viernes, 23 de enero de 2026

Presidenta encargada: Ley de Hidrocarburos permitirá captar inversiones para activar campos nunca explotados

Reforma a la Ley de Hidrocarburos y Ley de Derechos Socioeconómicos aprobadas en 1era discusión

Acto de Entrega de Recepción de las Academias Militares de la UMBV.

Nicolás Maduro Guerra en la marcha de trabajadores de la salud por la libertad de Maduro y Cilia

Muere Walter Martínez: Tributos de los programas 360° y "El Mundo en Contexto" de VTV

Chávez Gigante: ¡Estamos resueltos a ser libres, no habrá imperialismo que nos detenga!

Columna de Juan Martorano 470: ¡Hasta siempre Donald!.

 *JUAN MARTORANO

Partir y no regresar, es sin duda el recorrido de un nuevo camino para el que se va y un gran pesar para los que se quedan…


¿Adonde irá el artista cuando muere?


¿Adonde irá el que lucho como potro sin rienda por su gloria?


Adonde, Adonde…


¿Será el átomo de futuras mentes?


¿En los anales históricos será olvido?


¿Será fulgor en la vencida tarde?


Quizá orgullo de poeta sea
darte el postrimer adiós,


En versos recordar tu nombre


Y al creador eterno ofrecer tu alma.

Sin duda, la muerte es uno de los fenómenos naturales que une a todos los seres humanos y hace que nos encontremos en nuestras diferencias, no tiene prejuicios, de modo que es capaz de arrancar la vida igual a ricos y a mendigos. Cuando se pierde a un ser querido la sensación de vacío es una de las más terribles que se pueda experimentar. Los pueblos latinos somos sentimentales y melancólicos por naturaleza, seguramente, producto de la mezcla de la furia y del sentimentalismo negro, el tradicionalismo europeo y la magia y el respeto indígena. De manera que somos pueblos muy apegados a la tierra, al pan y al amor por nuestras familias, es por esta razón que la muerte es un paso doloroso para los que se quedan añorando al que se ha ido.

La tarde del 22 de enero de 2026 será recordada como una de las más infaustas de nuestro país, por la partida de tres grandes: Walter Martínez, gigante del análisis geopolítico, de Emil Zabala, cineasta que retrató iconos deportivos y de mi amado Donald Myerston.

Que duro y que difícil es levantarse y escribir con esta infaustas noticias. Y sobre todo dedicar unas líneas al ultimo de los mencionados, por formar este parte de mi circulo más cercano.

Pero más duro es, escribir y no tener a un hombre de la calidad de Donald (el bueno) que siempre tuvo críticas a los aportes que hacía, pero también tuvo palabras de elogio y aliento cuando lo hacíamos bien.

Hoy, ante este reto inconmensurable de escribir con los ojos llenos de lágrimas al enterarme de la trágica noticia de tu partida. No escribo sobre el productor o el director de cine. Hoy acudo en esta edición para rendir tributo y honra a tu memoria y a tu legado como amigo, como padre y como extraordinario ser humano que no se fue, sino que simplemente cambio de paisaje.

Este enero ha sido tan duro y cruel, que no solo concreto una agresión a nuestra patria, sino que toda la vorágine de acontecimientos no me permitió recordar el primer año de la partida de mi querido Isaías ocurrida el 12 de enero del año pasado, y como si fuera poco, ahora el destino vuelve a golpearme con esta noticia triste que no hubiese nunca querido recibir, y que duele profundamente en el alma y en el corazón.

Fue un día cualquiera, no lo recuerdo exactamente, el mes y el día, pero fue en 2020 cuando producto de la necesidad de un techo, escribí sobre la necesidad de una vivienda. Y nuestra querida Viveca fue una de las primeras que me recibió en el caserón inmenso. En ese momento no me fui allí porque no me encontraba listo. Pero cuando las almas buenas y brillantes surgen, el destino se encarga de juntarlas.

Porque, vaya que hay que decirlo, yo no solo tuve un techo o un espacio en el cual encontrar refugio. Realmente querido Donald junto a Viveca, ustedes desde hace un poco más de año y medio me dieron un verdadero hogar, porque no es solo un techo que te da cobijo o un refugio sino un lugar en el que me he sentido verdaderamente cómodo y en casa, y sobre todo en un momento particularmente duro. Y en el que tu opinión fue determinante para poder estar en ese maravilloso espacio. Nunca tendré palabras y me alcanzará la vida para agradecértelo.

