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martes, 8 de marzo de 2011

Sin las mujeres no hay revolución...


martes, marzo 08, 2011
Angie Gago (En lucha) / Kaos en la Red
Este mes vuelve a celebrarse un nuevo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Durante esta jornada de protesta, millones de mujeres en todo el mundo saldrán a la calle para reivindicar sus derechos. En estos momentos de crisis económica, las mujeres estamos sufriendo los efectos de los recortes sociales más profundos en muchos años. La reforma laboral, la reforma de las pensiones y los recortes en los presupuestos de los servicios sociales (sanidad, educación, etc.) afectan doblemente a la mujer, que de por sí está en una posición de precariedad superior a la del hombre. Encargadas de los cuidados de los niños y ancianos y obligadas a trabajar por menos salario, las mujeres sufrimos una doble cadena dentro del sistema capitalista: la explotación y la opresión.

Pero las mujeres hemos estado también a lo largo de la historia a la cabeza de las luchas sociales y democráticas. El 8 de marzo es un día de visibilización de la lucha por la liberación de las mujeres. Pero cada día, de manera ‘invisible’, las mujeres luchamos para conseguir nuestra emancipación. Ya sea dentro de los sindicatos o grupos políticos, dentro de los colectivos feministas o con la lucha diaria de trabajar y llegar a fin de mes, las mujeres tenemos un papel activo esencial en la transformación social.

En las últimas semanas hemos visto en repetidas ocasiones imágenes de mujeres durante las revoluciones árabes: Túnez, Egipto, Argelia, etc. En primera línea de batalla, bien en la Plaza Tahrir o en la Plaza de Primero de Mayo, las mujeres han acudido en masa a las protestas para derrocar a los regímenes autoritarios que han dominado sus países en las últimas décadas. Ellas son de esos países a los que el mundo occidental quiere invadir para liberarlas. Pero no se cansan de decir que las únicas que se liberarán son ellas mismas.



Aunque hay infinitos ejemplos en los que las mujeres han luchado en las revoluciones democráticas y sociales, su imagen es siempre silenciada y su historia eliminada, al servicio del pensamiento sexista y de un sistema económico que necesita tener a las mujeres en un segundo plano. Aún así, a lo largo de la historia, las mujeres se han levantado una y otra vez para gritar que ellas no son el segundo sexo.

Pasó en la Revolución Rusa de 1917, cuando miles de mujeres participaron en la lucha por la libertad y el socialismo. Los avances en los derechos fueron rápidos y los más adelantados en la época: derecho al divorcio, anticonceptivos, igual salario, socialización de los cuidados, etc. Aunque la experiencia fue corta debido al aislamiento de la revolución y la contrarrevolución llevada a cabo por la burocracia estalinista, la experiencia creó un precedente.

El lema ya clásico “sin las mujeres no habrá revolución” se ha ido repitiendo en diferentes ocasiones en las que la lucha por los derechos sociales de la clase trabajadora ha ido de la mano de la lucha por la liberación de la mujer. Durante la II República, las mujeres también consiguieron una serie de derechos que situaban a la democracia del Estado español como una de las más inclusivas de la época. Y durante la Revolución Española, las mujeres tuvieron un papel clave en la consecución de los derechos sociales.

En los momentos en los que los pueblos se han levantado en contra de la tiranía y el capitalismo, nosotras hemos sido protagonistas de los movimientos de emancipación. Sin embargo, en nuestra sociedad sigue dominando la imagen de la mujer pasiva. ¿Cuántas revoluciones más harán falta para eliminar este estereotipo?

Ahora, con las revoluciones árabes, se vuelve a poner sobre la mesa la participación de las mujeres en la revoluciones. Nosotras también queremos igualdad, libertad y no tenemos miedo. Durante una revuelta social nuestra participación es fundamental para que los avances no se queden sólo en el plano formal, sino que haya un cuestionamiento profundo de los roles atribuidos a las mujeres y una ruptura de los mismos. Contamos con varios ejemplos históricos en los que hemos visto que cuando las mujeres participamos en las revoluciones, la lucha codo a codo con nuestros compañeros de clase hace crecer la conciencia. Sin embargo, esto no es un proceso automático. Por esta razón, nuestra participación en las revueltas es fundamental para conseguir nuestra liberación.

Recientemente, hemos visto también como millones de mujeres han salido a la calle en Italia para protestar contra la cultura machista promovida por Berlusconi. “Si no es ahora, ¿cuándo?”, gritaban las compañeras italianas. Aquí, en el Estado español, también tenemos miles de razones para salir a la calle. Cada ataque del gobierno a los derechos conquistados por la clase trabajadora es un ataque a nuestros derechos como mujeres. Y si a esto le sumamos el genocidio contra las mujeres por la violencia machista, la pregunta de las compañeras italianas es nuestra también. Este 8 de marzo salimos todas a la calle para luchar, pero al día siguiente no volveremos a casa.

Angie Gago es militante de En lluita / En lucha

http://enlucha.org/site/?q=node/15793

La Mujer en el s.XXI: Reivindicaciones,propuestas y experiencias desde un prisma libertario.


martes, marzo 08, 2011
8 de marzo, día de la mujer trabajadora
Tomado de la Haine / Descargar Aquí...
Ana Sigüenza
Si a principio del s. XX las condiciones de vida de la clase obrera eran terribles, para mujeres y niños trabajadores lo eran aún más. Las luchas de obreras y obreros del textil de entonces están en el origen del 8 de Marzo, aunque el revisionismo histórico nos quiera convencer de lo contrario.

