Alí Ramón Rojas Olaya
El lunes 20 de abril de 2026 me llegó como un vértigo una de esas noticias infaustas: Gloria Martín partió a la eternidad. Mi alma está afligida. Un huracán de vesania la desborda. La escuché por primera vez en los años setenta de la mano de mi amado padre, quien nos llevó a mí y a Maira a una presentación en el museo de Bellas Artes. Su canto era como el del gallo, despertador e iluminado por los rayos de la conciencia. Nació en Madrid el 21 de marzo de 1945. Sin Federico García Lorca, Miguel Hernández y Antonio Machado, ni la égida pasionaria de Dolores Ibárruri, España no era España, sino el reino de los Borbón defendido por el dictador Francisco Franco. De esta España ajena sale a los 7 años de la mano de su madre. Parte a un país cuyo himno empieza con su nombre. En la tierra de Bolívar siempre son bienvenidos los hombres y mujeres de buena voluntad. A los 16 años terminó sus estudios básicos y comienza y estudia Artes entre 1979 y 1982 en la Universidad Central de Venezuela. Egresa Summa cum laude. Luego se doctora en historia de la cultura.
Entrevista cuando nace Crisol
Entre los años 2008 y 2011 el Fondo Editorial Ipasme estaba presidido por el historiador José Gregorio Linares. Me invitó a formar parte de su equipo. En el año 2009, Gloria Martín nos propuso reeditar una compilación que ella había realizado que contenía pensamiento de Simón Rodríguez. Ese año creamos en el seno de la editorial el Centro Rodrigueano de Investigación Social para la Latinoamericanidad (Crisol). En una feraz charla departimos largo y tendido.
- Gloria, en mayo de 1840, en Valparaíso, nos dice Simón Rodríguez que la cultura es "el hábito de todos los pliegues y colores en el que mujeres y hombres, hermanados, enseñan de palabra y de obra y cantan el catecismo social con los pueblos". ¿Se adapta a nuestros tiempos esta definición?
- Fíjate en algo, Alí: Rodríguez lo dice desde Chile. Tanto ayer como hoy, la cultura como la entiende Simón Rodríguez, vive una compleja mixtura: América del Sur, como efecto ideológico de la conquista/colonización, y como «defecto» cultural que resiste despreciando cuanto la niega.
- ¿Se refiere Rodríguez a una cultura alternativa?
- Simón Rodríguez, legitimando una visión particular del mundo construida a partir del «sí mismo» y sobre valores propios, conformó una línea de pensamiento que, a mi modo de ver, representa ─junto a la visión totalizadora de Bolívar y la de algunos nacionalismos posteriores, como el de Martí ─ una de las vetas más ricas en la conformación de lo que pudieran considerarse rasgos culturalmente alternativos para los suramericanos.
- ¿Para Rodríguez la cultura está intrínsecamente con la soberanía?
- Para Rodríguez, la verdad era que, aún en 1830 «la Independencia no (había) tocado a su fin», pues consideraba que «el piso» de la soberanía republicana había que construirlo sobre las bases culturales propias que todo lo signaran, pasando por los modos de plantear y hallarle soluciones a los problemas urbanísticos, hasta cómo pensar y responder los asuntos de política y economía.
- ¿Qué significa para ti "o inventamos o erramos"?
- Partiendo de que los suramericanos no tenían por qué «blanquear» su historia, Simón Rodríguez afirmaba que la identidad de estos pueblos, original y mestiza, exigía un permanente trabajo de producción de ideas y experiencias también originales, hacia «otro» modo de concebir la realidad, organizarla y vivirla, acorde con sus orígenes y aluviones culturales, y diferente a los modelos de los grandes centros de poder.
- ¿Qué les dirías a aquellos profesores que viven epistémicamente enamorados de Europa o de Estados Unidos?
- Que lean a Simón Rodríguez. Fundamentalmente, su simbólico «dejemos la Francia i veamos la América» se concretó en una acción cultural pedagógica dirigida hacia los niños y los jóvenes más desposeídos. En su taller de educación social/republicana, prefiguró una «otra sociedad» libre de prejuicios, laica, antiautoritaria y creativa, por momentos «sin libros» y vinculada al trabajo para los nuevos ciudadanos. Los del ingenio, los hacedores de la vida.
- Para Simón Rodríguez, "Mas cuenta nos tiene, entender a un indio que a Ovidio". ¿Son blanqueados los latinoamericanos a través de los currículos eurocéntricos?
- Partiendo de que los suramericanos no tenían por qué «blanquear» su historia, Simón Rodríguez afirmaba que la identidad de estos pueblos, original y mestiza, exigía un permanente trabajo de producción de ideas y experiencias también originales, hacia «otro» modo de concebir la realidad, organizarla y vivirla, acorde con sus orígenes y aluviones culturales, y diferente a los modelos de los grandes centros de poder.
- ¿Significa mirarnos desde una óptica diversa?
- Simón Rodríguez establecía la conveniencia de que la América del Sur se mirara a sí misma desde una óptica «diversa», ya que «mientras más se varía el punto de vista, mejor idea se forma del objeto».
- ¿Cómo era la posición de Rodríguez ante la contracultura?
- Simón Rodríguez fue casi obsesivo en establecer distancia frente a la cultura dominante ─monárquico/religiosa─, a fin de producir respuestas creativas para una realidad con exigencias propias. Advirtiendo con dolor «Vea la Europa cómo inventa y la América cómo imita», afirmaba que, en cuanto a la concepción integral del mundo: «la América no debe imitar servilmente, sino ser original».