Ahora, cuando me encuentro en plena escalada hacia el retorno, que difícil será llegar y no encontrarte. Sin duda tu carácter, tu forma metódica y organizada de disponer todo, pero a la vez la manera que disponías todo para los que habitamos en el hogar que junto a Viveca nos has dado, creo que de alguna manera recojo el sentimiento de mis compañeros y hermanos Bernie y Luvi, nos sintamos cómodos, sin duda dejan un vacío que nadie podrá llenar.

Cuanta falta me hará querido Donald, llegar a la casa y buscarte. Cuando te veía en tu oficina leyendo, y siempre hacías un alto para conversar. Siempre Viveca me decía que él que estaría contento porque al igual que ella, tú me seguías desde hacía tiempo y bueno Dios te dio la dicha de que nos encontráramos en estos caminos.

Pero aunque pareciera que te sentías honrado, yo creo que la cosa es al revés. El honor era verdaderamente mío, porque a pesar de mis obligaciones y tareas, siempre tenía tiempo para escucharte. Realmente eres una institución, pero no tanto por tus vastos conocimientos sino por tu don de gente.

Así como tu disciplina y carácter que recuerdo y honro en estas líneas, debo destacar que lo que más recordaré será tu risa luminosa y cálida. Cuando te reías de mis ocurrencias o anécdotas porque antes que analista o escritor, antes soy por encima de todo humano. Gracias Donald por esos toques de humanidad que me regalaste y que atesoraré en mi corazón por siempre.

Algunos hablan del reto de la página en blanco pero mi reto hoy fue como escribir de ti cuando las lágrimas inundan tus ojos y la seductora nostalgia se agolpa en la mente, los recuerdos afloran y el corazón se arruga y rompe ante noticias tristes.  

Pero este homenaje y tributo que te rindo hoy me recuerda que nuestros seres amados no mueren cuando parten físicamente sino cuando dejamos de amarlos y recordarlos.

Además, porque la familia es mucho más que los lazos de sangre. La familia, y modestamente me precio de señalar que la mía es bien extendida, también la compone el afecto, la solidaridad, el amor, la empatía y todo lo que tu en tu paso representaste para muchos y muchas.

Tu nombre querido amigo, pero sobre todo padre, no quedará grabado en una fría lápida sino en tinta indeleble en nuestros corazones.

Como diría mi madre, los verdaderos afectos, los verdaderos amores los conocemos en la enfermedad, en la cárcel y en los momentos verdaderamente duros y difíciles, y en esos estuviste presente para mí querido Donald. Por eso nunca podré olvidarte.

No sabes como lamento el no poder estar físicamente para poder despedirte. Pero en medio de la tristeza y las lágrimas, si te abrazo desde mi alma y conciencia dándote el hasta siempre. Como ya te lo he expresado, siempre recordaré tus palabras, tus sabias enseñanzas, tu risa cálida y luminosa como un faro que además será guía de lo que me quedé de vida, el abrazo eterno que siempre me brindaste.

Ahora, estas en la presencia de Dios, y por lo menos en lo personal, te pido que intercedas ante nuestro creador para que me siga protegiendo, para que me dé luz y sabiduría para las decisiones y acciones que debo seguir tomando, tanto en lo político, en lo profesional, como en mi vida personal.

Y para cerrar, porque nunca las palabras alcanzarán para describirte, y como amante de la poesía, aunque me cuesta mucho escribirla, regalarte los  versos de una hermosa canción cristiana llamada «Cómo han caído los Valientes», como manera de honrarte en esta hora póstuma, y recordarte por siempre.

«Como han caído los valientes»

Angustia siento por ti, hermano mío

Salva tu alma infeliz entre espinos                      

Cuan dulce fue estar

La verdad te voy a extrañar

Ligero eras aun mas

Que las águilas.

Como han caído los valientes

Como las armas en la guerra

Caídos mas no destruidos

Derribados mas no vencidos

Mi alma guarda la fe en Cristo

Que en su venida estaremos reunidos

Y volverás a reír

Brillara tu genio infantil

Y cuando suene el clarín

Volverás a vivir.

Como han caído los valientes

Como las armas en la guerra

Caídos más no destruidos

Derribados mas no vencidos

Como han caidos los valientes

Aguardaran el dia durmientes

La orden final que los defienden

Saber que vive por los siglos

Saber que vive por los siglos.