Varias reivindicaciones protagonizadas básicamente por trabajadoras textiles en Estados Unidos en un movimiento obrero genuino, tanto en 1857, como en 1908, 1909, 1910 y 1911, encarnan el simbolismo que rodea el 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora. De todos ellos, el incendio de la “Triangle Shirtwaist Company” de 1911 con la muerte de las obreras que el año anterior, 1910, habían protagonizado la primera huelga llevada a cabo exclusivamente por mujeres es el más significativo.
En 1910, a nivel mundial, el movimiento obrero estaba dotándose de herramientas para mejorar las espantosas condiciones de vida y trabajo causadas por el desigual reparto de la riqueza. Así nació la CNT ahora hace cien años y desde su congreso fundacional acordó que todas sus sociedades lucharían por el derecho de la mujer al trabajo asalariado y la disminución de su jornada laboral, además de denunciar la doble jornada que padecían, a fin de concienciar a sus compañeros para que actuaran en consecuencia.



La explotación de la mujer trabajadora recorre todos los continentes y sus explotadores pueden ser tanto hombres, como otras mujeres, pueden ser, también sus familiares. Año a año, se perpetúa esta triste afirmación, porque ese plus de explotación a lomos de las trabajadoras engorda las cuentas que los poderosos/as tienen en su paraíso.

En nuestro país son mucho más pobres que los hombres. Forman parte del -cada vez más numeroso- grupo de pobres con trabajo: Salario insuficiente:

1. 80% de los contratos a tiempo parcial, 25% menos en el salario base y 70% menos en complementos variables y horas extraordinarias que los hombres, teniendo, además más cargas familiares, a pesar de estar cada día más sobrecualificadas. Y esto cuando no están en la economía sumergida cobrando “a la pieza”.

2. Pensiones de miseria: Incapacidad, un 87% que la del hombre, jubilación: un 59% que la del hombre.

3. Maternidad: La tienen que condicionar a la escasez de servicios para criaturas y familiares dependientes, la falta de corresponsabilidad de sus parejas y la imposibilidad de subsistir en esa situación. (18% de interrupción de embarazo, la mitad, mujeres inmigrantes) (el 43% de nacimientos de madre extranjera, ésta
era soltera, doble que españolas).

4. Salud laboral: Peor y encabezando los accidentes laborales graves (no mortales).

5. Trabajadora extranjera: Situación aún más grave en todos los apartados, al trabajar en sectores con más desregulados (servicio doméstico, hostelería, agricultura) y no contar con apoyo familiar.

6. Mujeres mayores: Pensiones de hambre, enfermedades crónicas por las condiciones en las que trabajaron a lo largo de su vida. Sus hogares, junto a los de los emigrantes, son los menos habitables.

En el mundo, la desigualdad de género, la falta de expectativas potenciales, la discriminación y la violencia contra las mujeres son la norma y no la excepción. Partiendo de que las mujeres trabajadoras están soportando la mayor explotación, las organizaciones de trabajadores reivindicamos:

1. Igualdad laboral

2. Distribución equitativa de actividades no remuneradas entre todos los que conviven.

3. Disminución de jornada para todos

4. Servicios comunitarios suficientes

Pero no todo es negativo, en estos cien años las mujeres trabajadoras encuadradas en auténticos sindicatos han conseguido mayores mejoras en sus derechos. Aquéllas pioneras enseñaron el camino de la asociación. La emancipación es de cada una y de todas: La historia de las mujeres sindicalistas es una historia de elección y de renuncia, es una historia no concluida: dispuestas a luchar por nuestros derechos y con el apoyo solidario y coherente de los compañeros, superaremos nuestros lastres y alcanzaremos la emancipación total.

¡Iguales en la crisis!, ¡Iguales en la lucha!

Secretaría de Acción Social
Secretariado Permanente
del Comité Confederal CNT

Si actualmente las mujeres trabajadoras, por un sesgo de género nos encontramos con una situación más desfavorecida que los hombres en cuanto a tipo de contratación, mantenimiento del puesto de trabajo, y percepción de pensiones; aprobado el Acuerdo Social y Económico que endurece el sistema de las pensiones, junto con la reforma laboral y la reducción del gasto público, la situación que se nos presenta no es nada halagüeña.

Excepto en períodos de guerras, donde las mujeres han sido las que han mantenido la producción por ser las únicas que quedaban en el lugar de origen, cada vez que se produce una crisis económica, uno de los primeros colectivos que sufre los efectos del desempleo y por tanto del empeoramiento de la calidad de vida somos las mujeres.

Sí, de nuevo el binomio capitalismo-patriarcado ejecuta una agresión contra los derechos laborales y sociales, contra toda la clase trabajadora y la ciudadanía, pero con especial ensañamiento en el colectivo femenino. Perpetuando este sistema de dominación y explotación, concebido, cimentado y apuntalado sobre la desigualdad y la discriminación de clase y de género.

