viernes, 30 de agosto de 2024

Los republicanos intentan manipular el proceso electoral de EE.UU. para favorecer a Trump

 

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Amy Goodman y Denis Moynihan

El “partido de Lincoln”, como los republicanos gustan llamarse a sí mismos, parece decidido a socavar casi todo lo que defendió y por lo que murió Abraham Lincoln. Esto incluye las iniciativas republicanas para cambiar de manera drástica la forma en que se llevan a cabo las elecciones en Estados Unidos, imponiendo restricciones sobre quiénes pueden votar y alterando los procedimientos de votación, conteo y certificación de votos. El resultado de lo que se anticipa que será una reñida contienda presidencial entre Donald Trump y Kamala Harris dependerá de los votos en un puñado de estados clave. Desde Georgia hasta Arizona, y desde Nevada hasta Michigan, los republicanos están desplegando un ataque sin cuartel contra el proceso electoral en Estados Unidos, una ofensiva que el periodista Ari Berman ha descrito como una “alarma de máximo nivel para la democracia”.

En conversación con Democracy Now!, Berman expresó: “Al parecer, en Georgia, los republicanos están sentando las bases para no certificar los resultados de las elecciones presidenciales si gana Kamala Harris. Están haciendo exactamente lo que Trump quería que hicieran en [las elecciones de] 2020. Trump convirtió a Georgia en el epicentro de sus esfuerzos para revocar la victoria de Biden en esas elecciones. [El expresidente] instó a la Junta Electoral de Georgia, a las juntas electorales municipales y a las autoridades electorales del estado a no certificar los resultados [en ese estado]. Estos acataron la ley y se negaron [a seguir esas órdenes]. [Pero] parece ser que, en 2024, los republicanos harán hasta lo imposible para intentar implementar las medidas que fracasaron en 2020, para tratar de manipular las elecciones a favor de Trump”.

Los republicanos de Georgia, que controlan el gobierno y la legislatura estatal, han modificado la forma en que los condados del estado cuentan y certifican los votos. El Partido Demócrata de Georgia, el Comité Nacional Demócrata y diez funcionarios electorales demócratas de diversos condados de Georgia han presentado una demanda con el propósito de revertir esos cambios. En la demanda se argumenta que “la Junta Electoral del Estado de Georgia ha aprobado una serie de normas de último momento que amenazan con sembrar el caos y obstaculizar el proceso de recuento de votos”.

Por su parte, Berman advierte al respecto: “Estas juntas electorales estatales y locales están controladas, en algunos casos, por personas que sostienen la teoría del fraude electoral [en las elecciones presidenciales de 2020], por partidarios extremistas del expresidente Trump. […] Cómo se gestionan los comicios es crucial, porque, aunque puedas emitir tu voto y asegurar que se cuente, nada de eso tiene verdadera importancia hasta que se certifiquen los resultados”.

En Texas, el Gobierno estatal, controlado por los republicanos, ha intentado durante años restringir la participación electoral en distritos donde los candidatos demócratas suelen obtener buenos resultados. En las elecciones de 2020, Donald Trump ganó por más de cinco puntos porcentuales en Texas, pero Biden se impuso en las ciudades texanas de Dallas, Fort Worth, Houston, Austin, El Paso, así como también en el área de Rio Grande Valley.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, anunció esta semana que ha removido de los padrones electorales del estado a más de un millón de personas. Esta táctica, cada vez más habitual, acaba por eliminar inevitablemente a votantes legalmente inscritos y, con frecuencia, se aplica mediante filtros de detección de datos imprecisos orientados a eliminar a potenciales votantes demócratas.

Mientras tanto, el fiscal general de Texas, el republicano Ken Paxton, que ha acordado realizar tareas comunitarias para eludir un juicio penal por fraude de valores y que superó un proceso de destitución relacionado con otros asuntos en el Senado estatal dominado por los republicanos, ha ordenado allanamientos en organizaciones sin fines de lucro que prestan servicios a comunidades inmigrantes y latinas.

La semana pasada, bajo órdenes de Paxton, funcionarios judiciales de Texas, con el apoyo de equipos SWAT, llevaron a cabo allanamientos y registros en las viviendas de una docena de miembros de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por sus siglas en inglés). La puerta de la casa de uno de los activistas fue derribada. La policía allanó también la vivienda de Cecilia Castellano, candidata a la Cámara de Representantes de Texas por un escaño vacante en representación de Uvalde, la ciudad que sufrió uno de los peores tiroteos escolares en la historia de Estados Unidos. Funcionarios del estado confiscaron el teléfono celular de Castellano y, semanas antes del día de las elecciones, han causado un gran desorden en el desarrollo de su campaña.

La Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos declaró en un comunicado: “Las acciones del fiscal general Paxton claramente intentan limitar el derecho al voto de la comunidad latina mediante actos intimidatorios y otros métodos para inclinar el proceso electoral a favor de sus aliados políticos”. La organización ha pedido al Departamento de Justicia de Estados Unidos que investigue a Paxton por ordenar los allanamientos.

Juan Proaño, director ejecutivo de la organización, dijo a Democracy Now!: “El último censo de Estados Unidos reportó que hay 12,1 millones de personas latinas en el estado de Texas. Por primera vez, la comunidad latina supera en número a la población blanca de origen no latino del estado, que asciende a 12 millones. Si consideramos no solo la población latina de Texas, sino también la afroestadounidense y la de origen asiático, […] las comunidades minoritarias representan ahora más del 60% [de la población del estado]. Texas es y ha sido un estado en el que las minorías son mayoría. Por tanto, consideramos que estas tácticas son empleadas por los republicanos para seguir controlando el Gobierno estatal de Texas”.

Por si hicieran falta más pruebas de los intentos republicanos de socavar la voluntad de los votantes, el medio sin fines de lucro Pluribus News informó que Gobiernos estatales bajo control republicano están distorsionando el lenguaje de iniciativas electorales ciudadanas progresistas con el fin de confundir o engañar a la población. El estado de Arizona, por ejemplo, utilizó la expresión “ser humano por nacer”, en lugar de “feto” o “embrión”, en un folleto informativo sobre la iniciativa electoral que busca consagrar el derecho al aborto en la Constitución estatal. En los estados de Florida y Ohio, la población se verá también expuesta a un lenguaje confuso similar en las iniciativas ciudadanas que serán sometidas a votación popular en estas elecciones.

En su último discurso público, pronunciado tres días antes de su asesinato en abril de 1865, el presidente Abraham Lincoln abogó por que se concediera el derecho al voto a los hombres negros que habían sido esclavizados (hasta 1920, solo los hombres estaban legalmente habilitados para votar en Estados Unidos). El Partido Republicano de hoy, empeñado en restringir el derecho al voto de las personas de color, está a años luz del partido que lideró Lincoln.


© 2024 Amy Goodman

Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

jueves, 29 de agosto de 2024

Entrevista a Ekaitz Cancela Imaginar el fin del capitalismo

 Por Hernán Borisonik  Economía

Fuentes: Jacobin

La velocidad a la que circulan las ideas conservadoras gracias a las redes sociales ha asestado un golpe profundo al sentido común progresista. Cualquier reacción que no responda con una agenda de transformación igual de radical está destinada a perecer.

¿Es posible programar la tecnología de manera que fomente la libertad y la autonomía humana en lugar de la expropiación y la alienación capitalista Ese interrogante recorre Utopías digitales. Imaginar el fin del capitalismo (Prometeo, 2024), el último libro de Ekaitz Cancela, escritor español que lleva una década investigando la intersección entre tecnología y capitalismo. Editado inicialmente bajo el sello de Verso Libros, este ensayo pone el foco sobre algunos experimentos, principalmente ocurridos en el Sur global, para plantear una alternativa a la hegemonía cultural de Silicon Valley y enriquecer el proyecto comunista.

Utopías digitales aborda, entre otros temas, la potencia nunca probada de los cables submarinos desarrollados por la India, los centros de modelación del clima de Brasil, la visualización y colectivización de las prácticas de trabajo en Chile, los experimentos en soberanía tecnológica de Argentina o incluso las lecciones que arroja el crédito social en China. Actualmente, Cancela trabaja para el Center for the Advancement of Infrastuctural Imagination fundado por Evgeny Morozov, un meta think-tank que desarrolla software, distribuye trabajos intelectuales y produce conocimiento. Está terminando un doctorado sobre la transformación del Estado en la era digital en la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) y milita en la revista radical vasca Hordago-El Salto.

HB. En la introducción de Utopías digitales hablas de disputar la libertad y haces afirmaciones veladas sobre las políticas neoliberales de privatización que trata de impulsar Javier Milei en la Argentina mediante la conquista de todo el poder del Estado. ¿Cómo sobrevive el proyecto neoliberal y su defensa de la libertad de mercado?