Hasta siempre Donald

* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.comj_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano



El frente de batalla decisivo: la moral

 Carolys Helena Pérez González

Lo que atravesamos como pueblo venezolano no es una reacción emocional aislada ni un problema de carácter. Es estrés colectivo inducido. Tras el bombardeo del 3 de enero, el impacto no fue solo material: fue psicológico, simbólico y político y como lo sabemos en la arquitectura contemporánea de los conflictos, ese es el objetivo central, pues desde hace bastante rato las guerras ya no se libran únicamente sobre territorios; se libran sobre la percepción, la moral y la capacidad de los pueblos para sostenerse en el tiempo.

La mejor manera de ilustrarlo es visitando la psicología social y las neurociencias que describen con claridad este fenómeno. Ante eventos violentos e inesperados, las comunidades entran en hiperactivación del sistema nervioso: miedo persistente, irritabilidad, dificultad para concentrarse, sensación de amenaza constante. Es una respuesta humana, predecible y estudiada. Precisamente por eso, es utilizada como herramienta de la guerra cognitiva: alterar el clima emocional colectivo para erosionar la cohesión social y quebrar la voluntad política sin necesidad de ocupación directa.

El comandante Chávez lo advirtió tempranamente cuando insistía en que la moral es un frente de batalla decisivo. No hablaba de optimismo ingenuo, sino de soberanía emocional. Sabía que cuando un pueblo pierde la calma y la claridad, comienza a perder también su capacidad de decidir. La provocación, el miedo amplificado y la incertidumbre sostenida buscan eso: desorganizar por dentro.

En este contexto, cuidarse no es replegarse. Es resistir con inteligencia. La evidencia científica es contundente: las redes de apoyo social son el principal factor protector frente al trauma colectivo. Comunidades que hablan, se acompañan, mantienen rutinas, comparten información confiable y se organizan, reducen el impacto del estrés y fortalecen su resiliencia. La resiliencia comunitaria no es una consigna; es una capacidad construida en el vínculo, en la cooperación cotidiana, en la confianza compartida.

Las mujeres vuelven a ocupar un lugar central en este momento histórico. No por mandato biológico, sino por realidad social. Son ellas quienes, en muchos hogares, están conteniendo a hijos e hijas que no comprenden del todo lo que ocurre, pero que perciben con claridad el clima emocional. La ciencia del desarrollo infantil es clara: los niños no necesitan silencios ni dramatizaciones; necesitan explicaciones honestas, afecto, límites al bombardeo informativo y adultos emocionalmente disponibles. Ese trabajo invisible es hoy una primera línea de defensa colectiva.

No perder la moral no significa negar el miedo. Significa no permitir que el miedo gobierne nuestras decisiones. Significa regular el cuerpo, pensar en conjunto, no caer en la fragmentación que el adversario necesita para avanzar. La guerra cognitiva apuesta al aislamiento, a la desconfianza mutua, al agotamiento. La respuesta debe ser exactamente la contraria: organización, cuidado, pensamiento crítico y afecto político.

El escenario internacional exige decirlo sin ambigüedades: la desestabilización emocional de los pueblos es hoy una táctica aceptada en los manuales de conflicto. Nombrarla no es victimismo; es defensa. Comprenderla es recuperar agencia y sobretodo resistirla es sostener la dignidad.

Venezuela no es un pueblo frágil. Hemos sido un pueblo sometido a una presión extraordinaria, que una y otra vez ha demostrado capacidad de recomposición. Nuestra historia está hecha de golpes y de respuestas, de heridas y de comprensión colectiva, cada vez que han intentado quebrarnos por dentro, hemos encontrado en el abrazo, en la organización y en la conciencia una forma de seguir.

Hoy, más que nunca, cuidarnos es una tarea política. Abrazarnos en medio del miedo no es rendición: es negarnos a entregar nuestra vida emocional como botín de guerra. Aquí seguimos con la moral en el sitial de honor, juntas y juntos, pensando, sosteniéndonos, resistiendo, como siempre, como cada vez… Nosotras y nosotros venceremos, ¡palabra de mujer!

Trinchera de ideas|Ante la agresión imperialista, decimos con Bolívar:

 "Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo"

La incursión militar de Estados Unidos en Venezuela es expresión del talante intervencionista que ha caracterizado a ese país casi desde el momento de su creación en 1776. Una raza maldita surgida de europeos empobrecidos expulsados de sus países e imbuidos de un supuesto don divino que, según ellos, los convirtió en un pueblo elegido por Dios, se dio a la tarea de inventar un país después de exterminar a los pueblos originarios que desde tiempos inmemoriales vivían en ese territorio. A partir de entonces, su resentimiento, su odio contra la humanidad y su sed insaciable de destruir todo lo que no sea de ellos o apoderarse de lo que necesitan a través de la imposición y la fuerza, es la característica de un Estado cuyas élites lo han hecho despreciable para una buena parte de la humanidad, mientras que otra parte, medios de comunicación mediante, lo han transformado en un paraíso donde muchos quieren ir, a pesar de que son maltratados, despreciados y explotados.