Según la EPA (Encuesta de Población Activa), la tasa de paro en 2010 estaba en 20,33%, 4.696.000 personas en desempleo. Del incremento en 2010 de 370.100 personas, el femenino fue de 217.400 y el masculino de 152.700 personas; habiendo una mayor concentración en Andalucía, Cataluña y Madrid.

Las mujeres somos las que ocupamos el mayor porcentaje a tiempo parcial, el 80,6% y el 45,01 % del total de cotizantes a la Seguridad Social.

Respecto a la percepción de Pensiones Contributivas de Jubilación según datos del Ministerio de Sanidad , Política Social e Igualdad a fecha 01 de diciembre de 2010, la pensión media de las mujeres está en 852,02 € respecto a los 1.194,86 € que perciben los hombres.

Es decir, tenemos más dificultades para encontrar empleo, cuando lo encontramos es en situaciones precarias y nuestra base de cotización es menor que la de los hombres.

No sólo durante la vida activa tenemos menor calidad de vida por las características del puesto de trabajo,entre otras razones, sino que una vez llegada la edad de jubilación somos más pobres y vivimos más.
No obstante, la mayor parte de las mujeres en edad de jubilación, al no tener el tiempo de cotización mínimo en el sistema contributivo, son perceptoras de las pensiones denominadas asistenciales. El 82,46% (163.841) de las personas que perciben la PNCJ (Pensión No Contributiva por Jubilación) son mujeres y cobran una mensualidad en 2011 de 347,60 €, y de éstas el 34,47% viven solas. (Datos extraídos del IMSERSO).

Con la aprobación de la Ley de Dependencia, otra tuerca más, en el catálogo de servicios y prestaciones se establece la Prestación Económica por Cuidado en el Entorno Familiar a través de la cual se argumenta dignificar la función cuidadora de la mujer mediante la cotización en el Régimen Especial para Cuidadores No Profesionales. Eso sí, reconociendo la base de cotización más baja en el Régimen General de la Seguridad
Social.

Según datos del IMSERSO a 01 de Febrero de 2011 somos 143.071 mujeres frente a 9.566 hombres las cuidadoras de familiares dependientes. Nada más que el 93,73 % de las personas que asumen el cuidado de personas
dependientes que tienen derecho al catálogo de Servicios y Prestaciones son mujeres, cotizando a la baja.

Esta es la situación de empobrecimiento real y objetivo de las mujeres en la sociedad del supuesto Estado de Bienestar que no se ha llegado a gestar.

Que no nos engañen, con las pensiones tanto contributivas como no contributivas y el sistema de cotización al que accedemos la mayor parte de las mujeres no se vive ni digna ni autónomamente.

La patronal y el gobierno han planteado la reforma de las pensiones pactadas con los sindicatos oficiales CCOO y UGT, donde pasamos de un período de cotización de 15 años actuales a los últimos 25 años de vida laboral, además de tres años y medio más de cotización, de 35 a 38 años y medio para tener derecho a la pensión de jubilación.

Incrementar los años para calcular la pensión supondrá que las mujeres, que trabajan en precario, de forma discontínua por causas de maternidad y atención a dependientes o no alcancen el cómputo mínimo establecido
para tener derecho a la Pensión de Jubilación Contributiva o que el cálculo de la base de cotización se aminore por lo que las pensiones cada vez serán menores.

La Reforma de las pensiones es el mejor ejemplo para constatar con rotundidad que la desigualdad entre hombres y mujeres sigue siendo una constante y por tanto un objetivo contra el que luchar. Por todo ello, desde la Confederación Nacional del Trabajo nos reafirmamos en la consecución de nuestros objetivos: la asociación y el apoyo mutuo entre toda la clase trabajadora, mujeres y hombres; la lucha contra la
discriminación y la desigualdad económica y social. Combatir desde todos los frentes el sexismo, la misoginia y el patriarcado es nuestro fin... ¡Iguales en la Lucha!

Libro completo en http://www.cnt.es/sites/default/files/dossier_mujer_cnt_0.pdf

lunes, 14 de febrero de 2011

Nicaragua: Feministas piden justicia para las víctimas de violencia contra la mujer



Karol Assunção 
Adital "Castigo para los agresores. Justicia para las mujeres”. Éste es el pedido que la Red de Mujeres contra la Violencia le hace al Estado de Nicaragua. En un pronunciamiento divulgado a comienzos de este mes, la Red denuncia la situación de violencia vivida por niñas y mujeres en ese país centroamericano, realidad agravada todavía más a causa de la impunidad.

Solamente en el primer mes de este año, la Red ya contabilizó cinco delitos de violaciones ocurridos contra mujeres en Nicaragua. De las víctimas, tres son niñas menores de 12 años. Las otras dos son jóvenes entre 20 y 30 años. La cifra de femenicidios también ya es alta: ocho mujeres asesinadas en 2011, entre ellas, dos adolescentes de 15 años y una niña de cuatro años de edad.

Abusos sexuales, agresiones físicas y psicológicas y hasta inclusive asesinatos son ejemplos de algunas de las violaciones sufridas por mujeres de todas las edades solamente por el hecho de ser del género femenino. Además de las violencias, ellas además tienen de lidiar con otros problemas: la dificultad del acceso a la justicia y la impunidad.

