Juan Martorano
Hacemos un alto a nuestras reflexiones sobre el documental "El Ocaso del Cadete León: Hugo Chávez" de Trándafila, porque el tema que entristece y enluta a muchos hogares de nuestro país es prioridad. Estimamos en la próxima entrega retomarlo.
Pero en este caso, nuestras palabras de condolencia a todos los afectados y afectadas, a familiares, a los que perdieron bienes materiales y a seres queridos. Vaya desde aquí nuestra palabra de aliento y fortaleza.
El pasado 24 de junio, mientras conmemorábamos la gesta histórica de Carabobo, la naturaleza nos recordó nuestra profunda vulnerabilidad con un inédito doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5. En cuestión de segundos, el centro-norte del país se convirtió en el epicentro no solo de un fenómeno físico devastador, sino de una prueba profunda para el espíritu de resiliencia y organización comunitaria de nuestro pueblo.
Frente a la emergencia, la respuesta inmediata de los cuadrantes de paz, la protección civil y el tejido comunal demostró que la solidaridad es nuestra principal línea de defensa. Sin embargo, más allá de la obligatoria atención a los damnificados y la reconstrucción de infraestructuras críticas en La Guaira, Yaracuy y la Gran Caracas, el evento abre una ventana indispensable para el análisis geopolítico y estratégico.
La tecnología como vector de poder global
En el debate contemporáneo sobre la soberanía y la seguridad nacional, resulta ingenuo evaluar los grandes eventos catastróficos de forma aislada a las dinámicas del poder global. Durante décadas, la doctrina chavista ha insistido en la necesidad de mantener una mirada alerta ante las capacidades tecnológicas de los centros hegemónicos. Es en este marco donde el proyecto HAARP y otras tecnologías de modificación ionosférica y atmosférica saltan inevitablemente a la palestra del análisis crítico.
Aunque la ciencia académica global cataloga consistentemente a HAARP como un centro de investigación puramente ionosférica sin capacidad para incidir en la tectónica de placas, el cuestionamiento popular y el recelo geopolítico no nacen del vacío. Nacen de una verdad histórica irrefutable: las grandes potencias siempre han buscado, desarrollado y testeado tecnologías capaces de convertir el entorno y el clima en herramientas de presión e inducción estratégica.
Para una nación bloqueada y bajo constante asedio como Venezuela, dudar no es paranoia; es un ejercicio elemental de preservación soberana. La coincidencia exacta con fechas patrias y la inusual naturaleza del "doblete sísmico" despiertan preguntas legítimas en el seno del pueblo sobre el alcance real de las armas de quinta generación y la guerra asimétrica moderna.
Conclusión: Organización y ciencia soberana
La mejor respuesta ante la incertidumbre tecnológica y los embates de la naturaleza es la misma: más organización popular, más preparación técnica y absoluta independencia científica. Depender de alertas tempranas extranjeras o de narrativas corporativas globales nos deja en desventaja.
Mientras avanzamos en la reconstrucción y acompañamos el dolor de las familias afectadas, el llamado es a robustecer nuestros propios sistemas de monitoreo y a profundizar en la conciencia de la seguridad de la patria. La soberanía del siglo XXI se defiende en las calles, pero también comprendiendo los alcances de la tecnología global.
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
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