En el caso de Venezuela, la acción intervencionista de Estados Unidos ha estado presente desde los tiempos de la lucha por la independencia. Sin embargo, en ese momento, el Libertador entendió que ellos, igual que los ingleses, eran “aliados eventuales y muy egoístas”. En ese contexto, Bolívar recomendó dialogar y negociar con ellos usando “un lenguaje dulce e insinuante para arrancarles su última decisión y ganar tiempo, mientras tanto”.

Como una maldición perversa venida desde el Norte, cada vez que comienza un siglo (ha ocurrido en los tres de la vida republicana), Estados Unidos eleva sus garras al nivel de zarpas para agredir al país en un nivel superior. Al empezar el siglo XIX, tras su encuentro con el enviado especial del presidente Monroe, Juan B. Irvine, en 1818, el Libertador comprendió el carácter intervencionista y agresivo del país del Norte cuando constató que los puntos de vista de Irvine eran radicalmente opuestos a los suyos, lo cual impidió llegar a acuerdos.

Bolívar le hizo saber al diplomático estadounidense que no aceptaría intromisiones de su país en los asuntos internos de Venezuela; asimismo, en el caso particular que se debatía referido al bloqueo del río Orinoco por parte de las fuerzas patriotas, rechazó contundentemente la posición de Irvine cuando pretendió dictar pautas respecto del derecho de Venezuela a tomar medidas políticas o militares para el mejor desarrollo de la guerra contra el colonialismo español.

Cuando comenzó el siglo XX y durante sus primeros años, Estados Unidos empezó a desarrollar una abierta intervención en los asuntos internos de Venezuela, teniendo como eje el manejo del negocio petrolero que transformó a Venezuela —en la primera mitad de esa centuria— en uno de los grandes productores y exportadores mundiales, quedando signado el país por esta huella que le generó una identidad particular en el coro de las naciones hasta los días que vivimos.

El siglo XIX venezolano se caracterizó por una larga seguidilla de gobiernos militares, donde la autocracia y el caudillismo caracterizaron la gestión gubernamental ante la debilidad institucional y la ausencia del Estado en importantes regiones del país. Dos figuras, José Antonio Páez y Antonio Guzmán Blanco, coparon el quehacer de la vida política.

Parecía que ese siglo finalizaría bajo esa marca y así lo refleja la memoria de la “historia oficial”; sin embargo, la llegada al poder de Cipriano Castro establece —además del enlace entre dos siglos— la señal de lo que sería una propuesta de transformación del país en su relación con las formas de dominación y subordinación del mismo al capital imperialista. Aunque la forma de llegada al poder de Castro no significó mayor diferencia respecto a la de sus antecesores y siendo que su discurso no variaba —en esencia— del que los caudillos de la época trazaban, su negativa a satisfacer las reclamaciones financieras de naciones europeas que optaron por el ataque, bombardeo y posterior bloqueo de nuestras costas, marcó para la República un punto de inflexión del devenir político en su trato con Estados Unidos y el resto de potencias del Viejo Continente.

En el contexto de la época, debe hacerse mención, como hecho notorio, de que el embajador de Estados Unidos en Venezuela, Francis Loomis, había sido acusado de conspirar contra el Gobierno venezolano bajo presión de la empresa New York and Bermúdez Company. Esta compañía había logrado una concesión maderera —sin autorización del Estado venezolano— a través de una transferencia recibida de Horace R. Hamilton y George A. Phillips, empresarios privados que la habían obtenido en 1884 durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco para la explotación de “recursos naturales”.

El Gobierno de Venezuela rechazó la transferencia cuando se descubrió que el territorio en cuestión estaba en las inmediaciones del lago de asfalto más grande del continente, el gigantesco lago Guanoco. La Bermúdez Company había tenido innumerables pleitos con gobiernos anteriores al no poder demostrar la validez de la concesión y los términos de la operación.

El gobierno del presidente Castro inició acciones legales para lograr la conculcación de la concesión, con lo que se inició un gran conflicto con el Trust del Asfalto que ejercía alta influencia en el Gobierno de Estados Unidos.

