lunes, 2 de febrero de 2026

Delcy Rodríguez supervisa obras en el aeropuerto de Maiquetía, 31 enero 2026

Ley de Amnistía en Venezuela, programa especial, entrevistas a Silio Sánchez y Tarek William Saab

Guardias de Honor cuentan como afrontaron el 3 de enero

LA VERDAD SOBRE MI CARRERA Y MIS TÍTULOS

Manifiestan por la soberanía de Venezuela... pero "el Esequibo es de ellos"

Chávez Invicto: El verdadero patriota debe sentir la Patria en sus propias vísceras

Columna de Juan Martorano 477 Consideraciones respecto del anuncio de Delcy Rodríguez sobre la creación de la Oficina Nacional para la Defensa y Seguridad Cibernética

 

La última frontera energética: Venezuela y el nuevo orden geopolítico del petróleo

 Por Kelly J. Pottella Guevara

En el complejo escenario de la seguridad energética global, la República Bolivariana de Venezuela ha trascendido el modelo convencional de Estado-nación para convertirse en un Activo Estratégico Global. Tras los acontecimientos cruciales de enero de 2026, la administración de Donald Trump ha consolidado una doctrina de "Dominio Energético", en la que la política interna venezolana funciona como subsidiaria de la seguridad nacional estadounidense. Este cambio de paradigma marca el nacimiento de un protectorado fiduciario, donde la soberanía nacional se ha transformado en una estructura de "Soberanía Delegada", diseñada para reintegrar los inventarios energéticos al mercado occidental y desplazar definitivamente la influencia del bloque BRICS+.

La arquitectura de este nuevo orden se basa en un pragmatismo transaccional que reemplaza el conflicto político con un balance general auditado. El actual gobierno interino, liderado por Delcy Rodríguez, opera bajo un marco de transición y estabilización donde el flujo de caja se registra en una cuenta supervisada en Catar. Este mecanismo garantiza que los fondos derivados de la exportación de petróleo crudo, tierras raras y minerales críticos se asignen, bajo la auditoría mensual y la autorización del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (OFAC), a la reconstrucción de infraestructura y la ayuda humanitaria, garantizando así la transparencia fiduciaria esencial para una reinversión masiva.

Desde una perspectiva operativa y de mercado, el sector energético venezolano ha iniciado una agresiva apertura comercial, crucial en un panorama global donde la Agencia Internacional de Energía informa que el 80% de los yacimientos petrolíferos mundiales están agotados o en declive. El sistema ha evolucionado más allá de los permisos individuales hacia una licencia general destinada a facilitar una inversión masiva estimada en 100 000 millones de dólares. Para finales de 2025, la producción alcanzó los 1 200 000 bpd, con objetivos establecidos para alcanzar los 2 000 000 bpd mediante la validación de 29 Contratos de Participación en la Producción y alianzas con gigantes de la industria como Chevron, Shell, Repsol y capital de Catar y China.

Este proceso de consolidación se sustenta en un "escudo legal" diseñado para eliminar las responsabilidades reputacionales y atraer los 50 000 millones de dólares necesarios para el desarrollo de nuevas instalaciones. Ante una demanda global proyectada de 123 millones de barriles diarios para 2050, según la OPEP, Venezuela emerge como la garantía física para la paz energética regional. La nación se integra al sistema occidental como la salvaguardia fundamental del hemisferio, donde el éxito se mide por la eficiencia operativa de sus recursos y la solidez de sus activos, protegidos por la mayor potencia militar del mundo.

Más allá de las cifras y los equilibrios estratégicos, este nuevo horizonte ofrece una promesa de estabilidad para el pueblo venezolano. La reapertura del espacio aéreo comercial, la drástica reducción de la inseguridad bajo un firme control y la transformación de antiguos centros de detención como El Helicoide en espacios para la cultura, el deporte y el comercio marcan el fin de una era de aislamiento. Con el compromiso con una ley de amnistía general y un nuevo sistema de justicia, Venezuela comienza a sanar sus heridas, vislumbrando un futuro donde la riqueza de su tierra finalmente se traduzca en prosperidad tangible, permitiendo a la nación ondear sus banderas una vez más con la esperanza de una paz duradera y una verdadera integración al desarrollo del siglo XXI.

