lunes, 29 de junio de 2026

Columna de Juan Martorano 567: El ocaso del Cadete León: Hugo Chávez. La disolución del liderazgo y el nuevo centro de gravedad: El cuerpo de la nación. Capítulo 4.

 

*JUAN MARTORANO

El cuarto capítulo de la serie documental de Triandáfila nos adentra en la fase más profunda, mística y estratégica de la convalecencia de Hugo Chávez. Si en el capítulo anterior analizábamos el impacto de la enfermedad sobre el cuerpo de carne y hueso del líder, este fragmento nos obliga a dar el salto cualitativo hacia la construcción del mito perpetuo. Es el 14 de agosto de 2011; el Comandante regresa a Caracas tras su segunda sesión de quimioterapia en La Habana y, rompiendo la lógica del cansancio físico, le anuncia al país que ha conseguido su “nuevo centro de gravedad”.

Para la intelectualidad burguesa o la oposición apátrida, aquellas palabras eran mero delirio poético o retórica para disimular la gravedad de un cáncer. Sin embargo, analizado desde el rigor de la praxis revolucionaria, Chávez estaba ejecutando la operación política más perfecta de nuestra historia contemporánea: la disolución planificada del liderazgo para la eternización de la vanguardia.

Cuando de verdad este cuerpo se acabe, Chávez no se acabará, porque Chávez ya no soy yo. Chávez está en las calles”, sentenciaba el Comandante ante un alto mando militar y un gabinete que, mudos ante la cámara, apenas asimilaban la dimensión de lo que se gestaba. El líder intuía que su tiempo biológico expiraba y, en lugar de aferrarse a la vieja estructura de la política representativa o al autoritarismo estéril de las autoritas tradicionales, decide mudar su centro de gravedad. Ya no sería el palacio de Miraflores, ni el decreto presidencial, ni el teléfono a las tres de la mañana. Su nuevo eje de acción sería la psiquis, el alma y el arma colectiva del pueblo venezolano.

Triandáfila nos devela los apuntes que el Comandante realizaba sobre Así habló Zaratustra. Hay un pasaje subrayado con especial vehemencia que define este trance: “ Pusiste tu meta suprema en el corazón de aquellas pasiones y entonces se convirtieron en tus virtudes y alegrías”. Chávez, hombre colérico, pasional y, como él mismo subraya con color verde en los textos de Nietzsche, "fanático de su propia fe", transmuta sus demonios en ángeles políticos. Su desmesura por el conocimiento, su obsesión por controlarlo todo —aquellos perros salvajes que habitaban su mazmorra interna— se transforman en pájaros. De su propia enfermedad extrae el bálsamo; de su tribulación ordena el alimento ideológico para lo venidero.

La gran tesis que arroja este capítulo es la transposición geopolítica y mística del cuerpo: Chávez proyecta su propia enfermedad en el cuerpo de la nación. Él no ve a Venezuela como un territorio estático administrado por burócratas, sino como un organismo vivo que, al igual que él, atraviesa una dolorosa pero necesaria metamorfosis, una transición de hábitos y modos de vida. Y para sanar ese cuerpo nacional frente al veneno inoculado por el capitalismo global — fundamentalmente de derecha y con perspectivas de combatir las desviaciones de la izquierda —, el Comandante recurre a lo que Nietzsche llamaba el valor supremo: la veracidad.

Chávez se declara amoralista frente a la falsa moral burguesa, contra la hipocresía de la cuarta república y contra la inmoralidad disfrazada de legalidad. Es bajo este influjo místico-militar que escribe las cinco líneas estratégicas de acción política. No las concibe como un frío plan de gobierno, sino como el puente entre el viejo estado vegetal que heredamos y el "superhombre" colectivo: la comuna, el poder popular pleno, la patria socialista.

El tiempo histórico vuelve a manifestarse de forma redonda, "como la luna llena", en la voz del líder ante sus viejos camaradas de armas como Diosdado Cabello o Francisco Arias Cárdenas. El Comandante les recuerda que el hoy no existe sin el ayer; que la estratagema nacida en las catacumbas del MBR-200 no era una locura transitoria, sino un ciclo inevitable que apunta al 2021, al 2031 y más allá.

El Capítulo 4 nos deja una lección contundente para el chavismo del presente y la sociedad toda: el liderazgo perfecto se alcanza cuando el líder se disuelve en las bases. La oposición creyó que destruyendo el contenedor físico acabarían con el contenido. Qué error tan garrafal. Al obligarse a mudar su centro de gravedad, Hugo Chávez se transformó en la esencia última de nuestro querer vivir. El Cadete-León se quedó para siempre, transmutado en río indómito, en tiempo redondo y en la veracidad absoluta de un pueblo que se niega a volver a la mazmorra.

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!

¡Leales siempre! ¡Traidores, Nunca!

* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.comj_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano



 

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