- ¿Criticaba la educación extranjerizante?
- No sólo criticaba la educación extranjerizante, sino lo hacía con sorna. Y criticaba también a quienes queriendo parecer de otras latitudes, mostraban comportamientos, vestimentas o modos de hablar «más refinados»: "Los rectores de los colegios hacen un papel serio en la comedia. Aparentan rigidez en el cumplimiento de las reglas de unos Estatutos, calculados para adular a los padres, haciendo lo que exigen que se haga con sus hijos —Encierro, cepos, calabozos, estudio, continuo sabatinas, argumentos de memoria, confesiones forzadas, ejercicios de San Ignacio, exámenes, premios, grados, borlas... mientras se les preparan espoletas en lugar de charreteras, bufetes de abogado, enlaces de familia, y si hay con qué, viajes a Europa para olvidar su lengua y volver con crespos a la francesa, relojitos muy chiquitos con cadenitas de filigrana, andando muy ligeritos, saludando entre dientes, haciendo que no conocen a los conocidos y hablando perfectamente dos o tres lenguas extranjeras... todo para hacer honor al familia".
- La ontología es la rama de la filosofía que estudia la naturaleza del ser, la existencia y la realidad. ¿La ontología de Simón Rodríguez se quedó en América del Sur?
- En trascendencia mayor, ese afán de «quiénes somos» también comenzaría a crecer hacia el mar de las Antillas. Recuerda que Rodríguez estuvo en Jamaica en 1797. Rodríguez transmite su ideario a Bolívar. El pensamiento bolivariano fundamentaría allí la nueva afirmación de que «Ni de Rousseau ni de Washington viene nuestra América, sino de sí misma» y otra vez la palabra crear salió de ronda, como la clave para las generaciones de turno. Crear es inventar.
- ¿Qué es la identidad para Simón Bolívar?
La identidad, en un momento inicial, podría definirla como el conjunto de elementos y circunstancias que distinguen a unos grupos humanos de otros, haciéndolos específicos. Según los planteamientos de Bolívar, la noción de identidad también aparecería configurada por múltiples factores (étnicos, geográficos, de poder) interrelacionados que, junto a contextualizarla, la dinamizan: en ella confluye el pasado y la violenta naturaleza del proceso histórico («nuestro pueblo es un compuesto de África y de América…la mayor parte del indígena se ha aniquilado»), con el presente diverso («es imposible asignar con propiedad, a qué familia humana pertenecemos») y con el futuro (pues todo ello implica «un reato de la mayor trascendencia»).
Gloria para dos mujeres
Hay quienes afirman que Gloria Martín era una mujer incómoda. Yo pienso que no, que incomodaba a algunos, eso sí. Para Gloria Monasterios, su tocaya «siempre será una luz para comprender y reflexionar sobre la acción cultural en Venezuela, no solo desde el punto de vista de la difusión, sino también y sobre todo, desde la animación cultural, porque Gloria Martín representa la humanización en la teoría cultural porque reflexiona desde el acompañamiento y la importancia de la construcción de sentido junto a los otros y las otras. La necesidad y la urgencia de este quehacer comunitario está más vigente que nunca y es por esto que su pensamiento sigue orientando la concepción del trabajo cultural desde el reconocimiento y la construcción colectiva que trasciende más allá del aplauso temporal». Para Graciela Gamboa, Gloria Martín, «tuvo compromiso, consecuencia y lealtad con esas nuevas formas de pensamiento y acción que están ocurriendo en el mundo, de repente convulsivamente y otras veces lentamente».
En un poema confesó: «Fabricio, yo te hubiera dado un hijo que hubiera sido pueblo. Yo te hubiera dado un hijo que hubiera sido como tú un exceso, un come estrellas, un dios de soledad». Su madre, Alí Primera y su ponketa eran los manantiales subterráneos de sus ideas. A cada mujer le dijo: «si te han crecido las ideas, de ti van a decir cosas muy feas» y te van a aconsejar «que cuando callas te ves mucho más hermosa».
¿Qué debemos aprender de Gloria Martín?
¿Qué aprendí de Gloria Martín? Aprendí a apegarme a dos valores esenciales: la gratitud y la solidaridad; aprendí que, a través de las cosas pequeñas, se aprende a amar; aprendí a rebuscar en manos amadas lo que no se me ha perdido; aprendí a amar «la anticostumbre y sus cadenas de humo que no dejan que el amor sea un producto de consumo». Aprendí que la canción necesaria, la academia comprometida y la lucha social convergen en un manojo de entusiasmo; aprendí a hipotecar mi vida para ser feliz; aprendí a ser consecuente en la lucha por las causas comunes de la humanidad; aprendí que la colonialidad significa que «la cultura es algo que algunos poseen, y otros no», y que esto implica que hay «un emisor activo y un receptor pasivo, entre alguien que "tiene" cultura y la "da" al otro, entre un agente de la acción y un paciente de la misma», es decir, que «la virtud y el poder corresponden al emisor quien, en tanto poseedor del conocimiento/información (virtud), se legitima frente al otro con la autoridad de experto (poder)»; aprendí que «en América, el octavo día se llama esperanza»; aprendí por tanto que hay que continuar la obra de Simón Rodríguez porque «mañana es tarde y el tiempo apremia». ¿Por qué? Porque nuestro objetivo es "hacer menos penosa la vida", como señala Rodríguez. Porque debemos vencer las tristezas antiguas, porque «la vida empieza donde todos somos iguales». Despidamos a Gloria batiendo áureas palmas ya no clandestinas. ¡Honor y gloria para Gloria Martín!




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