Sin embargo, el sistema alberga importantes contradicciones internas que ponen en peligro su viabilidad a largo plazo. Si bien el modelo promete "soberanía técnica", la administración permanece estrictamente subordinada al Tesoro estadounidense, que debe aprobar incluso los gastos mensuales más básicos. Además, mientras la administración Trump celebra la operación militar como un éxito rotundo, el Senado estadounidense ha cuestionado formalmente la falta de transparencia legal y el origen de estos fondos, señalando que los principales beneficiarios corporativos también son importantes financiadores de la actual administración estadounidense. Finalmente, aunque se describe al país como abierto a "los países del mundo", el objetivo estratégico sigue siendo la exclusión y el desplazamiento explícitos de los anteriores socios del BRICS+.



Algunos indicios de fallos de seguridad que advertían sobre las amenazas a su integridad física que corría el Presidente Nicolás Maduro

 

...y que se materializaron en su secuestro del 3 de enero. Columna de Juan Martorano 476

Es secuestro, no captura

 ISABEL RIVERO D' ARMAS

El que impone el lenguaje gana simbólicamente la batalla campal porque condiciona la interpretación de los hechos. El lingüista George Lakoff dice que interpretamos la realidad mediante marcos, que provienen de conocimientos que se han solidificado en el cerebro durante años y que aportan representaciones mentales que favorecen la interpretación de situaciones mediante ciertos modelos que se alimentan de creencias falsas, por ejemplo, los que las trasnacionales de la comunicación del capitalismo global nos inoculan para manipular el procesamiento de los hechos como vincular la inmigración con la criminalidad.

Mediante los marcos, que son especies de estructuras mentales que nos ayudan a organizar el conocimiento, formamos juicios de valor. Por esto, lo que no encaja en ellos, así sea algo científicamente probado, lo rechazamos, o descartamos.

Un macromarco cognitivo es el de la familia sustentado en la relación que tenemos cada uno de los miembros con la figura dominante que es, por lo general, el padre, que puede ser autoritario o protector.

El padre estricto dice a sus hijos qué normas tienen que cumplir y castiga cuando no obedecen. Este es el marco del liberalismo, regido por la falacia de que este sistema genera prosperidad gracias al esfuerzo personal. Algo así como “eres pobre porque quieres” (no te esfuerzas). Ser próspero entonces se asocia a lo correcto y lo moral, mientras el comunismo o socialismo se rige por la falacia de que este sistema genera pobreza y, por ello, es inmoral; los derechos (a la educación y a la salud) se transforman en regalos inmerecidos porque, por ejemplo, “hay que ganarse la posibilidad de estudiar, a una buena alimentación, a la salud”.

Con el marco cognitivo del padre autoritario, hemos sido manipulados desde hace mucho cuando nos dicen que no somos capaces de aprovechar nuestros recursos, porque somos naciones infantiles, subdesarrolladas o en vías de desarrollo, y que, por ello, necesitamos que alguien nos diga cómo hacerlo. Esto irrespeta la soberanía de una nación, por lo que hacerla respetar merece un castigo, que se materializa en sanciones, entiéndase medidas coercitivas, que más que económicas son morales. Es la moral del marco del padre estricto.

Este marco se activa con estrategias que vienen a constituir un marco menor una vez que controlan la interpretación de los hechos. Una de ellas es la justificación de las acciones del grupo económico dominante mediante la legalización, mientras que las acciones del grupo que es objeto de linchamiento son consideradas injustificadas y, en consecuencia, se condiciona a interpretarlas como ilegales (o mejor inmorales).

Esta fue la estrategia utilizada por parte de las transnacionales mediáticas del capitalismo global que, más que “informar”, desinforman. Así ocurrió con el reporte de la agresión militar estadounidense a la República Bolivariana de Venezuela este 3 de enero, en que el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de la primera dama, fue llamado intencionalmente “captura”, y así justificar esta acción.

Decir “captura” implica la activación del marco del padre autoritario en que él toma acciones apegadas a la moral conservadora, pero fuera de lo legal para castigar al hijo descarriado. De ahí que los cargos que se le imputan al mandatario se dan sobre la base de una interpretación propia de un adversario político, que no es otra cosa que la de un hijo desobediente.

Es secuestro, no captura, porque se irrespeta el derecho internacional: se viola la inmunidad de jurisdicción que impide a los tribunales extranjeros someterlo a procesos legales. Esta situación convierte al presidente en un prisionero de guerra. Decir “captura” por secuestro es manipulación discursiva, es falsear la realidad o crear una paralela a conveniencia.