EC. El triunfo de Milei es un fenómeno particular de la Argentina, pero nos dice algo a nivel abstracto o filosófico. Expresa un shock neoliberal, practicado como austericidio (aumento de la pobreza y la desigualdad, pauperización de las clases subalternas), que tiene como objetivo derribar ideológicamente la «modernidad popular» establecida en la época de Perón. En efecto, trata de estabilizar las turbulencias de la economía de mercado que afronta el país mediante la privatización de los activos públicos y la financiarización de la economía. La llamada «Ley bases» expresa eso: un intento por cambiar la Argentina en solo un mes.

Su ataque se dirige principalmente contra el Estado, hasta ahora entendido como una espacio para la redistribución colectiva de los recursos y el desarrollo; contra un modelo de sociedad altruista y colaborativo, en lugar de competitivo y egoísta. Además procura avanzar contra un tipo de economía, si bien atada a la relación capital-trabajo y la propiedad privada, con un carácter menos dependiente de las inversiones extranjeras o transferencias tecnológicas.

La vida bajo el régimen de Milei —y el uso de ese concepto es, per se, una innovación reaccionaria— se entiende como la libertad del capital para conquistar cada esfera de la vida. Su ofensiva política busca colocar al mercado como la única institución de coordinación social, lo que explica por qué la represión de los movimientos autorganizados es tan importante. Es un proyecto anticomunista en un país donde esta ideología no existe, que ofrece una respuesta sencilla a las ambivalencias (políticas, culturales y sociales) de esta modernidad: «estás tú solo ahí fuera, sobrevive». No hay rastro alguno de «lo popular» en esa enunciación.

HB. ¿Cuándo se produce esta ruptura, si se quiere, epistémica?

EC. Como muestran los trabajos en sociología económica publicados en ese país, las reformas neoliberales se inician con Menem y se agudizan con la infame receta ajustadora de Macri. Pero el éxito de La Libertad Avanza, una iteración mucho más desacomplejada en lo que respecta a la profundidad de sus reformas de mercado, encuentra su explicación en la crisis del peronismo hegemónico a la hora de reaccionar ante la ofensiva neoliberal. De manera más concreta, es la reiterada incapacidad de la tentativa kirchnerista para reformar de manera radical las instituciones de la modernidad popular (o, más simplemente, asegurar el bienestar entre las capas sociales poco pudientes y trabajadoras, que eran el sujeto político del primer peronismo) la que lo explica. Este proceso se puso de manifiesto especialmente tras la recuperación económica de la mano de Cristina Fernández de Kirchner.

Al margen de las cuestiones materiales, también existe sobrada evidencia en otros lugares del mundo como para afirmar que la velocidad a la que circulan los marcos ideológicos conservadores gracias a las redes sociales, en propiedad de empresas de Estados Unidos, así como la incapacidad para desarrollar canales de comunicación soberanos (recordemos que Milei es un estúpido experimento mediático del kirchnerismo), ha asestado un golpe profundo al sentido común progresista y alimentado un perfil político absolutamente alineado con la hegemonía cultural de Silicon Valley. Cualquier intento por combatirlas que no responda con una agenda de transformación igual de radical está destinado a perecer.

HB. En el libro dices que la izquierda es incapaz de salir del marco de la Guerra Fría (el libre albedrío del mercado versus la planificación central del Estado) a la hora de pensar alternativas…

EC. En La larga revolución, Raymond Williams señala que la cultura es una de las esferas más estratégicas para superar la dicotomía Estado-mercado desde posiciones emancipatorias. Desde las filas socialistas, el debate ha girado sobre cómo distribuir y asignar los recursos. Pero los neoliberales han sabido politizar cuestiones más relacionadas con el ser y la existencia en la sociedad moderna. La pregunta que debemos hacernos es cómo despertar las partes más imaginativas del ser humano, articular el deseo desde la solidaridad de clase y el altruismo, colocando en el centro las actividades creativas y de cuidados para generar otra forma de valor —social y no de cambio—, descubrir nuevos procesos productivos y atisbar usos de la tecnología más sociales y sostenibles, así como encarar formas de trabajar colectivamente en proyectos posindustriales de los que sentirnos parte activa. Ese es el reto para cualquier visión poscomunista del mundo.