Situación que se hace evidente cuando se analizan los casos de femenicidios del año pasado. De acuerdo con el "Informe 2010 de Femenicidio/Femicidio” elaborado por la Red de Mujeres contra la Violencia, 89 mujeres nicaragüenses fueron víctimas de femenicidio durante el año 2010 y solamente nueve asesinos cumplen condenas. Otros 38 están detenidos sin juzgamiento y 33 son fugitivos de la justicia.

Ni siquiera las mujeres que viven en las zonas rurales están exentas de las violaciones. Según el comunicado de la Red, en los últimos días, dos niñas de 13 y 10 años fueron asesinadas en áreas rurales de Carazo y Jinotega. Los casos llamaran la atención de la Red sobre la situación de las mujeres en esas zonas. "Si en las ciudades o municipios dónde existe cierta accesibilidad para denunciar estos delitos, no se está haciendo justicia, ¿qué está ocurriendo en las comunidades, fuera de estas ciudades?”, se cuestionan.

A pesar de la gravedad del problema, según la Red, no existe voluntad política de parte del Estado para solucionarlo. "Los crímenes de mujeres y niñas reflejan los extremos peligrosos a que hemos llegado, constituyendo un problema social y de seguridad, temas de vital importancia en los que el Estado nicaragüense no ha mostrado hasta hoy, ninguna voluntad política de poner un alto a esta violencia, convirtiéndose por tanto en cómplice de estos delitos”, denuncia.

A causa de ello, las integrantes de la Red piden a las autoridades que investiguen los casos de violaciones y asesinatos de mujeres y que castiguen a los agresores para evitar la impunidad. Además, exigen del Estado el cumplimiento de los protocolos de atención a las víctimas de violencia y solicitan de las instituciones de Justicia más sensibilidad y responsabilidad ante las demandas de las víctimas de violencia.

"Podemos tener leyes y todo un articulado legal que manda investigar y sancionar este tipo de delitos, pero mientras no cambie la mentalidad de los operadores de justicia, prevalezcan las complicidades y permisividad del Estado ante la grave problemática de violencia contra las mujeres; será la impunidad la que continuará prevaleciendo”, destaca.
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=es&cat=76&cod=53897

sábado, 5 de febrero de 2011

Las italianas dicen 'Basta'.



Sandra Chaher
Artemisa Noticias Italia atraviesa un proceso de degradación moral y exacerbación del machismo liderado por el primer ministro Silvio Berlusconi, pero sostenido por una misoginia estructural. Las mujeres aceleran la rebelión. Hubo una marcha masiva en Milán el 29 de enero y está convocada otra nacional para el 13 de febrero, 'por la legalidad y la dignidad de las mujeres'.

Miles de activistas –fundamentalmente mujeres- están moviendo hilos, haciendo llamadas y preparando pancartas para el próximo 13 de febrero cuando, con epicentro en Roma, una manifestación nacional le dirá 'Basta' a Silvio Berlusconi y a la degradación política y moral en la que sumió a Italia.

Las resistencias comenzaron hace aproximadamente dos años, pero en los últimos meses se intensificaron notablemente. Son lideradas fundamentalmente por organizaciones de la sociedad civil y grupos feministas, aunque en las últimas semanas comenzaron a sumarse partidos políticos y se volvió más activo el compromiso de los medios de comunicación.

El 18 de enero, un grupo de mujeres del Partido Democrático (PD) publicaron la carta 'Señor Presidente, libre a Italia de esta vergüenza' en la que se refieren a la falta de respeto del primer ministro por las mujeres italianas: 'Lo que estamos presenciando excede todos los límites, es una decadencia de las costumbres y la moral pública, a la cual lamentablemente nos han habituado, y que hoy se precipita al extremo de la prostitución infantil'. A la vez, el Secretario General del PD, Pierluigi Bersani, acaba de anunciar que el partido se hará presente en la manifestación del 13 de febrero en Roma.

La directora del diario L’Unitá, Concita Di Gregorio, publicó el pasado 18 de enero un editorial llamado 'Las otras mujeres' que ya recibió decenas de miles de apoyos, en el que dice: 'Sé con certeza que la mayoría de las mujeres italianas no está en línea para el Bunga Bunga. Soy conciente de que la prostitución -como una forma de emancipación de la miseria, e incluso como un medio para acceder a deseos efímeros- es una elección de una minoría, si es que se la puede llamar elección. Por eso, es a las otras mujeres a las que me refiero. Hace dos años que lo hago, pero ahora es tiempo de responder en voz alta: ¿Dónde están, niñas? Madres, abuelas, hijas, sobrinas, ¿dónde están? De izquierda o de derecha, pobres o ricas, del Norte o del Sur, mujeres hijas de un tiempo al que otras mujeres, antes que ustedes, hicieron libre y rico en igualdad de oportunidades, ¿dónde están?'.

Unos días después, el pasado sábado 29, más de diez mil mujeres y hombres se concentraron en la Plaza de la Scala de Milán bajo la consigna 'Recuperar la dignidad' y con atuendos o accesorios blancos. En las pancartas podía leerse 'No quiero pasar por Arcore [la mansión donde Silvio Berlusconi convoca a fiestas sexuales] para hacer política', 'Italia no es un prostíbulo' y 'República fundada sobre la prostitución'.

