lunes, 2 de febrero de 2026

Es secuestro, no captura

 ISABEL RIVERO D' ARMAS

El que impone el lenguaje gana simbólicamente la batalla campal porque condiciona la interpretación de los hechos. El lingüista George Lakoff dice que interpretamos la realidad mediante marcos, que provienen de conocimientos que se han solidificado en el cerebro durante años y que aportan representaciones mentales que favorecen la interpretación de situaciones mediante ciertos modelos que se alimentan de creencias falsas, por ejemplo, los que las trasnacionales de la comunicación del capitalismo global nos inoculan para manipular el procesamiento de los hechos como vincular la inmigración con la criminalidad.

Mediante los marcos, que son especies de estructuras mentales que nos ayudan a organizar el conocimiento, formamos juicios de valor. Por esto, lo que no encaja en ellos, así sea algo científicamente probado, lo rechazamos, o descartamos.

Un macromarco cognitivo es el de la familia sustentado en la relación que tenemos cada uno de los miembros con la figura dominante que es, por lo general, el padre, que puede ser autoritario o protector.

El padre estricto dice a sus hijos qué normas tienen que cumplir y castiga cuando no obedecen. Este es el marco del liberalismo, regido por la falacia de que este sistema genera prosperidad gracias al esfuerzo personal. Algo así como “eres pobre porque quieres” (no te esfuerzas). Ser próspero entonces se asocia a lo correcto y lo moral, mientras el comunismo o socialismo se rige por la falacia de que este sistema genera pobreza y, por ello, es inmoral; los derechos (a la educación y a la salud) se transforman en regalos inmerecidos porque, por ejemplo, “hay que ganarse la posibilidad de estudiar, a una buena alimentación, a la salud”.

Con el marco cognitivo del padre autoritario, hemos sido manipulados desde hace mucho cuando nos dicen que no somos capaces de aprovechar nuestros recursos, porque somos naciones infantiles, subdesarrolladas o en vías de desarrollo, y que, por ello, necesitamos que alguien nos diga cómo hacerlo. Esto irrespeta la soberanía de una nación, por lo que hacerla respetar merece un castigo, que se materializa en sanciones, entiéndase medidas coercitivas, que más que económicas son morales. Es la moral del marco del padre estricto.

Este marco se activa con estrategias que vienen a constituir un marco menor una vez que controlan la interpretación de los hechos. Una de ellas es la justificación de las acciones del grupo económico dominante mediante la legalización, mientras que las acciones del grupo que es objeto de linchamiento son consideradas injustificadas y, en consecuencia, se condiciona a interpretarlas como ilegales (o mejor inmorales).

Esta fue la estrategia utilizada por parte de las transnacionales mediáticas del capitalismo global que, más que “informar”, desinforman. Así ocurrió con el reporte de la agresión militar estadounidense a la República Bolivariana de Venezuela este 3 de enero, en que el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de la primera dama, fue llamado intencionalmente “captura”, y así justificar esta acción.

Decir “captura” implica la activación del marco del padre autoritario en que él toma acciones apegadas a la moral conservadora, pero fuera de lo legal para castigar al hijo descarriado. De ahí que los cargos que se le imputan al mandatario se dan sobre la base de una interpretación propia de un adversario político, que no es otra cosa que la de un hijo desobediente.

Es secuestro, no captura, porque se irrespeta el derecho internacional: se viola la inmunidad de jurisdicción que impide a los tribunales extranjeros someterlo a procesos legales. Esta situación convierte al presidente en un prisionero de guerra. Decir “captura” por secuestro es manipulación discursiva, es falsear la realidad o crear una paralela a conveniencia.



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