Este país dispuso la cantidad de 130 mil dólares para financiar la conspiración llamada Revolución Libertadora. La Bermúdez Company decide —en los primeros años del gobierno de Castro— acercarse a Manuel Antonio Matos, un banquero, devenido en general, opositor furibundo a Castro al sentirse afectado por la ruptura del presidente con el sector financiero. Matos se da a la tarea de organizar un ejército uniendo a todas las facciones que adversaban a Castro. Aunque logró el apoyo de la Compañía Francesa del Cable Interoceánico y la alemana del Gran Ferrocarril de Venezuela, quienes ofrecieron ayuda logística y financiera a la “Libertadora”, Matos es derrotado en la Batalla de La Victoria el 2 de noviembre de 1902, poniendo fin a la intentona y consolidando el poder de Castro en la conducción del país. Loomis es removido de su cargo y sustituido por Herbert W. Bowen, personaje que va a tener notoria participación en los hechos que iban a vivirse en fechas posteriores.

Hacerse de la economía venezolana en plena expansión petrolera era una ambición no enmascarada por las potencias europeas. En estas condiciones, supuestos países adeudados apelaron al cobro compulsivo de esa “deuda” sabiendo que esta solución no era factible en las condiciones que lo exigían, por lo que recurrieron a la intervención militar.

Los hechos se desataron cuando fuerzas navales de Inglaterra, Alemania e Italia asaltaron y posteriormente destruyeron de manera parcial los puertos venezolanos para finalmente bloquearlos, al mismo tiempo que bombardearon Puerto Cabello e hicieron un intento fallido para desembarcar en las costas del estado Zulia que no se consumó por las particulares condiciones de navegación en el lago de Maracaibo y la contundente respuesta de las fuerzas armadas venezolanas apostadas en el castillo de San Carlos de la Barra, ubicado en la entrada del lago. Días después, Francia, Holanda, España, Bélgica y hasta México se unieron a la reclamación.

La respuesta del presidente venezolano conmocionó al país cuando el 9 de diciembre de 1902 proclamó: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”. En un primer instante se supuso que Estados Unidos daría una contundente respuesta a la agresión europea en el marco de la aplicación de la Doctrina Monroe; sin embargo, esto no ocurrió. La explicación del Gobierno estadounidense se fundamentaba en que la misma no era aplicable en situaciones de incumplimiento de compromisos por alguna nación americana.

Esta actitud, que aparecía como una respuesta neutral al hecho acaecido, escondía —sin embargo— la verdadera intención del nuevo imperio al fijar los límites de acción de la intervención europea, estableciendo que ella fuera solo una medida de presión para cobrar la deuda, pero impidiendo la profundización de la operación militar para que no llegara a una invasión con tropas, acción solo concebida en nuestro continente para su realización por parte del ejército de Estados Unidos en el marco de la aplicación de la Doctrina Monroe, demarcando —de esta manera— y con precisión, el ámbito de su influencia expansionista.

Contraria a la aplicación de la Doctrina Monroe, desde América Latina surgió una propuesta transformada en materia de doctrina de derecho internacional americano a partir de la posición fijada por el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina Luis María Drago, que expuso la ilegalidad de las acciones militares para cobrar deudas surgidas de empréstitos contraídos por el Estado. Por su parte, el argumento del presidente Roosevelt para oponerse a la Doctrina Drago se fundamentó en que la intervención en un país no se contradecía con la propuesta del jurista argentino si no estaba ligada a la conquista de territorios.

Sin embargo, dicha acción y la actuación del Gobierno estadounidense a través de su representante en Caracas fueron una clara intervención en los asuntos internos del país, trocando en su favor la actitud desmesurada de una Europa que veía decaer su poder en el continente. En medio de la debilidad estructural del sistema político venezolano y de su absoluta precariedad financiera, el presidente Castro se vio obligado a negociar con los deudores el pago de las acreencias, nombrándose al embajador Bowen como negociador por Venezuela después de haberse aceptado la mediación de Estados Unidos en el conflicto. Se firman así los Protocolos de Washington, sin que ningún venezolano tuviera “arte ni parte” en la gestión de los mismos. Cada uno de estos 10 instrumentos —uno con cada nación acreedora— fue acordado por Bowen con estos países.

Es ampliamente conocido que Bowen tomó decisiones propias sin consultar al Gobierno venezolano. Los Protocolos son una verdadera afrenta a Venezuela y una imposición fuera de toda cordura al interés nacional. Bowen adujo que tanto él como su presidente ya se habían comprometido con los reclamantes bajo esas condiciones, que resultaban perniciosas para Venezuela, pero que no podían modificarse.

