jueves, 30 de abril de 2015

EL PRÓXIMO INNOMBRABLE

Antonio Aponte y Toby Valderrama.

Es una figura que aparece en la decadencia de las revoluciones. Se caracteriza por haber sido un destacado personaje de la fase epopéyica que cae en desgracia en la época de regresión, cuando la Revolución devora a sus hijos. El innombrable pasa a ser un no-existente, un olvidado, nunca existió. Lo desconoce hasta su familia, sólo los más fieles le tienden la mano, le sonríen, se atreven a nombrarlo. Es frecuente que él mismo se desconozca, anda por el mundo actuando como otro yo, haciendo y aceptando lo que antes sería impensable. Se desdibuja, se condena a sí mismo, pierde cualquier rasgo de autoestima. Otros caen en depresión, padecen enfermedades que tienen su origen en la tristeza. Se podría decir que existe un síndrome del innombrable, pero esto ya es terreno de la psiquiatría.
Las revoluciones tienen fases que, con algunas diferencias, son comunes a todas. La Guerra de Independencia las tuvo; una fase heroica, las batallas sucedían, cotidianas, Junín, Boyacá, Las Queseras; los héroes abundan, Paéz, Ricaurte, Girardot, Bermúdez, Mariño; las ideas bullen: la Carta de Jamaica, el Manifiesto de Cartagena, el decreto de Guerra a Muerte... Luego vino la calma, y la etapa de regresión: la convención de Ocaña, la fractura de la Gran Colombia, el Libertador, desterrado, pasa a ser un innombrable junto a sus fieles oficiales.
Con Trostky, en la Revolución Soviética, pasó algo similar. El operador de la hazaña de octubre, el fundador del Ejército Rojo, pasó rápidamente a ser un innombrable, su sólo nombre aún aterra, es motivo de anatema, es usado como ofensa por plumíferos adulantes, reformistas; fue borrado de la historia, de los libros. Los innombrables, frecuentemente, son exhumados de sus tumbas de olvido para convertirse en chivos expiatorios, en cabezas de turco, en blanco de todas las infamias.
La Revolución Chavista no es excepción, después de su fase heroica, del golpe de abril y del sabotaje petrolero, se entró en una fase de regresión que comienza con el asesinato del Comandante Chávez, con su tratamiento alejado de la política. En esta fase aparecieron, o mejor desaparecieron, los innombrables. Aún están fresquitos, aún los recordamos, pero las generaciones futuras no tendrán noticias de ellos, la historia la están reescribiendo los usurpadores: los héroes de Abril ahora son otros, los que hoy aparecen como héroes de las batallas contra el sabotaje petrolero son, ¡oh paradoja!, los que pedían claudicación.
 Los innombrables son producto de la lucha interna, tienen su origen en las diferencias ideológicas, y tienen un rasgo común: los desaparecidos no pelearon cuando el “momento histórico” se lo exigía, se quedaron sujetos a una disciplina castrante, defendieron una unidad boba, se entregaron. Algunos reaccionaron y quisieron pelear pero ya era tarde, no tenían fuerza, fueron borrados, pasaron a ser un inexistente. 
Cuando una Revolución comienza a coleccionar innombrables es señal inequívoca de decadencia, de que la lucha interna está siendo ganada por la fracción antisocialista, de que el humanismo, base del Socialismo, está siendo sustituido por el pragmatismo, el oportunismo, la esencia de la Revolución se pierde. Los innombrables son las primeras víctimas que anuncian la restauración de la infamia que se quería superar, el regreso de los mismos métodos que durante siglos han caracterizado al poder, la llegada del monstruo que tanto temen los líderes más avisados. 
A estas alturas los plumíferos estarán deduciendo quién es el innombrable, a quién nos referimos, por qué hacemos este escrito. Ahorremósles trabajo. Nos referimos a cualquiera de los que en estos últimos dos años, luego del asesinato del Comandante y del giro a la derecha, fueron borrados de la historia de la Revolución: a Giordani, por ejemplo; a Navarro, a Rodríguez Torres, a Rafael Ramírez… Y a cualquiera que de aquí en adelante le sea incómodo a los que hoy escriben la historia a su conveniencia, y sin miramientos lo borren, por ejemplo a...

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