Me refiero a la importancia que, como muestra la economía digital, tienen los aspectos más mundanos y cotidianos de la estructura de sentimientos que organiza nuestra vida, eso de los que hablaba Williams cuando se refería a lo ordinario: lo que vemos y hacemos cada día, las instituciones necesarias para el aprendizaje y la coordinación entre seres humanos. Son procesos lingüísticos y comunicativos que cada vez más tiene lugar a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería corporativas. Debemos impulsar «infraestructuras del ser», dispositivos tecnológicos, plataformas e incluso feeds que sean capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos.

HB. ¿Cómo crees que se puede resignificar la libertad para plantear la batalla cultural en Argentina?

EC. Creo que tenemos que resignificar este término, quitárselo al neoliberalismo, para escalar todo eso que ahora se nos aparece como las únicas salidas al régimen de verdad actual. Necesitamos crear otros incentivos, circuitos de comunicación e intercambios de información para que toda esa energía humana se canalice de manera radical y pueda desembocar en una existencia digital que nos permita realizarnos como individuos que se relacionan en comunidad para alcanzar objetivos colectivos. No solo se trata de garantizar las necesidades (pan, techo, tierra y trabajo), sino de entender cómo la esfera de las libertades puede contribuir a un proyecto mucho más innovador, complejo y asentado sobre formas de emprendimiento no mercantiles, acciones que fomenten la igualdad y el bienestar.

Al fin y al cabo, tras la derrota en la lucha capital-trabajo, el «sujeto posperonista» se entiende a sí mismo como alguien que debe buscar alternativas para desarrollarse en economías populares, locales y autogestionadas, y que canaliza su ingenio en espacios culturales o sociales. Plantear la batalla implica reconocer eso que Marx expresaba en sus escritos filosóficos: la distinción entre necesidad y libertad, como hace Milei, pero con una agenda distinta a la destrucción de las clases desposeídas.

En cierto modo, en Argentina ya se opera desde los márgenes del Estado y el mercado como los conocemos actualmente. Me refiero al trabajo de artistas, militantes, académicos y otras profesiones avanzadas, donde convergen lo material con lo espiritual, lo gozoso con lo indispensable, la oficina con lo lúdico o recreativo.

HB. ¿Cuál es tu propuesta para crear instituciones para esa modernidad popular de la que hablas, en la que la necesidad y la libertad convergerían en un proyecto único?

EC. En cierto modo, Javier Milei ha triunfado porque su idea de libertad lleva más de una década en funcionamiento gracias a las herramientas de Silicon Valley. Ahora necesitamos instituciones para desarrollar todo aquello que promete el «modernismo sin mercado», como lo define Evgeny Morozov, una sociedad con hábitos y costumbres cada vez más complejas pero también diferentes, diversas, compuestas de distintas identidades definidas por los propios sujetos (como muestra la iteración queer del feminismo), cambiantes, pero sin que desemboquen en discriminaciones jerárquicas (raza, género, etnia y clase), sino en su abolición y en la posterior organización colectiva y democrática de la producción y la reproducción para solucionar los grandes problemas de nuestra época: la desigualdad y el calentamiento global.

HB. En la introducción hablas del proyecto de ARSAT (Empresa Argentina de Soluciones Satelitales) como garante de la soberanía tecnológica. ¿Qué rol puede jugar esta empresa pública —junto con otras instituciones culturales— a la hora de pensar en formas de desarrollo nacional distintas a la venta del país a los grandes capitales?

EC. Las infraestructuras del Estado, como ARSAT, deberían servir para sostener plataformas públicas digitales que permitan afrontar nuestros problemas así como las nuevas necesidades biológicas —en palabras de Marcuse, que escribía en los albores de Mayo del 68— de una manera más eficiente que el mercado. Las universidades públicas, pero también las galerías, museos, bibliotecas, filmotecas, centros de documentación (archivo e investigación), los circuitos teatrales, dado que operan como espacios dedicados a garantizar el acceso conocimiento y el arte y no la circulación mercancías, son un buen ejemplo del tipo de institución que podrían convertirse en pilares centrales de la modernidad popular y en un garante de la libertad creativa.

Diego Tatián afirmaba que la universidad es una institución «dedicada a la vida no universitaria y a prácticas de producción de un plusvalor ético-político que excede los intereses corporativos, profesionales, empresariales o estatales», y Micaela Cuesta, profesora de la Universidad Nacional de San Martín, añadía que nos permiten conocer nuestras determinaciones y anteponer a ellas una mediación institucional que garantice autonomía subjetiva y capacidad de autogobierno. Dado que existe esta potencia no realizada, ¿por qué no imaginar las universidades como motores para el desarrollo nacional?