Huelgan comentarios respecto al tenor de la negociación al margen no solo del Derecho Internacional Público, sino también del Derecho Internacional Privado, pero más allá de la Doctrina, está sólidamente sustentado en documentos que reposan en poder de la República que la deuda reclamada era sencillamente inexistente, que no había pruebas que la respaldaran y que las reclamaciones eran inviables porque los reclamantes no tenían derecho a ella, incluso porque los documentos utilizados habían sido ilegalmente forjados.

Todo este suceso, que se hubiera podido solventar mediante una negociación bilateral con cada una de las partes, fue en realidad el instrumento perfecto para la medición de fuerzas entre Estados Unidos y las potencias europeas. Europa quiso saber cuánta fuerza había acumulado Washington en su afán de aplicar la Doctrina Monroe. Estados Unidos, por su parte, quería que los países americanos entendieran que sus intereses económicos en el continente iban a ser salvaguardados a cualquier costo.

Por esta razón había que ponerle coto al intento nacionalista que el general Cipriano Castro intentaba en Venezuela. Una mezcla de instrumentos militares, presión económica e injerencia diplomática habían resuelto este conflicto a favor de la naciente potencia imperialista, fallando a favor de sus aliados europeos y sembrando un precedente de lo que sobrevendría en el siglo XX americano.

En 1904, Estados Unidos implementó el Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe, mediante el cual se autoatribuía la “responsabilidad” de intervenir en cualquier país del continente si se ponía en peligro o se amenazaba la propiedad o los derechos de las empresas estadounidenses. Fue un complemento necesario para Estados Unidos en los inicios de su etapa imperialista.

El incumplimiento de los pagos acordados en los Protocolos de Washington fue la justificación para el golpe de Estado que Juan Vicente Gómez, cercano a Castro, pero más proclive a los intereses extranjeros, le diera en 1908 a quien era su jefe y amigo. Es importante decir que la propia Embajada de Estados Unidos en Venezuela había informado a su gobierno en 1907 que el Gobierno venezolano había terminado de cancelar la deuda con las potencias agresoras tal como se había establecido en las instancias jurídicas y que se disponía a pagar la deuda minoritaria a otros países acreedores.

Estos hechos mantuvieron las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela en una situación de franco deterioro en la medida en que se adentraba el siglo. Las potencias extranjeras nunca cesaron en su intención de derrocar al gobierno de Castro. Este no consiguió sostener la alianza que había logrado construir ante la invasión extranjera, ni siquiera pudo mantener la unidad de su partido, el Liberal Restaurador, en el cual Juan Vicente Gómez comenzó a liderar una camarilla de descontentos con Castro. Ante la enfermedad del presidente, se empieza a vislumbrar la posibilidad de su salida del poder. Diversas facciones pugnaban por desplazar al mandatario que convalecía, pero fue Gómez quien inició contactos con el Gobierno norteamericano con el objeto de obtener su apoyo para una futura conspiración.

La partida de Castro hacia Europa a fin de recibir tratamiento médico puso en funcionamiento la confabulación interna que tuvo en Estados Unidos un evidente aliado. El propio secretario de Estado de Estados Unidos, Philander Knox, se puso al frente de dicha componenda ofreciendo sustento para un golpe de Estado; además, convocó a las potencias europeas para lograr su apoyo. El 19 de diciembre fue la fecha elegida para consumar el ascenso de Gómez al poder mientras el presidente Castro permanecía en Europa. En breve, arribaron a La Guaira los acorazados de guerra estadounidenses Maine, Des Moines y North Carolina. Así mismo, el alto comisionado de Washington William I. Buchanan llegó a Caracas para ofrecer el respaldo irrestricto del Gobierno estadounidense a Gómez. A cambio, este se comprometió a variar la política nacionalista de Castro por una a favor de inversionistas extranjeros y sus países.

Las circunstancias políticas en que se desarrolló la dictadura de Juan Vicente Gómez trazaron la señal sobre la cual iba a desarrollar su política exterior, en particular en su relación con Estados Unidos. Durante su gobierno, la industria petrolera pasó a transformarse en el centro de la economía y en el eje sobre el cual giraba el quehacer de la República. Su afán de sostenerse en el poder mediante la represión contó siempre con el apoyo de Estados Unidos, que se hizo de la “vista gorda” ante los innumerables hechos que violentaban cualquier obligación democrática.