Berlusconi: la exacerbación de la misoginia

Los reclamos sobre los abusos sexuales del primer ministro, y sobre el cambio cultural y político de Italia a partir de la instalación de un modelo neoliberal machista y denigrante hacia las mujeres, no son nuevos. Pero la copa se colmó con las últimas acusaciones hechas por la Fiscalía de Milán sobre fiestas sexuales con menores de edad y la utilización de la política como instrumento de pago por el sexo obtenido.

A Berlusconi se lo acusa de haber entronizado un modelo basado en el uso del cuerpo femenino, la demonización de la fealdad (o la sobrevaloración de la belleza) y la subordinación de las mujeres. Para los varones la propuesta fue emular al primer ministro: pagar por sexo, abusar de las mujeres y no tolerar disidencias.

'Los escándalos sexuales de estos últimos días son sólo los últimos de una serie desmesurada. (…) Una demanda más que legítima surge en este momento: ¿Quién gobierna Italia mientras el jefe de gobierno y todos sus ministros están empeñados en cubrir las malas acciones de quien ni siquiera es capaz de comprar la credibilidad pública? –se preguntan las Mujeres Pensantes en su reclamo de dimisión al Primer Ministro -. La incapacidad de gobernar de Berlusconi es tal que ya minó la credibilidad internacional de nuestro país: brilla a través de su completa falta de sentido del Estado, la gestión personalista de los asuntos públicos, sus repetidas metidas de pata, y las numerosas acusaciones que tiene como el concurso de extorsión a la mafia y la incitación a la prostitución de menores.'

La inmoralidad de Berlusconi no aparece sólo en sus conductas personales con las mujeres. De su cosmovisión misógina del mundo hizo una cultura política que extendió al Estado como jefe de gobierno y a gran parte de la cultura a través de los canales de televisión de su propiedad. El reclamo que se le hace es por haber transformado a Italia, en sus últimos ocho años de gobierno, en un país en el que el sexo es casi la única herramienta de ascenso político y social para las mujeres, donde ya no existe la meritocracia y mucho menos valores como la honestidad o la decencia, y en el que muchas mujeres ostentan cargos en los tres poderes del Estado por los favores sexuales que ofrecieron. De la mano de esta denigración pública y explotación del cuerpo femenino, la principal causa de muerte en Italia para las mujeres es la violencia de género, es uno de los primeros países en el mundo en consumo de pornografia y trata con fines de explotación sexual, una de cada dos mujeres no trabaja y, cuando tienen a su primer hijo, una de tres abandona el mercado porque no hay guarderías y es mejor que salgan los varones ya que ganan mejor.

Otros indicadores del machismo italiano son señalados en un artículo reciente del diario El País, De España, Las curvas antes que el currículo en el que se dice que, según una encuesta de Eurobarómetro del 2008 'los italianos se sentirían menos cómodos con una primera ministra y el 80% de la población piensa que el hijo sufre si la madre trabaja mientras el pequeño no va al cole'. En la misma nota, la economista de la Universidad de Turín Daniela Delboca afirma: 'Son problemas institucionales y culturales: llevamos 20 años sin políticas serias de conciliación e igualdad y la gente no acepta la efectiva emancipación, en el hogar y en el empleo'.

¿Y los hombres dónde están?

Italia debe hoy a sus mujeres el liderazgo de las manifestaciones contra las conductas inmorales del primer ministro. Si bien los varones acompañan, no están mostrando activamente su rechazo a los gestos y a la política de Berlusconi.

En la cobertura de la marcha del pasado 29 en Milán, Lidia Ravera se dirige directamente a los varones en una columna en la página 3 del diario L’Unitá –del 30 de enero- llamada 'Silencio masculino' : 'Ustedes, que no pagaron a las mujeres, que no estuvieron con menores, que prefieren la calidad a la cantidad, que voluntariamente sumieron el riesgo de relaciones paritarias, que no consideran hacer del sexo una práctica divorciada del amor, de la ternura, de la seducción, ustedes que no son putanieros, por favor, digan algo!'.

Otra periodista del mismo diario, Mila Spicoli, publicó el lunes 31 un artículo llamado 'Las mujeres lo destruirán: la venganza del culo' en el que analiza la responsabilidad de los varones en lo que está sucediendo. '¿Cuántos hombres dicen que el comportamiento del primer ministro ha ofendido a su dignidad? Que ellos son diferentes? –se pregunta- La sospecha es son unos pocos. (…) Un colega español me escribió ‘más que un país de prostitutas y proxenetas Italia es un país de los fornicarios’. ¿A cuántos hombres italianos esta declaración los hizo indignar como a mí? ¿Cuántos, en el fondo, se sienten orgullosos? Creo que el comportamiento sexual de ‘adictos’ es difuso en los ambientes de poder y no es privilegio de un solo partido político.'

Spicoli concluye citando un proverbio: 'Todo hombre es lo que come y el medio ambiente en que vive. La revolución quizá se esté haciendo en la cocina, la están haciendo las mujeres, pero después la deben comer todos, a la luz del sol'.

viernes, 28 de enero de 2011

A PROPÓSITO DE LA MUJER, EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN, DE WENDY Z. GOLDMAN.