Debemos reactivar todas esas instituciones de manera que permitan, además, la interacción entre distintas habilidades y disciplinas (ingeniería, arte, ciencias sociales, matemáticas, etc.). Las universidades deben ser espacios donde interactúan perfiles diversos y crean sinergias que hacen progresar a la sociedad. Son algo así como motores espirituales donde descubrimos quiénes queremos ser y cómo queremos aportar al resto de personas; un espacio de felicidad, pero también de trabajo digno, sin hambre y sin exclusión, como rezaban las manifestaciones en las calles de Argentina en favor de la universidad pública, la base para alcanzar la soberanía científica y tecnológica que después enriquezca al país, en lugar de subdesarrollarlo debido a la competencia con los países del Norte. Esta debe ser la base sobre la que debe erigirse el modelo civilizatorio alternativo al de Milei.

HB. ¿Qué rol crees que tienen las criptomonedas, como proyecto libertario, a la hora de consolidar los marcos neoliberales y llegar a esa nueva generación, milenial o Z, e insertarlas dentro de los circuitos del dinero en lugar de politizarlas?

EC. Antes de que estallara la burbuja de las criptomendas (cuándo se derrumbó el precio de una parte de ellas, dejando a millones de personas sin ahorros) o se reconociera que la gran mayoría de las NFT eran en realidad un fraude, escribí que estos instrumentos financieros eran el producto de una pesadilla milenial.

Somos la generación más educada de la historia, con las mayores habilidades y conocimientos técnicos, capaz de imaginar otras formas de relacionarnos y existir en sociedad, pero todo ello se encuentra bloqueado. Somos víctimas de las dos grandes turbulencias económicas más grandes ocurridas a nivel sistémico en la historia (en Argentina, de hecho, cuatro: el Rodrigazo, en 1975, la crisis hiperinflacionaria de 1989, la bancarrota de 2011 y el estancamiento derivado del crash global al que asistimos desde 2012). Heredamos un mundo sin recursos y que se extingue.

Las élites se han esforzado en negar que es necesaria una organización de los recursos económicos y políticos a escala planetaria, y que esta debe recaer en los movimientos sociales. No han parado de poner en marcha experimentos digitales hiperpragmáticos contra el Estado, pero sobre todo contra la autorganización, para garantizar la supervivencia del sistema, sean las redes sociales, la inteligencia artificial o las criptomendas. Milei lo ha entendido perfectamente y ha instrumentalizado la situación económica (pobreza, incapacidad de ahorro, salarios paupérrimos) y existencial (nula formación financiera, falta de un horizonte esperanzador y un ácido individualismo ) para decantar la lucha del lado de los capitalistas, consolidando sus proceso de expropiación y explotación.

También ha comprendido algo que el kirchnerismo no: existe un tipo de sujeto o espíritu emprendedor entre los jóvenes al que se debe responder políticamente, no a través del mercado. La gente en este país es increíblemente creativa y, debido a las dificultades económicas de los últimos años, ha desarrollado la capacidad para montar proyectos y sacar plata de cualquier lugar. En lugar de canalizar esa agencia creativa, esa pulsión hacia el emprendimiento, de manera similar a como hacen los movimientos sociales o los espacios artísticos (es decir, para crear sujetos que llevan a cabo tareas de militancia política o son simpatizantes culturales), Milei lo ha orientado hacia la guerra entre individuos, aunque ya son varios los estudios que coinciden en que quizá no sea capaz de hacerlo. Las criptomonedas son un intento por solucionar los problemas del neoliberalismo, pero lo más probable es que terminen creando otros nuevos.

HB. ¿Existen utopías, tal y como las definís en el libro, que nos permitan imaginar una salida?

EC. Siempre existen afueras al sistema en las prácticas sociales de las personas y organizaciones que las imaginan y después las llevan a la práctica, especialmente en el Sur global. Pero hemos de quitarnos de la cabeza que las criptomonedas son herramientas descentralizadas o neutras: están al servicio de una agenda, en este caso la de los buitres financieros. Por ejemplo, pensemos, como hizo Ecuador, en una criptomoneda atada a las directrices del banco central argentino que además sea capaz de financiar proyectos colectivos que faciliten la integración económica del país, su cohesión y su movilización en favor de proyectos de desarrollo nacional. ¿Por qué jugar y ganar al estilo neoliberal, entrenando jugadores para luego venderlos más caros a cambio de criptomonedas con las que especular en una pirámide de Ponzi? De la mano de Andrés Arauz, incluso se crearon hackatones para mejorar la integración financiera de los ciudadanos y avanzar en tácticas para desdolarizar el país.

La base de nuestro pensamiento radical debe asentarse sobre la solidaridad, no la competencia, y después pensar en las tecnologías necesarias para llevar a cabo esta reorganización de la vida moderna. Existen muchos experimentos con valiosas lecciones sobre cómo llevarlo a cabo, pero antes necesitamos crear bloques regionales entre países progresistas, como los del Sur, que sean capaces de construir dichas infraestructuras de manera colectiva, con acuerdos comerciales asentados sobre la libre transferencia tecnológica, relaciones entre los distintos pueblos que permitan escalar las innovaciones derivadas y codificar todas esas prácticas dentro de un orden mundial alternativo, antisistémico. La alternativa es la austeridad, la guerra y la destrucción ambiental.

Ekaitz Cancela. Periodista oriundo del País Vasco que investiga las transformaciones estructurales del capitalismo, sus expresiones culturales y la posición de Europa en el mundo. Es autor de Utopías digitales. Imaginar el fin del capitalismo (Prometeo, 2024).

Fuente: https://jacobinlat.com/2024/08/imaginar-el-fin-del-capitalismo/

Venezuela en la Mira: La Guerra Cognitiva y Comunicacional que Enfrentamos

 


Venezuela no está sola en esta lucha. Nuestra región, Latinoamérica, también está siendo sometida a estas mismas tácticas de guerra cognitiva y ciberguerraVenezuela no está sola en esta lucha. Nuestra región, Latinoamérica, también está siendo sometida a estas mismas tácticas de guerra cognitiva y ciberguerra
Venezuela no está sola en esta lucha. Nuestra región, Latinoamérica, también está siendo sometida a estas mismas tácticas de guerra cognitiva y ciberguerra
Con El Mazo Dando

10 años del programa Con El Mazo Dando

Publicado: 27/08/2024 08:51 AM


En estos momentos, Venezuela se encuentra en el centro de una guerra que no se libra con balas ni cañones, sino con información y manipulación. Esta guerra cognitiva y comunicacional es la nueva arma del imperialismo para intentar doblegar a nuestra patria, desestabilizar al gobierno revolucionario del Presidente Nicolás Maduro y socavar la voluntad del Pueblo bolivariano. No es casualidad que las potencias imperialistas, lideradas por Estados Unidos y sus aliados, estén utilizando las más avanzadas tecnologías de inteligencia artificial (IA) y ciberguerra para atacar a nuestra nación.

La Mente: El Campo de Batalla

La guerra cognitiva es una estrategia perversa que se está aplicando para manipular la percepción y la realidad de los venezolanos. A través de las redes sociales, los medios de comunicación al servicio de las oligarquías, y la difusión masiva de desinformación, se intenta crear una imagen distorsionada del país. El objetivo es claro: debilitar la moral de nuestro Pueblo, sembrar la duda y fracturar la cohesión social que ha mantenido viva a la Revolución Bolivariana.

Hoy la inteligencia artificial juega un papel crucial en esta guerra. Mediante algoritmos avanzados se analiza el comportamiento de las masas, se crean contenidos diseñados para manipular emociones y se difunden mentiras a gran escala con una precisión nunca antes vista. Es una guerra que se libra en cada pantalla de celular, en cada computadora, y que tiene como objetivo final hacer que los propios venezolanos pierdan la confianza en su gobierno y en su capacidad para resistir.

La Ciberguerra: Un Arma Para Desestabilizar

No es solo la guerra cognitiva la que amenaza a Venezuela, la ciberguerra es otro frente en este ataque multidimensional. Sabemos que el imperialismo ha intentado sabotear nuestras infraestructuras críticas, desde el sistema eléctrico hasta nuestras comunicaciones. Estos ataques, aunque muchas veces invisibles, tienen el potencial de causar un daño incalculable, paralizando al país y sembrando el caos.

Los recientes informes revelan que la inteligencia artificial se está utilizando para desarrollar virus informáticos y operaciones de desinformación más sofisticadas que nunca. Estas herramientas no solo buscan desinformar, sino también penetrar nuestros sistemas de defensa y vigilancia, comprometiendo la seguridad nacional. En este contexto, la resistencia no solo es física, sino también digital y mental.