El interés en los gigantescos recursos energéticos de Venezuela para un país en expansión que emergía al siglo XX como primera potencia industrial y financiera del mundo después de su irrupción en la guerra hispano-cubana, y la firma del Tratado de París de 1898 y su apropiación del territorio de Panamá donde construiría el canal, pero, sobre todo, donde instalaría un enorme poderío militar para ejercer su labor de control del hemisferio occidental. Necesitaba del dominio y vigilancia de las gigantescas reservas petrolíferas que emanaban a raudales del subsuelo venezolano. Nada más útil a sus intereses que un gobierno servil y corrupto al que pudieran manejar a su antojo.

Casi cien años después, en la agonía de ese siglo y comienzo del XXI, Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. Se propuso —a partir de la aprobación de una nueva Constitución— cambiar las reglas de juego para que fueran los venezolanos quienes usufructuaran la enorme riqueza nacional. La respuesta de Washington fue casi automática: en abril de 2002 organizaron, armaron y financiaron un golpe de Estado contra el presidente Chávez, quien fue repuesto por el pueblo en su cargo en menos de 72 horas. Así mismo, desde Estados Unidos se ordenó un sabotaje a la industria petrolera que generó pérdidas directas por ventas no realizadas por casi 15 mil millones de dólares, una contracción del 9% del PIB de 2003 y el abandono de la industria de unos 18.000 trabajadores calificados, todo lo cual ocasionó un impacto significativo en el fisco nacional por la reducción de ingresos fiscales.

Aunque Venezuela logró reponerse de este duro golpe a su economía, al igual que en el Chile de Salvador Allende cuando el consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos Henry Kissinger ordenó “hacer gritar” la economía chilena, a partir de entonces, Estados Unidos hizo uso en Venezuela de su amplio arsenal de instrumentos de agresión contra los gobiernos de los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro, quien asumió en 2013.

En este ámbito podemos anotar: financiamiento de la oposición, intentos de fracturar la Fuerza Armada, alianza con el narcotráfico y las bandas paramilitares colombianas, alianza con la delincuencia organizada interna, sabotajes a la industria petrolera, a la industria eléctrica y al Consejo Nacional Electoral, intento de asesinato del presidente Maduro y otros altos dirigentes del país, invasión por mar, invasión por tierra con apoyo de los presidentes colombianos, alteración artificial del precio de la moneda venezolana, creación de una organización internacional denominada Grupo de Lima para derrocar al Gobierno de Venezuela, casi 1.000 sanciones a líderes venezolanos y a su industria petrolera, declaración de Venezuela como una amenaza "inusual y extraordinaria" a la seguridad nacional de Estados Unidos, campañas de mentiras, tergiversaciones y falsificaciones de la realidad nacional a través de los medios corporativos de comunicación, actividades conspirativas de la Embajada de Estados Unidos en Caracas y una larga lista de otras acciones.

En tiempos recientes se pasó al despliegue de una flota en el mar Caribe para impedir el comercio petrolero de Venezuela y posibilitar la destrucción de pequeñas embarcaciones de pescadores, la autorización a la CIA para realizar operaciones encubiertas contra el país hasta llegar a una incursión armada que produjo la muerte de 83 ciudadanos, heridas a más de 100 y el secuestro del presidente Maduro y su esposa.

El Gobierno nazi que se ha entronizado en Estados Unidos solo tiene parangón en la historia en su antecesor alemán Adolfo Hitler durante el siglo pasado. El talante imperialista propio de Washington, casi desde su nacimiento como país, ha llegado a niveles nunca antes vistos. Nosotros, en Venezuela, tenemos la responsabilidad de resistir este momento tenebroso de la historia, y el mundo tendrá que decidir si acepta luchar contra la expansión del nazismo o convivir armoniosamente con él. Antes fue Palestina, Irán, Yemen, el este de Ucrania, Sudán, la República Centroafricana, Haití y Venezuela. Groenlandia y Europa están a punto de sumarse a la lista.

Pero así como cada cien años sufrimos en lugar cimero el incremento de la brutalidad y la irracionalidad estadounidense, también tenemos presente que, cuando el poeta Pablo Neruda le preguntó al Libertador: “Padre, […] ¿eres o no eres o quién eres? Él le contestó: "Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".