Andrea D'Atri
andreadatri.blogspot “Si logramos que de las relaciones de amor desaparezca el ciego, exigente y absorbente sentimiento pasional; si desaparece también el sentimiento de propiedad lo mismo que el deseo egoísta de ‘unirse para siempre al ser amado’; si logramos que desaparezca la fatuidad del hombre y que la mujer no renuncie criminalmente a su ‘yo’, no cabe duda que la desaparición de todos estos sentimientos hará que se desarrollen otros elementos preciosos para el amor. Así se desarrollará y aumentará el respeto hacia la personalidad del otro, lo mismo que se perfeccionará el arte de contar con los derechos de los demás; se educará la sensibilidad recíproca y se desarrollará enormemente la tendencia de manifestar el amor no solamente con besos y abrazos, sino también con una unidad de acción y de voluntad en la creación común.” Con esas palabras, Alexandra Kollontai cerraba su Carta a la Juventud Obrera de 1921, también publicada como El amor en la sociedad comunista.

Su voz fue una de las tantas que se alzaron en los primeros años de la Revolución Rusa de 1917 para debatir sobre el amor, el matrimonio, las uniones libres, la sexualidad, la extinción de la familia, la socialización del trabajo doméstico, la educación de los niños, el derecho al divorcio y al aborto, entre tantas otras cuestiones que hacen a la vida cotidiana.

Y estos debates, sus avances y retrocesos, el desgarramiento entre una sociedad nueva por nacer y la vieja sociedad reaccionaria y opresora que se derrumbaba, se describen y analizan en La mujer, el Estado y la revolución, una exhaustiva investigación de la historiadora norteamericana Wendy Z. Goldman que, por primera vez se presenta en castellano en esta edición conjunta de la agrupación de mujeres Pan y Rosas y Ediciones del IPS.

El amor en tiempos de revolución

¿Cómo crear una legislación para un estado que se concebía, desde su inicio, destinado a perecer? El Código Civil de 1918, resultante de profundos debates y estudios de juristas, intelectuales y dirigentes bolcheviques, no tenía parangón en la legislación más avanzada de los países centrales europeos. Y, sin embargo, como señala Wendy Z. Goldman, “a pesar de las innovaciones radicales del Código, los juristas señalaron rápidamente ‘que esta legislación no es socialista, sino legislación para la era transicional’. Ya que este Código preservaba el registro matrimonial, la pensión alimenticia, el subsidio de menores y otras disposiciones relacionadas con la necesidad persistente aunque transitoria de la unidad familiar. Como marxistas, los juristas estaban en la posición extraña de crear leyes que creían que pronto se convertirían en irrelevantes.”

Garantizar la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, pero especialmente trabajar en la transformación radical de todo aquello que obstaculizara la igualdad ante la vida, donde las mujeres permanecían esclavizadas en el embrutecedor trabajo doméstico, víctimas de opresivas costumbres ascentrales que era necesario arrancar de raíz de la cultura y la vida social soviéticas. Nada de esto podía resultar una tarea sencilla en medio de la guerra imperialista, la guerra civil, las sequías y hambrunas que asolaban al naciente estado obrero. Sin embargo –como señalamos en el prólogo a La mujer, el Estado y la revolución- “las dificultades no eran óbice para un pensamiento audaz de los dirigentes bolcheviques, que sobrevolaba por encima de los aprietos que imponía la realidad. (...). La vida privada era un objetivo de la revolución en curso, como si aquella otra consigna de que ‘lo personal es político’, levantada por las feministas de los años ’70, se encontrara anticipada en las ideas que el bolchevismo tenía sobre la emancipación de las mujeres.”

Ellos y ellas se atrevieron, no sólo a tomar el poder, sino a tomar el cielo por asalto, pensando nuevas formas de relaciones humanas, despojadas de la coerción, la represión, el despotismo y la mezquindad familiar. Imaginaron que el comunismo no era sólo una asociación de productores libres sino también una sociedad donde, como dijera el sociólogo Vol’fson, parafraseando a Engels, “la familia será enviada a un museo de antigüedades, donde yacerá junto a la rueca y el hacha de bronce, a la calesa, la máquina de vapor y el teléfono de cable.”

El amor en tiempos de reacción

¿Y no es acaso ese tesón y esa confianza en las ideas revolucionarias uno de los aspectos más valiosos de estas experiencias que subvirtieron la vida de millones de hombres y mujeres?


Fue necesaria la derrota de los levantamientos revolucionarios de los obreros de la moderna Europa; la persecución y el aislamiento en cárceles, campos de trabajo forzoso; fueron necesarios el exilio, los juicios fraguados y el fusilamiento de miles de estos revolucionarios para que –paradójicamente- en nombre del socialismo, se limitara el desarrollo de la socialización de los servicios de guarderías, lavaderos y comedores, para que se desenterrara el culto a la familia, para que se estableciera que el matrimonio civil era la única forma legal de unión frente al Estado, para se suprimiera la sección femenina del Comité Central del Partido Bolchevique, para que se volviera a penalizar la homosexualidad como en tiempos del zarismo y se criminalizara la prostitución, para que se prohibiera el aborto y se desacreditaran las ideas que se debatían ardientemente en los primeros años de la revolución.

