirigencia opositora que sigue soñando con asaltar el palacio de Miraflores con turbas enfurecidas. Llevan 24 años en eso.

Tres. Cuestión de medios. Los repetidores compulsivos saben que en abril de 2002 fue clave la histeria colectiva desatada por los medios de comunicación de aquellos tiempos para llevar a miles de personas a la confrontación fratricida. Hoy no tienen medios, pero sí redes.

Cuatro. Calientacalles. Quienes vivimos aquellos días tenemos memoria olfativa para abrigar sospechas de que uno de los planes ya en marcha “se parece igualito” al de ese tiempo desquiciado, repetido luego en guarimbas y salidas: incendiar la pradera.

Cinco. Picaos de culebra. El 11-A se basó en la idea de matar gente y achacarle los crímenes a Hugo Chávez. En las guarimbas, lo mismo, pero con Nicolás Maduro. Ahora, el propósito es criminalizar a la presidenta (, Delcy Rodríguez. Nada nuevo bajo el solazo de abril.

Seis. Disparen, por favor. En uno de los videos virales de la semana, una señora porta un cartel con esta leyenda: “Disparen pan que tenemos hambre”. Nadie ha disparado a las protestas en estos días, pero eso que llaman la narrativa necesita poner a sonar ese verbo ¡Bang, bang!

Siete. Digna sospecha. La CUTV, venerable carcaza sindical del PCV-Dignidad, se deslindó de quienes convocaron la marcha del jueves. Alegaron no saber a ciencia cierta cuáles eran sus objetivos. ¿Qué habrán sospechado los viejos comunistas para tener este gesto digno de encomio?

Ocho ¿Quién destruyó el salario? La gente que protesta tiene razones para hacerlo. De eso no hay duda. El debate medular es qué fuerzas satánicas destruyeron el salario, tal como lo consagra la vigente ley laboral. Una clave: algunos se disfrazan de abogados de los trabajadores.

Nueve. Ovejas luchando por el lobo. Entre quienes intentan alborotar el avispero laboral se ocultan ladinamente las versiones locales de los libertarios argentinos, que ya impusieron la jornada de 12 horas y otras delicias anarcocapitalistas, al grito de ¡viva la libertad, carajo!

Diez. ¿Ultraderecha sindicalista? En 1947, Andrés Eloy Blanco, lanzaba rimas que entonces eran políticamente correctas: “Cosas que no son de ley/ siempre resultan un fiasco/ mujer orinando en frasco/ y negro inscrito en Copei”. Hoy vemos a una ultraderecha sindicalista ¡Vasié!

(Clodovaldo Hernández / Laiguana.tv)

No hay comentarios: