El adecaje, como le dice mi pana Diana Ovalles a los adecos que no
tienen nada que envidiarle a quienes dicen ser chavistas y chupan o
medran del Estado metiéndole mano o lengua a todos sus vericuetos,
popularizó un adjetivo calificativo que nos ha estigmatizado por
décadas: viveza criolla. Sus orígenes los encontramos en Argentina y
Uruguay , países en los que esta expresión contempla y engloba una
especial “filosofía de vida, de querer siempre obtener alguna ventaja,
de querer siempre recorrer la línea de mínima resistencia y mayor
comodidad, la que en algunas zonas tanto de Argentina como de Uruguay se
extiende en todos los niveles socioeconómicos, priorizándose este
aspecto respecto de cuestiones éticas, morales y de principios”.
La viveza venezolana, específicamente, aparece definida en el
Diccionario del habla actual de Venezuela de Rocío Núñez y Francisco
Javier Pérez como “habilidad para aprovechar todas las situaciones y
obtener beneficios y ventajas para sí, especialmente cuando es en
detrimento de otros”. El académico Alexis Márquez Rodríguez considera,
no obstante, que esta “viveza”, definida por Núñez y Pérez, deja por
fuera a la otra acepción de la frase que describe “una actitud meramente
vivaz, vitalista, propia de un individuo ingenioso, avispado,
vivaracho, agudo, perspicaz, que actúa dentro de los límites de la
honradez y la decencia, hasta que, sin transgredir los principios
éticos, bordea peligrosamente los linderos de la indecencia, pero sin
caer en ella propiamente, lo cual ya es de por sí señal de viveza.”
Para irnos entendiendo, la “filosofía de vida” de argentinos y uruguayos
la llamaremos en este texto delincuencia criolla. Convengamos, pues,
que esa “habilidad para aprovechar todas las situaciones y obtener
beneficios y ventajas para sí, especialmente cuando es en detrimento de
otros” es una bajeza, no una viveza. Estos bandidos criollos de moral
maleable que vienen de la Cuarta, tuvieron prolífica descendencia en la
Quinta. ¿Cuál es la diferencia entre el acaparador que provocó el
estallido social en 1989 y el acaparador que mete en un galpón productos
de la cesta básica y contrata a vendedores ambulantes que trasgreden la
ley igual que sus temporales patrones? ¿Cuál es la diferencia entre el
bachaquero paciente que compra varios kilos de harina de maíz y los
vende al cuádruple de su precio y el bachaco culón que raspa su tarjeta
en el exterior y se viene con dólares que vende a diez veces su precio? A
mí me parecen la misma mierda apátrida.
Hay gente que tiene los valores y el concepto de justicia tan
trastocados que, si se detienen a analizar lo que pasa en el país con la
escasez de productos, en lugar de responsabilizar a los delincuentes
criollos contrabandistas culpan al Gobierno por cumplir el legado
chavista: subsidiar los alimentos para que los excluidos de siempre
puedan comer y sigamos mejorando nuestro índice Gini y lo que haya que
mejorar para saldar décadas de injusticias con las mayorías pobres del
país.
A juzgar por lo que vemos en la televisión, este es un país de
delincuentes vivos y coleando. Pimpinas, barriles, camiones,
carretillas, carros llenos de harina de maíz hasta en el chasis,
camionetas hasta los tequeteques de cualquier cosa que en Colombia se
pueda vender diez veces más caro… Todo eso custodiado por bachacos,
hormigas y sus buenos camioneros y gandoleros pagados por empresarios
parásitos, quienes pretenden convertir la política socialista del
Gobierno venezolano en un error que les permita encontrar su anhelada
“salida”. Pero la verdad es que esa minoría desvergonzada, con
“habilidad para aprovecharse de todas las situaciones” que buscan el
bienestar común, cuenta con el rechazo de la mayoría.
“Vivos y vivezas los hallamos en todas partes: en el Gobierno y en la
oposición; en la empresa privada; en los medios de comunicación; en la
Iglesia; en el deporte; en el medio universitario; entre los llamados
intelectuales; entre los profesionales de todas las ramas. De hecho, la
historia venezolana, tanto en el ámbito de la política como en el de la
actividad privada, ha sido la historia de los vivos y de la viveza, a la
vista de una vasta legión de pendejos, como dijera alguna vez el Dr.
Arturo Uslar Pietri, que forman el resto mayoritario de la población”,
dice Alexis Márquez Rodríguez. Sus palabras vayan adelante… de la
delincuencia criolla.
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