 

Sergio Rodríguez Gelfenstein

 

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Ahora los pueblos | Ceguera imperial (I)

 Todos los pueblos del mundo que han luchado por la libertad

han exterminado al fin a sus tiranos. (1)

Simón Bolívar

Los bombardeos sobre Venezuela que presenciamos en la madrugada del 3 de enero pasado han implosionado las normas del sistema internacional, dejando claro al mundo que se ha impuesto la barbarie como el nuevo orden. Este acto de soberbia imperial, lejos de ser una demostración de fuerza, expone la debilidad y desesperación del hegemón en su crisis terminal.

Estados Unidos inició el 25 de agosto de 2025 una escalada militar en el Caribe, que implicó un despliegue aeronaval masivo frente a las costas venezolanas, involucrando a unos 4.000 efectivos, buques y aeronaves, bajo el argumento del combate al narcotráfico, narrativa que no lograron posicionar en la opinión pública internacional. El 23 de septiembre, Donald Trump lanza una amenaza directa al Gobierno venezolano: “Los vamos a bombardear para que dejen de existir, no tenemos más opción que eso”.

Para diciembre de 2025, el Gobierno estadounidense impuso un bloqueo naval para impedir las exportaciones del petróleo venezolano, movilizando a 15.000 soldados y activos aéreos estratégicos como drones y aviones hacia bases en Puerto Rico. Ante la firmeza y determinación del presidente Nicolás Maduro, que en todo momento señaló que la salida a la actual crisis era el diálogo y la negociación entre iguales, la administración Trump debió recurrir el 3 de enero de 2026 a la Operación Determinación Absoluta, una incursión militar que, lejos de lo declarado, no fue nada quirúrgica, puesto que incluyó bombardeos en Caracas y otras zonas estratégicas del país, resultando en el secuestro del presidente constitucional y la primera dama, con el lamentable saldo de un centenar de efectivos cubanos y venezolanos asesinados por las fuerzas de ocupación.

Históricamente, Estados Unidos ha realizado agresiones militares en la región del Caribe en diferentes momentos: Intervención y ocupación militar en la República Dominicana (1916), Invasión de Playa Girón en Cuba (1961), Invasión a Granada mediante la Operación Furia Urgente (1983), Invasión a Panamá Operación Causa Justa (1989). Contra Venezuela y en el contexto de la disputa por la Guayana Esequiba, el Comando Sur procedió a realizar ejercicios militares conjuntos con Guyana entre 2023 y 2024. Siendo esta agresión militar contra Venezuela de una particularidad y complejidad que exige afinar los elementos para su análisis:

Contexto mundial

La contradicción fundamental en la que se debate el mundo hoy es entre la hegemonía unipolar de Occidente liderada por Estados Unidos y un nuevo orden multipolar y pluricéntrico. Este conflicto entre potencias tiene un carácter híbrido y asimétrico, cuyas tensiones a partir de la voladura de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 en el mar Báltico en septiembre de 2022 alcanzaron un punto de no retorno que se expresa en la guerra de Ucrania entre la OTAN y Rusia por el dominio sobre el mercado europeo del gas. Estos conflictos híbridos combinan simultáneamente tácticas militares convencionales y no convencionales que involucran fuerzas militares regulares y grupos armados irregulares o mercenarios. Ciberguerra con ataques remotos a infraestructura militar o estratégica.

Ámbito económico

El sistema económico global está marcado por la dependencia energética a los hidrocarburos, la cual no han podido superar ni las potencias hegemónicas ni las emergentes, lo que tensa la guerra por el control de estos recursos, sumados más recientemente a los minerales y tierras raras, útiles para el desarrollo de la inteligencia artificial. El avance de las economías emergentes agrupadas en los Brics+ marcan un desplazamiento del eje de poder político-económico del Atlántico Norte al Pacífico y Eurasia.

Este desplazamiento del eje de poder político-económico abre paso a una nueva división del trabajo regionalizada geopolíticamente. Es decir, Latinoamérica pretende tener voz propia en este reordenamiento mundial, debe hacerlo desde la conformación de un bloque regional, por lo que se impone un entendimiento que supere las diferencias políticas e ideológicas y priorice la supervivencia de sus Estados-naciones en ejercicio pleno de su soberanía sobre sus territorios e ingentes recursos.

Anabel Díaz Aché

Fuentes consultadas:

(1) Bolívar, Simón. Manifiesto de Bolívar, dirigido a las naciones del mundo, Valencia, 20 de septiembre de 1818. Disponible en:

https://archivodellibertador.gob.ve/archlib/web/index.php/site/documento?id=10098#:~:text=Descripci%C3%B3n:%20%7B%7B%7BExposici%C3%B3n%20de%20los%20hechos%20del%20Comandante,independencia%20y%20libertad%2C%20fueron