A propósito del cuarto aniversario del denominado Golpe de Timón
del comandante Chávez, ocurrido en la primera reunión del Consejo de
Ministros del nuevo lapso de Gobierno, el 20 de octubre de 2012; resulta
muy pertinente hacernos esta pregunta y, sobre todo, responderla.
De entrada, debemos acotar que en la transcripción oficial del MPPCI y
del PSUV sobre la referida alocución del comandante Chávez, no aparece
la frase “golpe de timón” y ni siquiera la palabra “timón”.
No obstante, dado que así fue bautizado ese
discurso, debemos asumir que un “golpe de timón”, metáfora de la
navegación, no es, como algunos y algunas asumen, un escenario,
situación u objetivo. La maniobra de “golpe de timón” alude
específicamente a una acción voluntaria que recoge el momento en que el
capitán de la embarcación decide un cambio repentino de dirección; de
allí que “golpe” implica un cierto grado de violencia, de accionar
repentino.
Hecho el cambio de rumbo, ejecutado el “golpe de timón”, transcurre
la embarcación hacia el nuevo rumbo; pero el “golpe de timón” ya ha sido
ejecutado. Queda para el análisis si el título con que fue bautizado
el discurso citado fue el más preciso.
Sí está claro que el comandante Chávez, en un notable ejercicio de
autocrítica, recalca varias veces que el nuevo lapso de Gobierno que
inauguraba debía enfocarse en la eficiencia, reconociendo que su
ejecutoria hasta ese momento no lo había sido, especialmente en el tema
económico.
Al respecto, el comandante Chávez explicaba que había dado prioridad a
lo político, como paso previo necesario en una serie de etapas
sucesivas:
“Se trata de los pasos que hemos venido
dando, por eso hablamos del tránsito, transición, etapa. Nada de esto
existía en Venezuela y nada de esto existiría en Venezuela si se
impusiera el capitalismo, que nos convertiría de nuevo en la colonia que
éramos. Por eso la revolución política es previa a la económica.
Siempre tiene que ser así: primero revolución política, liberación
política y luego viene la revolución económica.
”Son elementos que ayudan a orientar el tránsito y de eso estamos
hablando hoy, sobre la economía y cómo ahora, con el nuevo ciclo que se
abre, debemos ser más eficientes en el tránsito, en la construcción del
nuevo modelo político, económico, social, cultural, la revolución.
”Este es el gobierno revolucionario de Venezuela, ratificado por un
pueblo hace dos semanas, pero también muy criticado por un pueblo y con
razones, y estas son algunas de las razones: falta de eficiencia”.
En ese orden de ideas, y continuando con la
metáfora de la navegación, publicamos el 27-05-13 un artículo que tuvo
bastante difusión titulado “Nicolás, navegando contra el viento”,
en el cual comparábamos la acción de Gobierno en circunstancias
adversas, con el navegar de una embarcación a vela en contra del viento.
En ese artículo sostuvimos que: “Ajustes de
política económica, sí, sobre todo para aumentar la producción y
productividad en el país; pero elementos como la regulación de precios,
dinámica y con base en costos reales; la restricción de la cuenta de
Capitales de la Balanza de Pagos y la administración de la
convertibilidad de las divisas; la regulación de los canales de
distribución de bienes y el combate del monopolio y demás figuras de
abuso de posición de dominio, son aspectos indispensables para la propia
sobrevivencia del Gobierno en el presente escenario de guerra
económica”.
Igualmente, manteniendo como inamovibles los puntos arriba señalados;
y siguiendo con la metáfora naval, decíamos al presidente Maduro que:
“Resumiendo, en términos políticos y
económicos de la coyuntura actual en el país, toda la enseñanza de la
práctica marinera referida la podemos traducir en lo siguiente:
Requerimos seguir avanzando en dirección general al rumbo prefijado.
No se puede avanzar directamente contra la fuerza contraria.
Enfrentar directamente la fuerza contraria implica retroceder y hasta volcar si es de mucha magnitud.
Arriar las velas implica también retroceder.
Se puede seguir avanzando contra la fuerza
contraria, con sucesivos cambios de rumbos cercanos al rumbo prefijado,
siempre que se compensen, y la dirección resultante se mantenga
alineada con el rumbo prefijado.
Los cambios sucesivos de dirección no
deben comprometer la estabilidad de la embarcación y requieren
modificaciones que los contrarresten o que desplacen dinámicamente el
centro de gravedad, o ambas cosas.
Los cambios sucesivos, hacia babor y
estribor (izquierda y derecha con respecto al rumbo escogido) deben ser
de la menor magnitud posible, deberán ceñirse (nunca mejor usado el
término marinero) al rumbo prefijado.
Para avanzar contra la dirección de viento
se requieren cambios y ajustes en los instrumentos, arreglos y métodos;
modificar dinámicamente los equilibrios del centro de gravedad (centro
de poder, en la analogía política) de la embarcación y se requieren
frecuentes variaciones mínimas del rumbo inmediato, para mantener el
rumbo general de destino.
Aún en las condiciones más favorables, el
mejor trayecto no es el directo, sino el zigzagueante, pero ceñido al
rumbo deseado. Lenin bien dijo que el camino de una revolución no es
recto como la Perspectiva (gran avenida panorámica) Nevski, en San
Petersburgo (anterior Leningrado).
Por último, en alta mar y en plena
navegación, a veces hay que largar lastre, o someter a algún amotinado;
pero garantizar siempre el destino previsto para los pasajeros en primer
lugar, y para la tripulación.”
En conclusión, observamos que el presidente Maduro ha aplicado a
cabalidad las recomendaciones de navegación que le hicimos en ese
entonces; manteniendo el rumbo en lo esencial; pero modificando métodos e
instrumentos y haciendo ajustes permanentes en la dirección.
Exigido al máximo el Gobierno del presidente Maduro por las
circunstancias de la guerra económica en los últimos cuatro años, y ante
la acentuada caída del ingreso neto de divisas por concepto de venta de
hidrocarburos, se ha visto obligado a ejecutar, y lo hizo, el cacareado
Golpe de Timón, buscando la mayor eficiencia en el uso de los
menores recursos financieros, apoyándose en los puntos prioritarios
bautizados como los 15 motores de la economía, para disminuir
importaciones, aumentar la producción y la productividad y aumentar el
ingreso de divisas de fuentes distintas a los hidrocarburos.
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