Por: Kelly J. Pottella G.
El orden energético global ha transitado de una crisis de precios a una crisis existencial de inventarios, donde el agotamiento del 80% de los yacimientos convencionales del planeta ha convertido a las reservas remanentes en el centro de gravedad de la seguridad internacional. En la actual coyuntura de transición de poder, el sistema internacional atraviesa una fase de entropía geológica que desplaza la seguridad energética desde la esfera del mercado hacia el núcleo de la seguridad nacional de las potencias hegemónicas. Bajo esta premisa de realismo estructural, el país ha trascendido su estatus convencional para constituirse en un Fideicomiso de Seguridad Hemisférica. Con un inventario certificado de 360.000 millones de barriles —tras la validación de activos en crudos extra-pesados como reserva estratégica—, la nación se posiciona como el activo de reserva terminal frente a una demanda proyectada por la OPEP de 123 millones de bpd para 2050, cuya viabilidad sistémica requiere una movilización de capital transnacional superior a los 18 trillones de dólares.
Desde la perspectiva de la sociología de las instituciones y el derecho internacional público, asistimos a la implementación de una Soberanía Funcional bajo Tutela Fiduciaria. Este fenómeno se cristaliza mediante la Licencia General No. 46, emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) el 20 de enero de 2026, y la Orden Ejecutiva 14373. Estos instrumentos operan como un régimen de lex specialis diseñado para neutralizar el riesgo jurisdiccional y garantizar la seguridad jurídica de las inversiones. La arquitectura de repatriación de capitales, centralizada en cuentas de depósito supervisadas en Qatar, representa una desterritorialización de la renta, donde la gestión técnica del Estado se circunscribe a una función de State Management bajo estrictos estándares de cumplimiento (compliance). Este modelo de Pax Energética busca el saneamiento de pasivos reputacionales mediante instrumentos jurídicos de amnistía y la reconversión de infraestructuras de control social en nodos de valor civil, cumpliendo con la hoja de ruta de estabilización necesaria para la reinserción en el sistema financiero global.
En el ámbito de la planificación estratégica, la doctrina de "Dominancia Energética" ha redefinido el entorno regional bajo el concepto administrativo-militar de "Golfo de América". Esta zona de exclusión y cooperación estratégica, blindada por una presencia disuasoria naval, garantiza la integridad de los 29 Contratos de Participación Productiva (CPP) y las inversiones de actores críticos como Chevron y NABEP. El objetivo geoestratégico es bidimensional: asegurar la carga base de energía necesaria para la infraestructura de Inteligencia Artificial de Occidente —cuya demanda eléctrica es exponencial y crítica para la soberanía computacional— y ejecutar un desplazamiento tectónico de la influencia de bloques extrarregionales. La integración del inventario energético nacional en el mercado occidental no es una concesión, sino el ejercicio de una autonomía estratégica que utiliza el recurso como escudo y motor de estabilidad frente a la hegemonía de potencias extrarregionales.
La profundidad histórica indica que el país se encuentra en un punto de inflexión donde el realismo de Estado debe sustituir a la confrontación inoperante. La reapertura de la misión diplomática bajo la conducción de la embajadora Laura Dogu y la validación de metas de producción de hasta 2.000.000 bpd señalan una reinserción pragmática en el orden global. Venezuela no es hoy un campo de batalla ideológico, sino un nodo de estabilidad funcional. La capacidad para gestionar con prudencia este fideicomiso de prosperidad determinará si la nación logra emerger de su crisis sistémica como el garante energético del hemisferio, preservando su viabilidad institucional mediante la adaptación inteligente a las realidades de la mayor potencia militar del mundo.
Nuestra soberanía no es una concesión del sistema internacional, sino el ejercicio irrevocable de nuestra voluntad que trasciende el tiempo y la geopolítica.
Hoy, nuestra principal voluntad es, simplemente, vivir.



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