La Manipulación Ideológica y la Resistencia Venezolana

El imperialismo no solo quiere atacar físicamente a Venezuela, sino también romper su espíritu. A través de la manipulación ideológica, se busca implantar una narrativa de derrota, de desesperanza, intentando hacer que el Pueblo pierda la fe en el proyecto bolivariano. Pero Venezuela es un país de resistencia, un país que ha demostrado una y otra vez que no se rinde.

A lo largo de estos años, hemos visto cómo se han orquestado campañas de noticias falsas, diseñadas para dividirnos, para hacer que nos enfrentemos entre nosotros. Sin embargo, es en estos momentos de crisis cuando la Revolución Bolivariana se fortalece, cuando el pueblo se une más que nunca en defensa de su soberanía y de su derecho a decidir su propio destino.

Latinoamérica y la Unidad ante la Guerra Cognitiva

Venezuela no está sola en esta lucha. Nuestra región, Latinoamérica, también está siendo sometida a estas mismas tácticas de guerra cognitiva y ciberguerra. Es un intento desesperado del imperialismo por mantener su control sobre una región que cada vez más despierta y se levanta contra la opresión. La unidad entre los Pueblos es crucial en este contexto, ya que solo juntos podremos resistir y vencer.

Es esencial que sigamos invirtiendo en la educación y en el fortalecimiento de la conciencia crítica de nuestro Pueblo. La defensa de nuestra soberanía no solo pasa por las armas, sino también por la mente y el corazón de cada venezolano. La batalla es ideológica y comunicacional, por lo que debemos estar preparados para confrontar cualquier intento de manipulación.

Conclusión: Con la verdad y la resistencia como banderas

Venezuela está en el ojo del huracán, enfrentando una guerra que pocos reconocen, pero que es real y tiene consecuencias profundas. La resistencia contra la dominación imperialista no se libra solo en el campo de batalla físico, sino en cada hogar, en cada red social, en cada mente venezolana. Debemos estar más vigilantes que nunca.

¡No nos dejemos engañar! Con la verdad por delante y la resistencia como bandera, seguimos en esta batalla comunicacional contra la guerra psicológica que busca imponernos el imperialismo. ¡¡Venceremos!!

REDACCIÓN MAZO

La defensa política de las mujeres

 CAROLYS HELENA PÉREZ GONZÁLEZ

Desde el lugar en el que construimos el concepto de lo que significa hacer país para todas y todos resulta indispensable entender el rol protagónico de las mujeres para hacer la Revolución y aunque ya hemos tocado este punto, estoy completamente segura de la pertinencia que tiene volver a tener esta conversación, hoy y las veces que sean.

La feminización de los liderazgos, es un ejercicio político de reconocimiento, pasa por entender a los territorios como una certeza y ver cómo las mujeres hemos asumido pasar a la vanguardia de los acontecimientos políticos de los últimos años, por encima de la figura operativa, abanderando la cualidad estratégica y de construcción, avanzando sobre la realidad que impulsa el mensaje sexuado que sostiene que el mundo social está constituido por una fuerza predominantemente masculina, lo que incide en el destino de los nombres que encabezan las estructuras de poder.

Hasta el siglo pasado, la participación de las mujeres en muchos procesos se realizaba como parte de comunidades, de pueblos o de grupos. No había una participación específica de las mujeres separadas —quiero subrayar el concepto, es una clave muy importante—, es decir, separadas de sus comunidades, de los hombres, con una cierta independencia. Es en el siglo XX que los liderazgos de las mujeres van emergiendo con un perfil y un papel propios en los grupos sociales, en los movimientos sociales.

Muchas veces, la participación de las mujeres ha formado parte de otras categorías sociales, incluso, no ha sido definida como categoría social de género, tal como lo hacemos ahora. La clave es que esa participación se ha ido transformando desde una participación social y política como parte de otros universos, a una participación política con una referencia de identidad propia prefigurada por las mismas mujeres.

Basta con recorrer las comunidades, reunirse con las militancias y es figurativamente notoria la predominancia de los liderazgos ejercidos por mujeres. Sin embargo, también son notorias las ausencias de las mujeres en los cargos decisores del poder y esto resulta porcentualmente innegable.

En tiempos de tener la mirada puesta en el futuro, con los pies bien plantados en el presente la invitación es a seguir sumando a las transformaciones que se requieren para capitalizar una revolución que nos nombre como sujetos políticos clave, estoy segura que el momento es ahora.

¡Seguimos venciendo, palabra de mujer!



