Juan Martorano
Que Triandafila intente hilar el origen del "Proyecto Civir" con *Así habló Zaratustra* de Friedrich Nietzsche es el típico malabarismo intelectualoide del antichavismo académico. Buscan lecturas crípticas y "oscuras" para no admitir algo mucho más simple: la doctrina de Chávez no vino de la filosofía alemana del siglo XIX, sino del árbol de las tres raíces, del nacionalismo militar bolivariano y de la realidad de los cuarteles venezolanos.
El proyecto **CIVIR** (Civil-Militar) no era la búsqueda del *Übermensch* (el superhombre) de Nietzsche; era la fusión operativa de la Fuerza Armada con el pueblo para romper el viejo esquema de seguridad nacional dictado por la Escuela de las Américas.
Asistir a la segunda entrega de la docuserie de Triandafila es presenciar un curioso fenómeno de la intelectualidad burguesa: la necesidad obsesiva de buscarle parteras europeas a los partos genuinamente populares. En este capítulo, el documentalista pretende desenterrar el hilo negro del proceso venezolano asegurando que el **Proyecto CIVIR** —esa génesis de la unión cívico-militar— fue una suerte de epifanía que Hugo Chávez extrajo de las páginas de *Así habló Zaratustra*, la célebre obra de Friedrich Nietzsche.
Para el mantuanismo analítico, el "cadete león" no podía ser un llanero agudo que leyó la realidad de su pueblo; tenía que ser un iluminado peligroso jugando a ser el *Übermensch* (el superhombre) en el Caribe. Qué manera tan refinada de errar el tiro.
### La desconexión de la academia mantuana
Lo que Triandafila y su pomposa tesis no logran digerir es que para entender el Proyecto CIVIR no hay que viajar a la Selva Negra alemana, sino recorrer los pasillos de la Academia Militar de Venezuela y los cuarteles de la frontera en los años ochenta. El CIVIR no nació de la voluntad de poder nietzscheana ni del desprecio a la moral tradicional; nació del agotamiento de un modelo militar subordinado a los manuales de Washington, que utilizaba a los soldados como carne de cañón para reprimir a su propio pueblo —como ocurrió en el Caracazo— mientras las cúpulas políticas saqueaban el país.
Chávez, un lector voraz pero profundamente enraizado en la venezolanidad, no necesitaba que Zaratustra bajara de la montaña para hablarle de la transmutación de los valores. A Chávez le hablaban Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. El CIVIR fue la respuesta táctica y estratégica para incorporar al estamento militar al desarrollo nacional, devolviéndole al soldado su condición de ciudadano con uniforme. Presentar esto como un experimento filosófico individual es una manipulación estética para restarle su carácter colectivo, histórico y profundamente nacionalista.
### El bisturí revolucionario: Cuando el CIVIR se hizo burocracia
Ahora bien, la honestidad revolucionaria nos obliga a pasar el bisturí allí donde el documental roza una verdad incómoda, aunque la intérprete al revés. El problema del Proyecto CIVIR no fue su origen ideológico, sino su ejecución institucional en el mediano plazo. Lo que nació como una vanguardia para dinamizar al Estado y romper el cascarón de la burocracia puntofijista, terminó, en no pocos casos, siendo devorado por las viejas mañas que pretendía erradicar.
La unión cívico-militar era una autopista de doble vía: el pueblo se organizaba y la Fuerza Armada aportaba su disciplina y logística para la transformación social. Sin embargo, con los años, permitimos que una "derecha endógena", enquistada tanto en los despachos ministeriales como en los mandos intermedios, desvirtuara la esencia del proyecto. En lugar de militarizar la eficiencia, terminamos burocratizando la estructura militar. El asfalto, las misiones y la gestión pública comenzaron a ser vistos por algunos como botines de poder y parcelas de influencia, aislando el espíritu original del "cadete león" en un laberinto de adulación y complacencia. El "sí, mi comandante" terminó pesando más que la contraloría popular.
###* El por ahora y el para siempre*
Triandafila filma para una audiencia que necesita creer que el chavismo fue un accidente místico, una anomalía intelectual de un hombre que leyó a Nietzsche y decidió incendiar la pradera. Se equivocan. El ocaso del que hablan no es el del ideal, sino el de los métodos que caducaron por falta de crítica interna y por el secuestro burocrático del aparato estatal.
El Proyecto CIVIR, despojado de las caricaturas de la derecha, sigue siendo la columna vertebral de la resistencia de esta patria. Pero para salvarlo, debemos rescatarlo de los burócratas de oficina y de los teóricos de cafetín. Nietzsche no vestía de campaña, ni Chávez jugaba a ser Dios; simplemente, hubo un pueblo que encontró en su ejército el fusil y la pala para refundar una República, una verdad histórica que ningún documental de YouTube podrá borrar.
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
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