Federico Brito Figueroa (1921-2000) intentó comprender la dinámica capitalista latinoamericana y, en nuestro caso, venezolana considerando conceptos teóricos no solo de gran potencia heurística, sino de carácter político-ideológico que ubicaron tanto a la región como al país en la división social imperialista del trabajo, fruto de las relaciones desiguales y combinadas impuestas por los centros metropolitanos de poder desde el siglo XVI hasta principios del XXI.
Las concepciones sociológicas y económicas burguesas redujeron la división internacional del trabajo a meras relaciones entre Estados nacionales y supranacionales, asunto que invisibilizó la lucha de clases.
Este historiador venezolano a partir de la teoría marxista —inspirado en Lucien Febvre, Marc Bloch, Fernand Braudel y Pierre Vilar— elaboró un cuerpo categorial que a) ubicó al continente latinoamericano en la división del mundo a partir de 1492; b) revalorizó la interpretación histórica a partir de la lucha de clases y c) consolidó la lectura de lo económico y lo social de América Latina y Venezuela desde la premisa de que el “ser social determina la consciencia social”.
Sobre la base de lo expuesto, el autor explicó el problema colonial y nacional, específicamente, venezolano tomando en consideración las características estructurales del sistema colonial/mundial. Este concepto teórico-político e ideológico desmitificó la noción de subdesarrollo y del atraso morfológico y funcional del país y la región. Por lo tanto, la acumulación originaria de capital estructuró la relación de dependencia y atraso entre el centro y la periferia. En consecuencia, la deformación estructural venezolana y latinoamericana es posible vislumbrarla a partir de las características del sistema colonial/mundial (siglos XVI al XXI).
De acuerdo con el autor, las referidas características estructurales del sistema colonial/ mundial permiten conjeturar que la nación venezolana se formó en las entrañas de la sociedad colonial. Esta situación es de gran importancia teórica y política ya que obliga al investigador/militante a reconocer su praxis en el marco de una nación oprimida, desmitificando las explicaciones teórico-políticas de los enfoques reformistas del desarrollo.



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