La reacción stalinista no tenía nada en común con las mejores tradiciones del socialismo, que impregnaron de un espíritu profundamente libertario los primeros debates de los revolucionarios rusos. Más bien, el stalinismo era todo su contrario y miles de deportados, presos y asesinados lo atestiguaron con sus vidas.

Encabezamos el prólogo de esta obra de Wendy Z. Goldman con una frase de Trotsky que dice: “todo el que se inclina ante los hechos consumados es incapaz de preparar el porvenir.” La burocracia stalinista se inclinó ante los hechos consumados, pero pérfidamente, haciendo de la necesidad, virtud, llamó a esto, “socialismo”. Éste ha sido, quizás, el crimen más grotesco, siniestro y de consecuencias más graves para los explotados y oprimidos. Como señala Wendy Z. Goldman, contra la reacción emprendida por el stalinismo –que, en cuanto a la política familiar y la vida social no se fundaba en ninguna limitación económica, sino en condicionamientos exclusivamente ideológicos-, “la tragedia de la reversión en el campo de la ideología no fue sencillamente el haber destruido la posibilidad de un nuevo orden social revolucionario, aunque millones habían sufrido y muerto precisamente por este motivo. La tragedia fue que el partido siguió presentándose como el heredero genuino de la visión socialista original. (...). Y la tragedia más grande de todas es que las generaciones subsiguientes de mujeres soviéticas, desheredadas de los pensadores, las ideas y los experimentos generados por su propia Revolución, aprendieron a llamar a esto ‘socialismo’ y a llamar a esto ‘liberación’.”

El amor en tiempos de restauración

De esto ya no habla el libro de Wendy Z. Goldman. ¡Pero qué bueno es un libro cuando nos hace pensar sobre aquello que dice y nos abre algunas pistas sobre lo que no dice! ¿Estamos mejor o peor que en tiempos de la revolución rusa, hace casi un siglo atrás? Nunca antes, como en el período del neoliberalismo, los derechos de las mujeres, de las minorías, de la infancia, el respeto de las identidades y la libertad sexual se difundieron y cristalizaron en leyes, instituciones, organizaciones no gubernamentales, protocolos internacionales, etc. Pero paradójicamente, mientras hasta las instituciones financieras internacionales tienen sus “secretarías de género y desarrollo”, los planes económicos y las políticas neoliberales provocaron que los antiguos vejámenes contra las mujeres se convirtieran en ingentes negocios, como por ejemplo, la prostitución y la trata de mujeres para la explotación sexual, la pornografía, etc.

En el mundo contemporáneo, el capitalismo se solaza en modelos puritanos de reaccionarios y fundamentalistas, al tiempo que desarrolla el mayor mercado legal e ilegal jamás conocido para el goce ilimitado del individuo; discute y avanza sobre derechos de los más desprotegidos y, al mismo tiempo, dispone de todas las posibilidades para violarlos sistemáticamente. Propone nuevos modelos de relaciones personales, sin liquidar los prejuicios y las estructuras más arcaicas. Campañas contra el abuso infantil y liberación de las fronteras para el tráfico de niñas y niños de los países semicoloniales a las grandes metrópolis; derechos igualitarios y respeto a la diversidad que integran a ciertos excluidos a la norma, mientras en los márgenes, los que aun permanecerán excluidos siguen siendo víctimas de feroces represiones institucionales y privadas. Si hay mayor grado de libertad sexual para las mujeres, a su lado crece el comercio de la estética, el negocio de la prostitución masculina y el aliento del consumo infinito para la obtención de una imagen de perfección y eterna juventud. Si hay más derechos civiles para los homosexuales, a su lado se multiplican los negocios que incentivan el turismo, el ocio y la diversión gay-friendly basados precisamente en el mantenimiento del “ghetto”. Como señala Daniel Bensaïd en su libro Los irreductibles, “la defensa de la diferencia se reduce entonces a una tolerancia liberal represiva, simple reverso proteccionista de los intereses de los consumidores por asociaciones de la homogeneización del mercado.”

En ese océano de individuos sin individualidad, las relaciones interpersonales se degradan para convertirse en una gran farsa en la cual, como decía Alexandra Kollontai, no hay más que la satisfacción “del individualismo más grosero que caracteriza nuestra época”: el de los sujetos que tratan de huir de la soledad haciéndose creer, mutuamente, que lo son todo para el otro. En el ¿mejor? de los casos, un “individualismo de a dos”, como decía la dirigente bolchevique.

Y por casa, ¿cómo andamos?

¿Las revolucionarias y revolucionarios tenemos algo para decir sobre todo esto? Y además de lo que podríamos decir ¿podemos mostrar otras formas de relaciones interpersonales que, sin estar exentas de desgarrantes contradicciones, también prefiguren lo más libertario, profundo y sensible del futuro que ambicionamos liberado de toda opresión?

La mujer, el Estado y la revolución nos permite asomarnos a esa visión ambiciosa, creativa, rupturista, de vanguardia, de los líderes bolcheviques de hace un siglo atrás y pensar, un siglo después, si los revolucionarios de hoy somos capaces de crear un ámbito de reflexión y construcción de relaciones más libres, comprometidas y diversas que cuestionen la naturalización que hace la sociedad burguesa de la opresión de las mujeres, la discriminación de lesbianas y homosexuales, la marginación de quienes construyen otras formas de relaciones interpersonales que no se amoldan a la pareja heterosexual convencional.