Punto y seguimos | Estados Unidos: más de lo mismo

 Un pueblo sin más opciones que las de ser imperialistas rancios

La histórica hipocresía del Partido Demócrata de los Estados Unidos, esa que les ha permitido venderse como la fuerza "progresista" del país frente al conservador y retrógrada Partido Republicano, se va transformando en cinismo. Mientras, fuera de sus fronteras queda más o menos claro que ambos representan básicamente lo mismo, pero con algunas diferencias en las formas. En lo interno, los ciudadanos parecen creer en realidad que son alternativas distintas. Basta ver y analizar sus campañas presidenciales. Sin embargo, se vislumbra un sector de la población capaz de interpretar más profundamente la política en su nación, un sector que reclama ante el hecho de que sus opciones, a lo largo de los años, sean siempre el mismo negro con diferente cachimbo. ¿Hay alternativa al imperialismo puro y duro que defienden demócratas y republicanos por igual? Probablemente no.

La elección de la hoy vicepresidenta Kamala Harris como sustituta de la candidatura presidencial demócrata de Joe Biden ha llevado a una suerte de campaña acelerada, ahora que el partido, en convención nacional, la nombró como su candidata oficial. Los discursos de la convención han sido los de la "crema y nata" demócrata: los Clinton, los Obama, Nancy Pelosi, todos encargados de mostrar que son la mejor alternativa ante el violento, condenado y "bruto" Donald Trump. Para marcar diferencias, el partido se presentó como un espacio abierto para todos, más allá de credos, razas y nacionalidades, ofreciéndoles la palabra a colectivos demócratas gays, latinos, asiáticos y afros. Un aparente crisol florido de aceptación y amplitud de miras.

No obstante, cuando llegó el turno del Movimiento Nacional No Comprometido, cuyo presidente representa a los palestinos-estadounidenses, le fue cancelada la participación. Está claro que hay principios no negociables, y la defensa de Israel y la venta de armas para la guerra en Gaza son dos de ellos. Poco importa que parte relevante del voto joven universitario defienda abiertamente el derecho palestino a la vida y se oponga al financiamiento de un genocidio. Negocios son negocios. Si los socios deciden que deben eliminar a todo un pueblo para "rescatar rehenes" y que ese es el precio por la oportunidad de vender armamento, pues para adelante. Ya les darán a los jóvenes algunas figuras progres y llamativas para olvidarse del asunto (como la hija modelo del esposo de Harris, Ella Emhoff​).

No hay hipocresía, hay cinismo. Kamala Harris, la nueva adalid del "progresismo" demócrata, sostuvo en su discurso de aceptación: "Me aseguraré de que los Estados Unidos tengan la más fuerte, la más letal fuerza de combate en el mundo", mientras miles de personas aplaudían enloquecidas. Usar la fuerza contra otros es el medio más querido de los yankees para lograr su objetivo de ser "la mejor nación del mundo", léase: el poder único en el planeta. Estas palabras pudieran haber sido dichas de manera exactamente igual en cualquier mitin republicano.

Harris también dedicó palabras a la guerra en Gaza, o bueno, más bien a ensalzar a Israel por "soportar tanto sufrimiento" y a garantizar el apoyo irrestricto a su derecho a defenderse, es decir, a seguir matando sin compasión al pueblo palestino, al cual se refirió como con "derecho a la autodeterminación". Lo hizo justo después de glorificar a sus agresores y, con la mejor cara de tabla, expresar que era "devastador" lo que han sufrido: el hambre, los desplazamientos… en fin, todo menos el hecho de que es el dinero de sus contribuyentes el que usan para financiar las bombas que descabezan niños en Gaza.

En los Estados Unidos, la "gran democracia del planeta", sus ciudadanos solo pueden aspirar a escoger entre dos frutas podridas. No hay tercera opción. No hay nada más. Los candidatos les ofrecen seguir interviniendo en conflictos ajenos (o crearlos), les ofrecen un gran y letal ejército, pero ni una palabra de la situación económica interna, del sistema de salud, de los tiroteos constantes en escuelas, de la incapacidad de su juventud para comprar vivienda propia o de las pensiones de los trabajadores. Así, con ese descaro van por ahí dictando sentencia de cómo deben vivir otras naciones.

 

Mariel Carrillo García



Presidente Maduro inspeccionó Universidad de las Ciencias (en construcción)

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Sesión extraordinaria de la OEA sobre Venezuela | 28Ago

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Exxon no solo roba a Venezuela en aguas por delimitar con Guyana