El libro de Wendy Z. Goldman, más allá de ser una minuciosa y recomendable investigación histórica para quienes quieran adentrarse en los aspectos menos conocidos de la Revolución Rusa de 1917 y del proceso de reacción termidoriana del stalinismo, tiene el mérito de provocarnos un cuestionamiento más profundo de nuestras convicciones revolucionarias, para quienes creemos que no sólo de luchas sindicales o democráticas y programa político vivimos los revolucionarios. Los militantes, especialmente los jóvenes, pero también todas aquellas trabajadoras, trabajadores y estudiantes que despiertan a la vida política tienen el desafío de apropiarse de estas ideas libertarias que la revolución obrera despertó hace casi un siglo atrás, para atreverse a tomar el cielo por asalto.

domingo, 2 de enero de 2011

Violencia de género ....... un debate desde las artes.


Lirians Gordillo - Revista Mujeres.- 
La violencia de género contra la mujer constituye una problemática tradicionalmente analizada desde las ciencias sociales, la psicología, etc. Sin embargo resulta importante debatir sobre su reproducción cultural a través de los productos artísticos y culturales.

El Coloquio Tiene que haber otro modo. Representación de la violencia y contraviolencia en las artes estuvo dedicado al debate sobre las artes y la representación de la violencia de género.

Celebrado en la Sala Villena de la UNEAC, el evento dio cierre a la Jornada por la NO Violencia contra la Mujer que organiza el Grupo de Reflexión y Solidad Oscar Arnulfo Romero (OAR) con el apoyo de varias organizaciones e instituciones del país, entre ellas la UNEAC. El Coloquio Tiene que haber otro modo convocó a investigadoras, críticos y artistas de diversas manifestaciones a reflexionar sobre el arte y la cultura, su capacidad para significar, proyectar y/o deconstruir la violencia de género dentro del contexto cubano contemporáneo.

Durante la mesa ¿Re-produciendo discursos? Representación de la violencia y la contraviolencia en las artes los especialistas Danae C. Diéguez, Zaida Capote Cruz, Lirians Gordillo, Norge Espinosa y Sandra Álvarez sistematizaron las tendencias principales en la representación de la violencia, así como la existencia de discursos y narrativas que promueven otro modo de ser y ver la relación entre hombres y mujeres.



Cine, literatura, video clip, teatro, artes plásticas, música y cultura hip-hop fueron las principales manifestaciones a partir de las cuales se debatió sobre la representación de la violencia, las mediaciones en la obra de arte y cultural desde las políticas culturales, la ética, el canon artístico, el mercado y la subjetividad, entre otros.

El vínculo personal y profundamente subjetivo que se establece entre los productos artísticos y los seres humanos puede constituir el medio fundamental para la legitimación o subversión de la violencia de género.

Sin embargo, en un mundo donde nos asedian productos culturales cargados de agresividad, es posible encontrar obras que apuestan por un discurso de resistencia, en el cual la violencia constituye objeto de imputación, y no un mero recurso efectista.

Propiciar y visualizar estas miradas contribuye a fomentar un discurso contracultural, frente a las narrativas predominantes que reproducen una violencia indolente. Por ello la validez del diálogo entre creadoras Violencia de Género ¿Dónde convergen las miradas. Moderado por la investigadora y periodista Isabel Moya se reunieron artistas como Laidi Fernández de Juan, Marilyn Solaya, Miriela Moreno, Ileana Alonso, y Agnieska Hernández con el fin de compartir sus criterios, experiencias, estrategias estéticas y motivaciones a la hora de tratar el tema.

El espacio habitual Ver para creer que conduce la realizadora Magda González Grau, tuvo como invitada especial a la cineasta Belkis Vega, quien destacó el valor del cine, y en especial el documental, para la reflexión y el rescate de las historias de vida de muchas sobrevivientes de la violencia.

El arte, en todas sus manifestaciones, tiene la capacidad de provocar al otro/a, de movilizar el pensamiento y la sensibilidad. La Sala Villena de la UNEAC acogió la exposición Interna Cognición que como parte del Coloquio convocó a aristas de plástica como Ileana Alonso, Aimee García, Cirenaica Moreira, Ángel Alonso, Paulina Márquez, Lisandra Isabel García, entre otros. La muestra puso en imágenes la apuesta ética del evento, como desde la cultura se puede potenciar también un discurso crítico sobre los fenómenos sociales y de manera especial sobre el maltrato, dominio y subvaloración a los que están sometidas muchas mujeres.

Resulta evidente, entonces, la necesidad de promover espacios sistemáticos, donde el diálogo entre academia, creación artística, ciencias sociales y trabajo comunitario constituya la base para el debate acerca de la violencia de género, sus implicaciones en las vidas de hombres y mujeres, y las estrategias para subvertirla. Encuentros donde se visualice además la importante labor de las mujeres en estos ámbitos.

Conscientes de la importancia de desmontar los supuestos simbólicos sobre los que se sostiene la violencia de género, y otras discriminaciones, desde la UNEAC parece será sistemática la realización de estos y otros espacios donde siempre prime una producción cultural e intelectual reflexiva, ética y profundamente propositiva.